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Prevaleció el interés nacional en Estados Unidos




Empresario y político

No hay la menor duda que la elección presidencial en los Estados Unidos ha dejado su efecto muy preocupante, no sólo en este país sino en todas las democracias, muy especialmente en Latinoamérica, donde están todavía imperfectas y se encuentran en un proceso de perfeccionamiento. En los EE.UU. lo estrecho de la votación creó una división en la opinión pública y en el mundo, que veía en su sistema electoral un ejemplo de eficiencia y pulcritud, ha dejado desaliento y desilusión.
Los dirigentes políticos de la nación norteña, en especial sus abogados de mayor prestigio, insistieron siempre que ellos estaban actuando dentro de lo que la Constitución y las leyes estatales señalaban. De allí que las pugnas políticas fueron transformándose poco a poco en luchas estrictamente de carácter legal.
Me decía un distinguido amigo norteamericano, con claras simpatías al Partido Demócrata, que en nuestros países, al cual por supuesto incluye a Panamá, existe todavía un desconocimiento de cómo funciona la democracia dentro de Estados Unidos. Agregaba que cada estado tiene disposiciones y reglamentos electorales muy claros que, en muchos casos, es distinto uno del otro, pero que esa ha sido la forma en que tradicionalmente se han desarrollado las elecciones norteamericanas.
Si bien es cierto que ello es así y que en las actuales elecciones prevaleció, al final de cuentas, la ley por encima de todo tipo de consideraciones, es muy difícil que países como el nuestro puedan entender las acusaciones, recuentos, impugnaciones, apelaciones, tribunales rechazando acciones de jueces, etc., etc., que se dieron en las pasadas elecciones en el estado de Florida.
Al final de todo, no obstante, los EE.UU. han dado un ejemplo de lo que son sus hombres públicos. Al Gore, quien ganó la mayoría de los votos de los norteamericanos, pero que el sistema electoral le impidió triunfar por sus muy peculiares condiciones constitucionales, se empinó sobre todo personalismo, sobre todo interés partidista y en un gesto elegante y muy enaltecedor, reconoció que el próximo presidente de la nación estadounidense era el gobernador de Texas, George Bush. Pidió unidad y respaldo para éste y manifestó, sin ambages, que George Bush es su presidente y se ponía a su disposición. Por su parte, el ganador en el colegio electoral norteamericano manifestó también con la voz de un estadista, que él no había sido electo presidente del Partido Republicano o del Partido Demócrata, que él había sido electo presidente de todos los ciudadanos norteamericanos y como tal él actuaría.
Es muy difícil que en corto tiempo pueda el norteamericano que votó por el vicepresidente Al Gore aceptar su derrota, cuando estaba convencido de que éste había logrado el triunfo, pero es en esos momentos de crisis cuando la madurez y el sentido de responsabilidad de los pueblos se impone. Esto es más cierto cuando los dirigentes norteamericanos saben que el mundo entero les observa y que los está viendo con una lupa muy grande; lo que ellos hagan en los próximos días y semanas nos servirá de ejemplo a quienes vivimos dentro de un sistema democrático incipiente y a los EE.UU. para no perder la autoridad moral que se afectó por las recientes elecciones.
Las declaraciones de Gore y de Bush son indudablemente muy alentadoras y esperamos que con la misma nobleza que actúo el Sr. Gore, actúen los otros dirigentes demócratas y se pueda conciliar la opinión pública de esa gran nación. Tanto Bush como Gore dieron muestras de un gran sentido de responsabilidad al dejar atrás los enconos de su lucha por el poder. El interés nacional prevaleció por encima de cualquier otro. Son sus hombres y sus acciones lo que hace grande a esa nación. En no pocos países unas elecciones tan estrechas, dudosas y confusas, hubieran tenido, muy posiblemente, un epilogo muy distinto.

101 años de Panamá América

 
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