Presidenta: urge gobernar en democracia
En un sentido amplio, la democracia es el deseo del hombre y la mujer tanto por su independencia y libertad cuanto por su seguridad. Por eso lucharon nuestros antepasados y nosotros, en su ejemplo, luchamos por la democracia, que debe ser la norma general de la conducta del Estado panameño y de la vida porque sólo ella es expresión del respeto a la dignidad del hombre y la mujer y a sus propias responsabilidades. Por eso también rechazamos toda clase de poder totalitario y arbitrario, porque éstos desprecian la dignidad del hombre y la mujer, anulan su libertad y quebrantan el derecho. La democracia se ha desarrollado como consecuencia del reconocimiento de que, "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". No está de más recordar al gobierno de la presidenta Moscoso, que la vigencia de la democracia exige que el sistema político esté estructurado de manera que los diferentes sectores sociales tengan participación efectiva y constante en los organismos de decisión política en todos los niveles, mediante mecanismos adecuados de organización que les permita contribuir al desarrollo económico y social en beneficio de todos.
Hoy día, más que nunca en lo más profundo de la conciencia del pueblo panameño, anida la convicción de que el acto de gobernar pertenece a los mejores, y una sociedad libre no consciente ni el mandato exclusivo del dinero ni el mandato exclusivo de la política; tampoco un enriquecimiento brutal ni una dirigencia política igualmente brutal. Dada la realidad política y social actuales, se impone una urgencia que el gobierno arnulfista defina una vez por todas sus políticas frente al Estado democrático que dice representar hasta el 2004. Pero se debe tener fundamentalmente en cuenta que en el Estado democrático todo poder debe someterse al control público (no se puede gobernar en democracia mediante artimañas clandestinas).
El interés de la comunidad nacional está sobre los intereses particulares y de pequeños grupos privilegiados. En la economía y en la sociedad determinadas por el afán de lucro y de fuerza están en peligro la democracia, la seguridad social y la libre personalidad. La experiencia vivida durante los años del régimen de la autocracia, sumada a la no menos decepcionante causada por el gobierno actual, obliga a los panameños a unirse en el propósito común de un nuevo orden político, económico y social. Es decir, hacia un verdadero régimen de gobierno democrático y nacionalista: esa es la alternativa que más conviene a Panamá. Además, los panameños sabemos que la Nación estará urgida en todo tiempo de inteligencias dirigentes, de espíritu disciplinarios, de profesionales expertos, de hombres y mujeres de empresa que comprendan panorámicamente las necesidades del país.
La democracia da a todos las mismas posibilidades, mas establece rigurosamente jerarquías por méritos, y exige clamorosamente que ellas sean respetadas. La más alta de las jerarquías corresponde, dentro del espíritu democrático, a quienes habiendo disciplinado su inteligencia y su voluntad en severos estudios, logran sobresalir por la excelsitud de su carácter y la pulcritud de su vida pública y privada. La democracia, en suma, es mutuo respeto, es categoría humana, es concepto claro de jerarquía de los valores. No es únicamente una forma de estructura política, sino un método de vida estable.
En lo que respecta a la política educativa, por ejemplo, aunque se ha establecido que la nueva estrategia del desarrollo tiene como uno de sus fundamentos básicos la modernización de la educación, el Gobierno de "Unión por Panamá", no demuestra el entusiasmo ni la disposición necesarios para hacerla realidad, a pesar de que, mediante el pasado "Diálogo por la educación" se llegó a lo que ahora llaman acuerdo "consensuado". Es esta triste y penosa situación la que informa de manera inequívoca la ineficacia y negligencia del Ejecutivo en materia educativa, y lo que justifica la inquietud y preocupación de los gremios docentes, padres de familia, estudiantes y ciudadanos de toda la Nación. Ya lo hemos dicho repetidas veces: ¡Hace falta un ministro de Educación!
Por conocimiento y por convicción, nos solidarizamos con las justas reclamaciones y sanos propósitos de los educadores panameños. Porque ellos salvaguardan y enriquecen nuestra herencia. Porque salvaguardan y enriquecen nuestra herencia democrática y son las columnas que sostienen la estructura cultural de la República. Tenemos que llevar a la práctica -en forma permanente y sin desmayo- la máxima del Dr. Justo Arosemena: "A la democracia por la cultura". Pero, para enseñar, como para gobernar en democracia, como para vivir, hace falta tener un corazón sano y generoso. Presidenta Moscoso: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!
Hoy día, más que nunca en lo más profundo de la conciencia del pueblo panameño, anida la convicción de que el acto de gobernar pertenece a los mejores, y una sociedad libre no consciente ni el mandato exclusivo del dinero ni el mandato exclusivo de la política; tampoco un enriquecimiento brutal ni una dirigencia política igualmente brutal. Dada la realidad política y social actuales, se impone una urgencia que el gobierno arnulfista defina una vez por todas sus políticas frente al Estado democrático que dice representar hasta el 2004. Pero se debe tener fundamentalmente en cuenta que en el Estado democrático todo poder debe someterse al control público (no se puede gobernar en democracia mediante artimañas clandestinas).
El interés de la comunidad nacional está sobre los intereses particulares y de pequeños grupos privilegiados. En la economía y en la sociedad determinadas por el afán de lucro y de fuerza están en peligro la democracia, la seguridad social y la libre personalidad. La experiencia vivida durante los años del régimen de la autocracia, sumada a la no menos decepcionante causada por el gobierno actual, obliga a los panameños a unirse en el propósito común de un nuevo orden político, económico y social. Es decir, hacia un verdadero régimen de gobierno democrático y nacionalista: esa es la alternativa que más conviene a Panamá. Además, los panameños sabemos que la Nación estará urgida en todo tiempo de inteligencias dirigentes, de espíritu disciplinarios, de profesionales expertos, de hombres y mujeres de empresa que comprendan panorámicamente las necesidades del país.
La democracia da a todos las mismas posibilidades, mas establece rigurosamente jerarquías por méritos, y exige clamorosamente que ellas sean respetadas. La más alta de las jerarquías corresponde, dentro del espíritu democrático, a quienes habiendo disciplinado su inteligencia y su voluntad en severos estudios, logran sobresalir por la excelsitud de su carácter y la pulcritud de su vida pública y privada. La democracia, en suma, es mutuo respeto, es categoría humana, es concepto claro de jerarquía de los valores. No es únicamente una forma de estructura política, sino un método de vida estable.
En lo que respecta a la política educativa, por ejemplo, aunque se ha establecido que la nueva estrategia del desarrollo tiene como uno de sus fundamentos básicos la modernización de la educación, el Gobierno de "Unión por Panamá", no demuestra el entusiasmo ni la disposición necesarios para hacerla realidad, a pesar de que, mediante el pasado "Diálogo por la educación" se llegó a lo que ahora llaman acuerdo "consensuado". Es esta triste y penosa situación la que informa de manera inequívoca la ineficacia y negligencia del Ejecutivo en materia educativa, y lo que justifica la inquietud y preocupación de los gremios docentes, padres de familia, estudiantes y ciudadanos de toda la Nación. Ya lo hemos dicho repetidas veces: ¡Hace falta un ministro de Educación!
Por conocimiento y por convicción, nos solidarizamos con las justas reclamaciones y sanos propósitos de los educadores panameños. Porque ellos salvaguardan y enriquecen nuestra herencia. Porque salvaguardan y enriquecen nuestra herencia democrática y son las columnas que sostienen la estructura cultural de la República. Tenemos que llevar a la práctica -en forma permanente y sin desmayo- la máxima del Dr. Justo Arosemena: "A la democracia por la cultura". Pero, para enseñar, como para gobernar en democracia, como para vivir, hace falta tener un corazón sano y generoso. Presidenta Moscoso: ¡Los panameños queremos que en Panamá habite la inteligencia y reine la justicia!