Presente y futuro
Luego del inicio del nuevo gobierno, decidí, a propósito, bajar el nivel de opinión pública con el genuino interés de no opinar por un buen tiempo sobre la nueva administración, ya que sabía, como lo sabían muchos otros, que la gestión no sería fácil y que a todos nos preocupa e inquieta que el país, como un todo, se estanque en lo económico, lo político o se deteriore en su nivel de gobernabilidad. Fui testigo de los esfuerzos en torno a la elección de la Asamblea, así como de las consideraciones políticas que lo motivaron e hicieron realidad. También he sido testigo del pobre valor político que a ese acuerdo se le ha dado, en términos de la manera como se ha administrado el mismo. Tampoco me sorprendería que el mismo muera en su aniversario, so pretexto de que es mejor gobernar con el PRD que con los demás grupos políticos que componen la Asamblea, dada la relación de éstos con el Ing. Alberto Vallarino o quien sabe cual otra razón. En realidad, si en algo radica mi calma personal es, precisamente, en que nada de lo que está pensando me sorprende.
La actual situación, además de preocupante, puede convertirse, si no se corrige rumbo a tiempo, en un mar de problemas profundos que pueden generar grados impredecibles de ingobernabilidad, en sus distintas facetas. La administración de un país, así como es de compleja, es de perceptible. Con esto quiero decir que no importa, para el común de la gente los esfuerzos que se hacen, lo que cuenta es la percepción que se tiene sobre el manejo de los mismos. Los que trabajamos en la Administración Endara podemos dar fe de ello. La mayoría de las personas con quien uno conversa, de distintos niveles y grupos aprovechan para obligadamente referirse a la situación política, quizás porque piensan que uno sabe algo que ellos no o que uno puede aclarar algunas cosas que no parecen hacer mucho sentido. En realidad, hay preocupación generalizada sobre el rumbo del país y eso es innegable.
El 1 de septiembre de 1999, publiqué un artículo al cual denominaré "El Principio y el final". En él me referí al momento del cambio de gobierno. Hice personajes reflexiones en torno a lo que significó el final de la pasada administración y lo que, a mi juicio, serían los grandes retos y expectativas de la nueva gestión gubernamental. Sigo pensando, como lo expresé entonces, que "es la definición de nuestro futuro lo que tienen entre manos quienes ese día empezaron. Visión de futuro o retroceso al pasado, parece ser un dilema que traerá grandes interrogantes, pero la decisión en torno a una u otra posición producirá profundos efectos". Igualmente decía que "grandes retos identifican su gestión -refiriéndome a la de la señora Presidenta- y muchas promesas electorales quizás terminen por hacerla prisionera de sus decisiones" ... "He allí lo peligroso de prometer ante lo desconocido". Sobre esto, ya hemos visto hechos diversos aún por definirse.
Las reflexiones de entonces, cobran vigencia hoy. El día a día parece imponerse a la planificación del mediano y largo plazo. Las críticas constructivas que distintos sectores han hecho sobre temas fundamentales, se dejan pasar sin mayor atención. La experiencia del debate sobre el Fondo Fiduciario es quizás el ejemplo que mejor ilustra lo antes dicho. La sociedad entera se opone a la propuesta del gobierno, tal y como la plantearon, pero la propaganda avanza como si nada estuviera pasando, la misma propaganda que se le criticaba al gobierno anterior, con la única e importante diferencia que antes, los oídos sordos y la prepotencia taurina contaban con los votos en la Asamblea, cosa que no sucede en la actualidad. Entonces, ¿qué se persigue? O, si no, se cuestiona la propuesta de Alberto Vallarino, no en el fondo, sino por el protagonismo que tuvo, a pesar de que jamás se ocultó el hecho de que Alberto Vallarino asistiría a la Asamblea, ya que si hay un tema del que, por responsabilidad ciudadana, él no podía marginarse de opinar, era éste. Yo participé en la reunión con dos ministros y dos asesores y este aspecto se les informó cuando en privado y en extenso se les planteó la propuesta financiera. Además, opinar sobre temas públicos conlleva un alto componente de protagonismo político; total, es tema político gran parte del accionar de un gobierno.
Pronto se inicia el octavo mes de gestión gubernamental. Ya, en muchas cosas, son historia y la culpa al pasado, cada vez, suena a excusa pobre. Debieran hacer un gran esfuerzo para detener el deterioro galopante del gobierno. Con sólo ocho meses, a veces parecen un gobierno de tres años. Esto no le conviene a nadie, si de verdad se piensa en el interés general. Grandes problemas estructurales e integrales siguen afectando al país y las eventuales soluciones siguen en el tintero esperando que el tiempo las resuelva solas o que las crisis dominen el escenario. Los problemas de seguridad, de administración de justicia, de marginalidad, de pobreza, desempleo, por citar algunos, siguen allí, sólo que aumentándose. Igual pasa con temas importantes relativos a ciertos eventuales compromisos financieros internacionales en torno a entidades vitales como la CSS e IDAAN y otras no tanto como el BDA, BHN o el Aeropuerto. En fin, es hora de pensar en el país, que se pase del discurso bien leído y del corte de cinta intrascendente a la agenda nacional, con el concurso de todos, políticos y sociedad civil. Soy un optimista creyente en el futuro de Panamá si hacemos bien las cosas. La nueva realidad que nos brinda el ser el país dueño del Canal y el aprovechamiento de esa Región Interoceánica, sigue esperando decisiones grandes y prometedoras. Es tiempo de concertar, con desprendimiento, sin regatearle al gobierno su única y ganada oportunidad de gobernar. Para aportar no hace falta ser gobierno. Es esa quizás la diferencia entre el civismo bien entendido y el oportunismo evidente que es lo que nos tiene como estamos. El derecho a gobernar se gana con votos y bienvenidos quienes aspiren a ello; sin embargo, el aporte al que me refiero es el que redunda en el interés común, del que mucho se habla, pero poco se atiende. Este, debe ser un compromiso de todos.
El título de mis reflexiones de hoy gira precisamente en torno a lo que estamos debatiendo. Vivir en un presente intrascendente o vivir en un presente para labrar un destino común y prometedor que forje el futuro que Panamá y los panameños se merecen. El "politics as usual" está acabando con varios de nuestros vecinos. Las instituciones han perdido tanta credibilidad y legitimidad que se están convocando consultas populares para acabar con ellas y reinventar la rueda. Pero, pregunto yo, ¿con los mismos actores? Considero que los actuales son tiempos de grandes decisiones para resolver grandes problemas. El ganar tiempo será un grave error en el corto plazo.
Deseo terminar, con un párrafo de mi artículo del 1 de septiembre: "El cambio prometido en campaña, es ahora la gran demanda en el terreno de los hechos, sobre todo en los mayoritarios sectores populares que son y serán la impaciente base política de la presidenta Moscoso. Ellos esperan soluciones con acciones mágicas y demandarán breves períodos de espera para valorar lo dicho y lo hecho. Muchas esperanzas en medio de muchas limitaciones económicas. Es un dilema, pero también una insoslayable realidad".
Señores del gobierno, pongan atención al país y realicen el golpe de timón que todos con sincero deseo esperamos que hagan. Sería lamentable no tenderlo, ya que este país nos pertenece a todos y nadie, en su sano juicio, puede querer hacer politiquería y coadyuvar al agravamiento de la situación, para luego aspirar llegar al poder para administrar un país en decadencia. Por lo menos, esa no es la visión de nuestro grupo político. El 2004 está aún lejos y tiempo habrá para vernos de nuevo en la arena electoral. Por ahora, y por unos buenos años, se impone el trabajo coherente e integral. Si no se entiende así, será complicado avanzar con estabilidad.
La actual situación, además de preocupante, puede convertirse, si no se corrige rumbo a tiempo, en un mar de problemas profundos que pueden generar grados impredecibles de ingobernabilidad, en sus distintas facetas. La administración de un país, así como es de compleja, es de perceptible. Con esto quiero decir que no importa, para el común de la gente los esfuerzos que se hacen, lo que cuenta es la percepción que se tiene sobre el manejo de los mismos. Los que trabajamos en la Administración Endara podemos dar fe de ello. La mayoría de las personas con quien uno conversa, de distintos niveles y grupos aprovechan para obligadamente referirse a la situación política, quizás porque piensan que uno sabe algo que ellos no o que uno puede aclarar algunas cosas que no parecen hacer mucho sentido. En realidad, hay preocupación generalizada sobre el rumbo del país y eso es innegable.
El 1 de septiembre de 1999, publiqué un artículo al cual denominaré "El Principio y el final". En él me referí al momento del cambio de gobierno. Hice personajes reflexiones en torno a lo que significó el final de la pasada administración y lo que, a mi juicio, serían los grandes retos y expectativas de la nueva gestión gubernamental. Sigo pensando, como lo expresé entonces, que "es la definición de nuestro futuro lo que tienen entre manos quienes ese día empezaron. Visión de futuro o retroceso al pasado, parece ser un dilema que traerá grandes interrogantes, pero la decisión en torno a una u otra posición producirá profundos efectos". Igualmente decía que "grandes retos identifican su gestión -refiriéndome a la de la señora Presidenta- y muchas promesas electorales quizás terminen por hacerla prisionera de sus decisiones" ... "He allí lo peligroso de prometer ante lo desconocido". Sobre esto, ya hemos visto hechos diversos aún por definirse.
Las reflexiones de entonces, cobran vigencia hoy. El día a día parece imponerse a la planificación del mediano y largo plazo. Las críticas constructivas que distintos sectores han hecho sobre temas fundamentales, se dejan pasar sin mayor atención. La experiencia del debate sobre el Fondo Fiduciario es quizás el ejemplo que mejor ilustra lo antes dicho. La sociedad entera se opone a la propuesta del gobierno, tal y como la plantearon, pero la propaganda avanza como si nada estuviera pasando, la misma propaganda que se le criticaba al gobierno anterior, con la única e importante diferencia que antes, los oídos sordos y la prepotencia taurina contaban con los votos en la Asamblea, cosa que no sucede en la actualidad. Entonces, ¿qué se persigue? O, si no, se cuestiona la propuesta de Alberto Vallarino, no en el fondo, sino por el protagonismo que tuvo, a pesar de que jamás se ocultó el hecho de que Alberto Vallarino asistiría a la Asamblea, ya que si hay un tema del que, por responsabilidad ciudadana, él no podía marginarse de opinar, era éste. Yo participé en la reunión con dos ministros y dos asesores y este aspecto se les informó cuando en privado y en extenso se les planteó la propuesta financiera. Además, opinar sobre temas públicos conlleva un alto componente de protagonismo político; total, es tema político gran parte del accionar de un gobierno.
Pronto se inicia el octavo mes de gestión gubernamental. Ya, en muchas cosas, son historia y la culpa al pasado, cada vez, suena a excusa pobre. Debieran hacer un gran esfuerzo para detener el deterioro galopante del gobierno. Con sólo ocho meses, a veces parecen un gobierno de tres años. Esto no le conviene a nadie, si de verdad se piensa en el interés general. Grandes problemas estructurales e integrales siguen afectando al país y las eventuales soluciones siguen en el tintero esperando que el tiempo las resuelva solas o que las crisis dominen el escenario. Los problemas de seguridad, de administración de justicia, de marginalidad, de pobreza, desempleo, por citar algunos, siguen allí, sólo que aumentándose. Igual pasa con temas importantes relativos a ciertos eventuales compromisos financieros internacionales en torno a entidades vitales como la CSS e IDAAN y otras no tanto como el BDA, BHN o el Aeropuerto. En fin, es hora de pensar en el país, que se pase del discurso bien leído y del corte de cinta intrascendente a la agenda nacional, con el concurso de todos, políticos y sociedad civil. Soy un optimista creyente en el futuro de Panamá si hacemos bien las cosas. La nueva realidad que nos brinda el ser el país dueño del Canal y el aprovechamiento de esa Región Interoceánica, sigue esperando decisiones grandes y prometedoras. Es tiempo de concertar, con desprendimiento, sin regatearle al gobierno su única y ganada oportunidad de gobernar. Para aportar no hace falta ser gobierno. Es esa quizás la diferencia entre el civismo bien entendido y el oportunismo evidente que es lo que nos tiene como estamos. El derecho a gobernar se gana con votos y bienvenidos quienes aspiren a ello; sin embargo, el aporte al que me refiero es el que redunda en el interés común, del que mucho se habla, pero poco se atiende. Este, debe ser un compromiso de todos.
El título de mis reflexiones de hoy gira precisamente en torno a lo que estamos debatiendo. Vivir en un presente intrascendente o vivir en un presente para labrar un destino común y prometedor que forje el futuro que Panamá y los panameños se merecen. El "politics as usual" está acabando con varios de nuestros vecinos. Las instituciones han perdido tanta credibilidad y legitimidad que se están convocando consultas populares para acabar con ellas y reinventar la rueda. Pero, pregunto yo, ¿con los mismos actores? Considero que los actuales son tiempos de grandes decisiones para resolver grandes problemas. El ganar tiempo será un grave error en el corto plazo.
Deseo terminar, con un párrafo de mi artículo del 1 de septiembre: "El cambio prometido en campaña, es ahora la gran demanda en el terreno de los hechos, sobre todo en los mayoritarios sectores populares que son y serán la impaciente base política de la presidenta Moscoso. Ellos esperan soluciones con acciones mágicas y demandarán breves períodos de espera para valorar lo dicho y lo hecho. Muchas esperanzas en medio de muchas limitaciones económicas. Es un dilema, pero también una insoslayable realidad".
Señores del gobierno, pongan atención al país y realicen el golpe de timón que todos con sincero deseo esperamos que hagan. Sería lamentable no tenderlo, ya que este país nos pertenece a todos y nadie, en su sano juicio, puede querer hacer politiquería y coadyuvar al agravamiento de la situación, para luego aspirar llegar al poder para administrar un país en decadencia. Por lo menos, esa no es la visión de nuestro grupo político. El 2004 está aún lejos y tiempo habrá para vernos de nuevo en la arena electoral. Por ahora, y por unos buenos años, se impone el trabajo coherente e integral. Si no se entiende así, será complicado avanzar con estabilidad.