A prepararnos contra el terrorismo
Se dice que se sabe dónde comienza una pelea, pero nunca dónde termina. Es indiscutible que en un mundo civilizado, la diplomacia juega un papel preponderante para evitar enfrentamientos que a la postre, quienes triunfen saldrán igualmente derrotados. ¿Se puede llamar civilizados a extremistas que por su fanatismo y credo no perdonan la vida humana y que festejan con el dolor que causan a sus semejantes?.
Lo ocurrido en los Estados Unidos de Norte América no tiene parangón con nada en la historia moderna. Usar civiles en vuelos comerciales y sacrificarlos conjuntamente con los que siguiendo consignas, posiblemente religiosas, para cumplir su cometido, no tiene perdón ante los ojos de Dios, ni de la humanidad consciente, que mira con asombro todo lo acontecido.
Cuando se habla de buscar fórmulas pacifistas, porque una guerra contra un enemigo invisible acabará con existencia humana, es razonable. Sin embargo, los que opinan por actuar en esa línea, deben pensar muy bien lo que dicen. Nos condolemos del dolor ajeno, como humanos que somos, pero cuando se nos toque a un hijo, a nuestra madre o nuestro padre, hermano o pariente muy cercanos, es insensato que pensemos que no se debe actuar. El ser humano perdona, pero no olvida. Así vemos que el pueblo norteamericano está pidiendo con sobrada razón la guerra, a sabiendas que las consecuencias pueden ser funestas.
El terrorismo extremista seguirá su curso y todos en el orbe estamos amenazados, igual que sucedió en la Segunda Guerra Mundial. Pensar que nuestro pequeño país está exento de caer en esta desgracia es utópico y muy lírico creer que si nos declaramos neutrales, nos van a perdonar. El Canal de Panamá, hoy en nuestras manos, es vulnerable como cualquier objetivo armado. Igualmente nuestros aeropuertos y puertos marítimos; necesitamos cooperación de las potencias para defenderlos. No seamos ilusos pensando que con cuatro gatos armados podemos cumplir con este cometido.
Si los norteamericanos, que son la potencia más grande en el mundo, han solicitado el de la OTAN, ¿Por qué decir que nosotros no necesitamos ayuda?.
Mi opinión puede ser tergiversada, pero es tiempo que pongamos los pies sobre la tierra y nos dejemos de nimiedades. Una cosa fue la guerra fría y otra la que tenemos a la vuelta de la esquina. Estamos en el ojo de la tormenta y no es posible que nuestra población civil indefensa sea víctima de la imprevisión. El peligro que se cierne sobre las ciudades de Panamá y Colón es de tantas proporciones que debemos estar preparados. Se deben construir comités civiles de defensa, para cualquier eventualidad. Hospitales, ambulancias, Cruz Roja, médicos, paramédicos, enfermeras, bomberos, policías y todas las organizaciones cívicas y religiosas deben encabezar estos grupos, que conjuntamente con las instituciones del estado, velen por la seguridad nacional. Es hora de actuar.
Lo ocurrido en los Estados Unidos de Norte América no tiene parangón con nada en la historia moderna. Usar civiles en vuelos comerciales y sacrificarlos conjuntamente con los que siguiendo consignas, posiblemente religiosas, para cumplir su cometido, no tiene perdón ante los ojos de Dios, ni de la humanidad consciente, que mira con asombro todo lo acontecido.
Cuando se habla de buscar fórmulas pacifistas, porque una guerra contra un enemigo invisible acabará con existencia humana, es razonable. Sin embargo, los que opinan por actuar en esa línea, deben pensar muy bien lo que dicen. Nos condolemos del dolor ajeno, como humanos que somos, pero cuando se nos toque a un hijo, a nuestra madre o nuestro padre, hermano o pariente muy cercanos, es insensato que pensemos que no se debe actuar. El ser humano perdona, pero no olvida. Así vemos que el pueblo norteamericano está pidiendo con sobrada razón la guerra, a sabiendas que las consecuencias pueden ser funestas.
El terrorismo extremista seguirá su curso y todos en el orbe estamos amenazados, igual que sucedió en la Segunda Guerra Mundial. Pensar que nuestro pequeño país está exento de caer en esta desgracia es utópico y muy lírico creer que si nos declaramos neutrales, nos van a perdonar. El Canal de Panamá, hoy en nuestras manos, es vulnerable como cualquier objetivo armado. Igualmente nuestros aeropuertos y puertos marítimos; necesitamos cooperación de las potencias para defenderlos. No seamos ilusos pensando que con cuatro gatos armados podemos cumplir con este cometido.
Si los norteamericanos, que son la potencia más grande en el mundo, han solicitado el de la OTAN, ¿Por qué decir que nosotros no necesitamos ayuda?.
Mi opinión puede ser tergiversada, pero es tiempo que pongamos los pies sobre la tierra y nos dejemos de nimiedades. Una cosa fue la guerra fría y otra la que tenemos a la vuelta de la esquina. Estamos en el ojo de la tormenta y no es posible que nuestra población civil indefensa sea víctima de la imprevisión. El peligro que se cierne sobre las ciudades de Panamá y Colón es de tantas proporciones que debemos estar preparados. Se deben construir comités civiles de defensa, para cualquier eventualidad. Hospitales, ambulancias, Cruz Roja, médicos, paramédicos, enfermeras, bomberos, policías y todas las organizaciones cívicas y religiosas deben encabezar estos grupos, que conjuntamente con las instituciones del estado, velen por la seguridad nacional. Es hora de actuar.