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Presidenta se niega a rendir cuenta


La Presidenta de la República se niega a informar, contrario a lo que indica una conducta transparente, sobre los gastos realizados por más de 23 millones de balboas de las partidas discrecionales que maneja a su entera voluntad. Su negativa obedece, según ella misma lo ha declarado, a que todo reclamo en ese sentido, de parte de la Defensoría del Pueblo, del Fiscal Electoral y de la ciudadanía, se debe a que ese tema "se esta manejando políticamente". Sin embargo, por otra parte, la presidenta también declara con desfachatez inaudita que dedicará los siete días de las semanas próximas a las elecciones, para hacer política a favor de los candidatos de su partido y de su simpatía, en abierta violación del artículo 130 de la Constitución Nacional. ¡Cuánta demostración de prepotencia e ignorancia!
Mientras tanto, el ciudadano y la ciudadana común, como miembros de la sociedad panameña, aún siguen interesados en que la presidenta Moscoso y las ministras y ministros de su gabinete portátil, lleven a cabo una gestión fecunda. A ese fin desean que la señora Moscoso y su Gabinete no tropiecen con más dificultades que las inevitables y no multipliquen aquéllas con las que a sí mismos se creen.
La primera condición para ello es que la presidenta y sus ministros(as) actuales no olviden en ningún momento su origen. Nacieron al cargo que ocupan en virtud de la voluntad popular. No pueden gobernar, por lo mismo, para favorecer a unos cuantos "clanes familiares", como lamentablemente lo han venido haciendo, en contra del bien común. A la mandataria Moscoso se le ha dicho reiteradamente, por diversos medios, que el entusiasmo de las amigas y amigos íntimos puede servir para encumbrarla políticamente, para darle vida una hora. Pero no basta para que gobierne.
Los panameños y panameñas durante este último lustro (1999-2004) han sido obligados a asumir un talante de irrespetuosidad hacia el gobierno, porque las mujeres y los hombres que lo integran han hecho imposible todo anhelo de respeto germinante en ellos. Los discursos que oímos, los escritos que de ellos leemos, manifiestan una cínica resolución de enfrentarse con el sentido común.
Suelen ser palabras y frases inanes, absurdas, exentas de contenido, como nacidas en cerebros paralíticos.
Los panameños y panameñas, nobles y generosos, que gozan de un alma delicada se sienten reiteradamente ofendidos al advertir en las gesticulaciones de los que detentan el poder la suposición de que la gente del pueblo a quienes se dirigen forman una sociedad de idiotas. Un fondo de conciencia étnica hace brotar en los labios del hombre y la mujer panameños la maldición contra los que hoy nos desgobiernan (mujeres y hombres frívolos) que han segado en sus corazones el amor a la patria y han dejado un vacío, sin respeto in esperanza. Porque la aspiración de los nacionales siempre ha sido respetar a las autoridades constituidas, pero la presidenta Moscoso y sus ministras y ministros se han empeñado en ponerle estorbo al logro de esta aspiración.
Por encima de todo esto, señora presidenta, que no son los medios de comunicación los que han mezclado en politiquería al Ejecutivo, sino el Ejecutivo quien libérrimamente se ha mezclado en la politiquería. Ha cumplido actos politiqueros, ha convertido la educación nacional en un completo "desastre", ha dado al viento manifiestos y entrevistas generalmente callejeras. De esa intervención politiquera se ha caracterizado el ambiente panameño en los últimos cinco años. Sobre esa intervención gravita hoy casi íntegra la existencia nacional. ¿Le parece serio a la señora presidenta que no se hable de eso? Pero, dejemos a ellos las prebendas, el nepotismo, la corrupción y su negativa enfermiza a la transparencia.
En realidad, no vale la pena insistir en pedirle a este desgobierno mireyista que rectifique su conducta oficial. Además, ¡ya solamente faltan cuatro meses para que finalice su infortunado desgobierno! Ahora bien, la cultura de un espíritu se mide por su distancia de los razonamientos mostruosos. Por ejemplo, el oso también tiene su política: la política de la pata del oso. Para espantar la mosca que ofende la mejilla del hombre amigo, el oso aplasta la cabeza del hombre.
Presidenta Moscoso: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!

101 años de Panamá América

 
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