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Primarias antidemocráticas


Transplantadas del sistema norteamericano, las elecciones primarias han ganado sin duda un lugar sólido en nuestro medio, como mecanismo efectivo para eliminar el caciquismo de otrora en los partidos políticos, razón por la cual se asume, como verdad indiscutible, que son una institución democrática que, como tal, está plena de virtudes. Eso no es necesariamente cierto.
Para empezar, las primarias pueden verse como una institución antidemocrática por el hecho de que la minoría de un partido termina imponiendo a la mayoría de una nación uno o más candidatos. De ese modo, los partidos, cuyos adherentes inscritos apenas alcanzan a un tercio del total de votantes, deciden el perfil y la persona por la que debemos votar. Y peor que eso. Tan sólo una mayoría relativa de inscritos nos pone al Presidente.
El ejercicio aritmético es sencillo. Supongamos que un partido puede tener 150 mil inscritos, pero en sus primarias no vota más de un tercio, que es 50 mil. De estos, digamos que 30 mil deciden quién gana y será el candidato. Si 30 mil ciudadanos de un partido impone el candidato a votar a 1.8 millón de electores ¿Es o no antidemocrática la medida? Ese 1.8 millón de electores quizás aspire a elegir entre otras opciones, pero no puede, porque el sistema partidocrático es tan cerrado como algunos libros de inscripción. Y la realidad es mucho peor, porque el candidato llevado a las boletas electorales por sólo 30 mil personas, puede gobernar a 2.8 millones de habitantes.
¿Es la dedocracia mejor? A simple vista no. Pero la elección primaria puede arrojar resultados peores. A juzgar por los hechos, la actual composición de la Asamblea Legislativa es peor que muchas de las que antaño se componían por el criterio personal de uno o más líderes de un partido. Esta cúpula, por muchos factores que no es del caso abordar, suelen tener mejor visión y criterio de lo que conviene a su colectivo y a su país, que sus adherentes partidarios de a pie.
Bajo el actual sistema, los mejores candidatos pierden, porque su talento normalmente es servir, no buscar votos, repartir cervezas, bloques, promesas vacías y hojas de zinc. Un dirigente de partido, en cambio, puede, por ejemplo, estar interesado en llevar a la Asamblea a algunos economistas, constitucionalistas, técnicos en educación y administradores, que alternen con líderes populares plenos de simpatía pero vacíos de ideas. Sin embargo, el sistema de primarias y su imperio de mediocridad, no lo permite. Lo ideal sería un sistema mixto, que posibilite la oportunidad de contar con una cuota de candidatos populares y otra con talento. Y no creemos que los diputados provinciales o nacionales den la solución. La demagogia y mediocridad prende igual a cualquier nivel.
Luego lo vez alejarse con las ruedas bailando al ritmo de una estridente salsa y tomándose los hombros de la izquierda y la derecha para poder negociar las curvas, como si fuese un auto deportivo.
También los vemos recogiendo pasajeros en estos corredores y, por supuesto que vemos los pedazos de neumáticos que cargan, y muy a menudo les vemos tirados al margen de las calles, heridos cual bestia moribunda, con un río de aceite que corre por las calles, parecida a la negra sangre de algún monstruo mitológico.
Y aunque mi ligero estilo de redacción no refleje la gravedad de lo que acuso, me veo precisado a ello para evitar una depresión de vivir a diario tanta irresponsabilidad de parte de nuestras autoridades.
La mortal receta está dada, y ahora sólo falta esperar el desenlace fatal de tanta desidia. Y si no quieren crítica, por lo menos atiendan las cosas más sencillas, como las que señalo, pues si no son capaces ni de ello, ¿qué esperanzas nos quedan para todo lo demás que es mucho más complejo, tal como la economía, la educación y tal?

101 años de Panamá América

 
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