Primarias para qué
Aquellos que tenemos más de medio siglo encima, recordamos cuando los candidatos a puestos de elección, eran escogidos en las cenas y reuniones de los gamonales y dueños de los diferentes partidos políticos. Para recibir las credenciales a cualquier puesto de elección había que proteger los votos y las actas con la vida si era preciso y se dio el caso de que una decisión electoral presidencial fue revocada meses después, sin que nadie del Club Unión, gremio o grupo de la sociedad civil se perturbara.
Desde hace un par de lustros, las elecciones primarias se han venido desarrollando, primero en el partido de los militares, como consecuencia lógica de que si no había quien mandara desde los cuarteles, la anarquía era de esperarse.
El problema que ha venido aconteciendo, es que los adversarios internos son peor tratados que los enemigos de los partidos de oposición. Por ponerte un ejemplo, la gente de Oranges fue masacrada durante el gobierno del Toro, a pesar de los golpes de pecho de quienes tienen memoria corta y actitudes reciclables entre santos y diablos.
Me imagino que igual acontece en los otros partidos, en donde los seguidores de la clase media y baja del banquero, ahora deben estar pasando el Niágara en bicicleta. Claro esto no aplica para los de la clase alta pudiente, porque para ellos el estar en uno u otro lado, es tan solo cuestión de decidir si apoyan al tío, al primo o al hermanastro.
Tengo que confesar que se hace necesario en nuestro país, que cada precandidato internalice hasta lo más profundo de su genoma, que él (ella) está compitiendo con un grupo de copartidarios por ser el candidato de su partido en esa instancia electoral y que dentro de las posibilidades reales, está la de perder. El problema es, cuando se está convencido (a) de que debe ser elegido en las internas y que es el pueblo el que pierde de no escogerlo porque es el ungido de los dioses.
Cuando las elecciones primarias son tan largas, costosas y desencadenan reacciones desde el sector público o privado para intentar empujar decisiones por parte de los votantes, lo que queda como resultado final, más que un espléndido ejercicio para poner a tono la organización partidaria, es un gran cantidad de gente herida, lesionada, resentida y maltratada que al final de esta jornada inicial, lo más probable es que cambie de partido o no haga nada por el candidato electo, porque de antemano estará estigmatizado y rechazado por haber apoyado al contendor del recién electo.
Ojalá y esto cambie a medida que maduramos como sociedad democrática y que los dirigentes partidarios no quieran imponer decisiones sobre la gran masa de copartidarios.
El que cumplan todos las promesas electorales para los cuales no se tiene ningún reparo en ofrecer ya será harina de otro costal. Y que Dios se apiade de los que no tienen ni voz ni vez.