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Primarias en el PRD


El pasado 30 de marzo, el PRD convocó a elecciones primarias para escoger a su candidato presidencial. Unos 160 mil ciudadanos depositaron su voto y mayoritariamente escogieron a Martín Torrijos como el candidato de sus preferencias. Este 10 de agosto, 286 mil ciudadanos salieron nuevamente convocados por su partido a escoger, también en elecciones primarias, a sus candidatos a legisladores, alcaldes y representantes. Este análisis va dirigido a demostrar cómo la institucionalidad democrática del país se fortaleció con el proceso electoral interno desarrollado por el PRD.
Las elecciones primarias del PRD le garantizaron: i) valor agregado a sus inscritos, ii) legitimidad a sus candidatos, iii) debilitó el discurso de ser partido de la dictadura, iv) confrontó la realidad pública de su proceso con la distorsión que algunos medios buscaron transmitir. Dicho proceso también transmitió: v) dominio territorial, vi) sensación de triunfo, vii) organización, viii) transparencia, ix) capacidad de su dirigencia, y por si fuera poco, x) un efecto demostrativo sobre los otros colectivos políticos.
A través sus elecciones primarias, el PRD le otorga a sus inscritos un valor agregado a su condición y un derecho que no tienen los miembros de otros partidos: cualquier perredista puede aspirar a cualquier cargo de elección, desde la presidencia de la República hasta representante de corregimiento, y también tiene el derecho de elegir directamente a la totalidad de la oferta electoral del partido. Otro producto importante del proceso interno democrático del PRD es que sus candidatos surgen de las urnas con la legitimidad que sólo garantiza el voto. Salen candidatos avalados por el poder que le transfieren sus electores y no por el señalamiento de ningún dirigente o componenda electoral.
El argumento de algunos pocos de sus adversarios de que el PRD es el partido de la dictadura nuevamente se enfrentó con el efecto demostrativo de participación democrática que transmitieron las elecciones primarias a nivel nacional. No es posible ocultar la contundencia de 286 mil ciudadanos ejerciendo su derecho a votar libremente y por eso mismo, cuando algunos medios intentaron confundir a la opinión pública descalificando el proceso interno perredista por razón de la ocurrencia de algunos hechos aislados negativos, los que quedaron en entredicho fueron esos medios, porque transmitieron noticias que no se sustentaban en la realidad de los acontecimientos percibidos por la mayoría de la población.
El 10 de agosto, el PRD demostró dominio territorial y por eso transmitió sensación de triunfo. La movilización y presencia de los votantes perredistas en más de 900 escuelas a nivel nacional, convertidas en centros de votación, reforzó la esperanza de victoria de su oferta electoral. Cuando en las encuestas se le pregunta a los entrevistados que independientemente por quién votarán el 2 de mayo, quién cree que va a ganar, seis de cada diez ciudadanos responde que Martín Torrijos y el PRD. Eso es sensación de triunfo.
La organización de unas elecciones primarias no es tarea fácil. Lograr el consenso interno alrededor de la conformación de las Comisiones de Elecciones Primarias en todo el país y de la reglamentación de dichas elecciones, diseñar los sistemas de control, movilizar eficientemente la logística electoral, capacitar a los jurados y coordinar con las instituciones involucradas para administrar la afluencia de votantes perredistas a 1,400 mesas de votación, son entre otras, tareas dirigidas a fortalecer la legalidad y transparencia del proceso. Esas características fueron avaladas por la mayoría de los candidatos, quienes la misma noche de las elecciones aceptaron sus resultados y en los pocos casos que no fue así, esperaron confiados que sus recursos de impugnación fueran resueltos con apego a la ley por las instancias designadas para tales fines.
Si el partido movilizó cerca de 10 mil quinientos voluntarios con tareas de funcionarios electorales, sus candidatos triplicaron ese esfuerzo. Después de tres meses de intenso trabajo de motivación, vendiendo su oferta electoral de casa en casa entre los miembros del colectivo político, los candidatos a legisladores, alcaldes y representantes en todo el país, movilizaron el 10 de agosto a sus votantes y a sus representantes de mesa, transmitiéndole así a la nación la capacidad de organización de la dirigencia territorial perredista.
Todos estos hechos fehacientes producen un efecto demostrativo que se transmitirá con diversos matices al resto de los colectivos políticos, ya que sus miembros con todo derecho aspirarán a tener los mismos derechos que los inscritos en el PRD, quienes ya lo han ejercido en dos procesos de primarias distintos y continuos, en 1998 y en el 2003.
Cuando algunos de sus adversarios le cuestionan al PRD el número de asistentes a sus elecciones primarias sin haber llevado a uno solo de sus inscritos a ejercer tal derecho, el discurso se les convierte en mueca. Por eso, como partido moderno y comprometido con la democracia, el PRD, con su proceso electoral interno, hizo su aporte al fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país.

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