Presencia de la Universidad de Panamá (1935-2000)
Con motivo de la inauguración de la Universidad de Panamá -creada en la administración del presidente Harmodio Arias Madrid- en la nota editorial de El Panamá América del 29 de septiembre de 1935, expresaba el Dr. Octavio Méndez Pereira: "La inauguración de la Universidad Nacional que se efectuará el 7 de octubre próximo es uno de los actos más trascendentales, sin duda, que se han efectuado en la vida cultural de Panamá, por lo que él significa para la educación de nuestra juventud". Hoy día, al cumplirse 65 años de aquel acontecimiento, aún siguen teniendo vigencia las palabras del Maestro de la Juventud Panameña.
El sexagésimo quinto aniversario de la Universidad de Panamá nos ofrece la oportunidad para meditar sobre el papel del quehacer universitario en el momento actual, o para decirlo más exactamente, sobre la configuración de la Universidad de nuestro tiempo. Si una Universidad puede dar una mirada retrospectiva a su historia seis veces decenaria, si puede ser reconocida sin reparo alguno, fiel a sí misma en su todavía corto camino histórico, desde sus comienzos en las aulas del Instituto Nacional hasta su sede actual, la Ciudad Universitaria "Octavio Méndez Pereira", pasando por no pocas dificultades, esto ha sido posible porque, además de haber sabido guardar toda la tradición mística de su fundadores, se ha transformado en el transcurso de las décadas, y porque ha intentado siempre adaptarse a cada situación de la vida o, como diríamos hoy con más acierto, a las condiciones exigidas por la sociedad concreta.
Antes de continuar, sin embargo, debemos presentar una excusa. Desde hace algunos años nos encontramos más alejados de la vida universitaria de lo que tuvimos en otros tiempos anteriores. No hemos tomado parte enteramente activa en la vida de ésa, ni hemos experimentado de un modo directo las preocupaciones y necesidades de la Universidad de Panamá. Por ello, debemos considerar la Universidad de Panamá desde una cierta distancia: pero acaso desde esta lejanía, mejor que desde la vecindad a ella, podemos nosotros conocer más exactamente las proporciones, la relativa importancia de cada uno de sus fenómenos. De todos modos trataremos de hacer esa tentativa en las reflexiones siguiente.
Hoy, como ayer, con motivo de cualquier conflicto doméstico surgido en el seno de una de nuestras facultades, el problema de la reforma de la Universidad ha cobrado una singular actualidad. Los 20 últimos años, como la constata la historia reciente, constituyen un sostenido reclamo por la reforma fundamental de la Universidad de Panamá. La agitación estudiantil durante esos cuatro lustros se ha alimentado de esa magna preocupación, y es muy posible que si el fervor de las últimas generaciones de universitarios no se hubiese desviado tras el revoloteo de las serpentinas, y su solidaridad gremial no se hubiese quebrantado por una prematura intervención en la política criolla y sectaria, y esta hora esa juventud llevaría muy adelantada la obra iniciada por Octavio Méndez Pereira en 1935. La juventud de los últimos años no estaba convencida de que la reforma de la educación nacional constituía por sí misma la bandera de una política más alta y trascendental que la que se empeña para conquistar efímeras posiciones electorales.
Es de desear que los universitarios retornen al campo de la lucha reformista, es preciso que su regreso sea el síntoma de la continuación de las viejas gloriosas jornadas. La juventud de la Universidad está haciendo falta en el actual momento de la vida panameña; su aporte es preciso como contribución de entusiasmo; pero debe serlo también como contingente de iniciativas inteligentes y levantadas. En realidad, ante el gran prospecto de reformas de que se halla urgida la Universidad de Panamá, el concurso de un movimiento estudiantil vigoroso, con su cortejo de noble propósito de buen sentido, contribuiría en mucho al logro de los objetivos deseados.
Por otra parte, se hace necesario tratar de las repercusiones muy inmediatas, nacidas en la vida de la Universidad de Panamá, por el hecho de que en ésta hayan de enseñarse las ciencias modernas en cuanto a las naturales, sociales y políticas, porque la tarea de investigación respecto a estas ciencias se realiza en proporciones considerables dentro de la Universidad porque la dotación de ésta ha llegado a ser muy costosa a causa de las nuevas ramas derivadas de esas ciencias. Y finalmente, debemos destacar que lo más importante para la vida de la Universidad de Panamá, es el restablecimiento de un clima de confianza entre profesores y estudiantes. De ello depende mucho la calidad de la enseñanza universitaria que se imparte, como es natural.
También compete a la Universidad, y es una de sus responsabilidades fundamentales, el estrechar las relaciones humanas, las que parecen extinguirse a causa de la actividad política de los credos ideológicos tal vez de la tecnificación y prosperidad, contra las que con toda razón se rebela la juventud estudiantil. Este es un aspecto en el cual hay que insistir, porque no solamente el abuso en el uso de la fuerza, en la técnica de armamentos, causa catástrofes males a la humanidad. También existe un peligroso abuso o manipulación de la psicología o actitud sectaria. Con esto abordamos la cuestión sobre el valor de la libertad.
En nuestra Universidad, la democracia debe significar ya no solamente una colección de normas políticas en juego, sino una actitud de vida, que empieza por aceptar plenamente el valor de los otros, tomarle humanamente en serio, y buscar la solución con él, no contra él.
Es este nuestro mensaje resumido, pero no menos sentido, el cual dedicamos a nuestra Máxima Casa de Estudios, la Universidad de Panamá, al cumplirse en esta fecha el sexagésimo quinto aniversario de su fundación.
El sexagésimo quinto aniversario de la Universidad de Panamá nos ofrece la oportunidad para meditar sobre el papel del quehacer universitario en el momento actual, o para decirlo más exactamente, sobre la configuración de la Universidad de nuestro tiempo. Si una Universidad puede dar una mirada retrospectiva a su historia seis veces decenaria, si puede ser reconocida sin reparo alguno, fiel a sí misma en su todavía corto camino histórico, desde sus comienzos en las aulas del Instituto Nacional hasta su sede actual, la Ciudad Universitaria "Octavio Méndez Pereira", pasando por no pocas dificultades, esto ha sido posible porque, además de haber sabido guardar toda la tradición mística de su fundadores, se ha transformado en el transcurso de las décadas, y porque ha intentado siempre adaptarse a cada situación de la vida o, como diríamos hoy con más acierto, a las condiciones exigidas por la sociedad concreta.
Antes de continuar, sin embargo, debemos presentar una excusa. Desde hace algunos años nos encontramos más alejados de la vida universitaria de lo que tuvimos en otros tiempos anteriores. No hemos tomado parte enteramente activa en la vida de ésa, ni hemos experimentado de un modo directo las preocupaciones y necesidades de la Universidad de Panamá. Por ello, debemos considerar la Universidad de Panamá desde una cierta distancia: pero acaso desde esta lejanía, mejor que desde la vecindad a ella, podemos nosotros conocer más exactamente las proporciones, la relativa importancia de cada uno de sus fenómenos. De todos modos trataremos de hacer esa tentativa en las reflexiones siguiente.
Hoy, como ayer, con motivo de cualquier conflicto doméstico surgido en el seno de una de nuestras facultades, el problema de la reforma de la Universidad ha cobrado una singular actualidad. Los 20 últimos años, como la constata la historia reciente, constituyen un sostenido reclamo por la reforma fundamental de la Universidad de Panamá. La agitación estudiantil durante esos cuatro lustros se ha alimentado de esa magna preocupación, y es muy posible que si el fervor de las últimas generaciones de universitarios no se hubiese desviado tras el revoloteo de las serpentinas, y su solidaridad gremial no se hubiese quebrantado por una prematura intervención en la política criolla y sectaria, y esta hora esa juventud llevaría muy adelantada la obra iniciada por Octavio Méndez Pereira en 1935. La juventud de los últimos años no estaba convencida de que la reforma de la educación nacional constituía por sí misma la bandera de una política más alta y trascendental que la que se empeña para conquistar efímeras posiciones electorales.
Es de desear que los universitarios retornen al campo de la lucha reformista, es preciso que su regreso sea el síntoma de la continuación de las viejas gloriosas jornadas. La juventud de la Universidad está haciendo falta en el actual momento de la vida panameña; su aporte es preciso como contribución de entusiasmo; pero debe serlo también como contingente de iniciativas inteligentes y levantadas. En realidad, ante el gran prospecto de reformas de que se halla urgida la Universidad de Panamá, el concurso de un movimiento estudiantil vigoroso, con su cortejo de noble propósito de buen sentido, contribuiría en mucho al logro de los objetivos deseados.
Por otra parte, se hace necesario tratar de las repercusiones muy inmediatas, nacidas en la vida de la Universidad de Panamá, por el hecho de que en ésta hayan de enseñarse las ciencias modernas en cuanto a las naturales, sociales y políticas, porque la tarea de investigación respecto a estas ciencias se realiza en proporciones considerables dentro de la Universidad porque la dotación de ésta ha llegado a ser muy costosa a causa de las nuevas ramas derivadas de esas ciencias. Y finalmente, debemos destacar que lo más importante para la vida de la Universidad de Panamá, es el restablecimiento de un clima de confianza entre profesores y estudiantes. De ello depende mucho la calidad de la enseñanza universitaria que se imparte, como es natural.
También compete a la Universidad, y es una de sus responsabilidades fundamentales, el estrechar las relaciones humanas, las que parecen extinguirse a causa de la actividad política de los credos ideológicos tal vez de la tecnificación y prosperidad, contra las que con toda razón se rebela la juventud estudiantil. Este es un aspecto en el cual hay que insistir, porque no solamente el abuso en el uso de la fuerza, en la técnica de armamentos, causa catástrofes males a la humanidad. También existe un peligroso abuso o manipulación de la psicología o actitud sectaria. Con esto abordamos la cuestión sobre el valor de la libertad.
En nuestra Universidad, la democracia debe significar ya no solamente una colección de normas políticas en juego, sino una actitud de vida, que empieza por aceptar plenamente el valor de los otros, tomarle humanamente en serio, y buscar la solución con él, no contra él.
Es este nuestro mensaje resumido, pero no menos sentido, el cual dedicamos a nuestra Máxima Casa de Estudios, la Universidad de Panamá, al cumplirse en esta fecha el sexagésimo quinto aniversario de su fundación.