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Presidente contra las pandillas



El presidente Martín Torrijos anunció durante una breve intervención televisada, que su gobierno ha decidido enfrentar la violencia que corroe la vida en Panamá atacando las pandillas urbanas y agregó que "no se le va a dar tregua y se les va a perseguir sin contemplaciones". Este fue el eje de la propuesta presidencial contra la violencia social y sobre la que dijo también se derivarán nuevas medidas para incrementar las penas a menores, normas migratorias más restrictivas y un mejor uso de los recursos de la policía.
Si no fuera porque el origen del fenómeno de la violencia del crimen organizado, que está mermando la sociedad panameña, tiene complejísimas y profundas raíces en el negocio del narcotráfico, la corrupción, el blanqueo de capitales, la debilidad institucional y la ineficacia de los estamentos judiciales encargados de investigar y perseguir estos delitos, se hubiese podido hasta aplaudir la medida. Pero en este contexto de "asuntos no mencionados" en la intervención del presidente Torrijos, su propuesta resulta desde muchos puntos de vista insuficiente, parcial y discriminatoria, ya que ha centrado el enfoque en las acciones policiales contra las "pandillas" para frenar (no erradicar) la violencia generalizada. Es una guerra de la policía contra los jóvenes delincuentes perdida de antemano.
Está documentado y demostrado que las pandillas son una de las expresiones más visibles y sensibles del problema por su contacto con el público indefenso ante la inseguridad social. Es una parte importante del tema, pero que no se debe ignorar a quienes los contratan y los controlan ocultos en el poder del dinero ligado al narcotráfico y el blanqueo de capitales, grupos delincuenciales ocultos en la corrupción inserta en la en todos los sectores del país y no sólo en los barrios marginales. ¿Y a éstos cómo los vamos a enfrentar?

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