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Presión Demográfica y Agro


Abundar sobre el hacinamiento, la delincuencia, el precarismo, la insuficiencia de calles, agua y demás servicios públicos, nunca es suficiente para crear conciencia de la inminencia del problema. Las cifras revelan que la presión demográfica está asfixiando la ciudad capital y presionando el Lago Gatún que hace posible el funcionamiento del Canal y nos nutre de agua potable.
Arraiján, que es la puerta Oeste de la ciudad de Panamá en solo 10 años multiplicó su población casi dos y media veces, pasando de 62 mil habitantes a 150 mil. En igual proporción se multiplicó Pacora por el lado Este, pasando de 26 mil habitantes a 61 mil. Y por el Norte, Las Cumbres subió de 56 mil almas a 92 mil, o sea que casi se dobla. Y eso que no contamos Chilibre, más al Norte, que está cercando las tomas de agua de la potabilizadora del mismo nombre.
Muchos, como nosotros, lo advirtieron con bastante tiempo. Si abandonamos al agro o lo que es igual, al interior del país, éste terminará invadiendo las ciudades y en particular las ciudades terminales y arrasará la Cuenca del Canal.
Aquí incluso señalamos otro elemento perturbador en la eliminación de la presencia de las tropas norteamericanas que servían de colchón disuasivo con sus cercas y constante patrullaje. Ahora ni siguiera hay suficientes guardabosques y el gobierno cede terreno a la presión poblacional, como lo evidencian las capitulaciones ante el precarismo en la Escuela Agroforestal de Arraiján y Mocambo.
Ante esa problemática, debemos adoptar ciertas soluciones. China, por ejemplo, para evitar que sus 1,300 millones de habitantes se volquen sobre los emporios comerciales de Hong Kong y Sahanghai, ha adoptado medidas de estricto control migratorio, con cercas, aduanas y todo. Pero en Panamá eso sería inconstitucional, pues aquí gozamos de libertad de tránsito. Otra alternativa menos complicada sería adoptar incentivos para que la gente que viva en el interior permanezca en sus tierras.
En varias ocasiones, con todo y la globalización que respaldamos, hemos sugerido apoyar al agro; esto es enseñar al trabajador del campo a hacer de la actividad un buen negocio. Hablamos de hacerlo competitivo, eficiente, de enseñarlo a ser un buen administrador, a organizarse en cooperativas, a incursionar en el mercado internacional.
Muchas veces hemos planteado formar empresarios agrícolas. Hablamos de gente preparada no sólo para producir sino para dominar todas las etapas de post cosecha, tales como el almacenamiento, empaque, mercadeo, exportación. Hablamos de valor agregado, en términos de ausencia de químicos y de manipulación genética, de ganado alimentado de forraje natural, libre de hormonas y "vacas locas". Escribimos sobre el maíz criollo, óptimo para derivados de la dieta panameña tradicional, imposibles de preparar con las artificiosas mazorcas Frankestein. Son meros ejemplos, pero el hecho es que hay mucho por hacer para lograr un sano equilibrio entre el área canalera y el interior del país. Y en todo esto, el gobierno nacional tiene la solución en sus manos. Hay que ponerse a trabajar.

101 años de Panamá América

 
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