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Primer año


HACER EL ANÁLISIS del primer año de gestión presidencial y de gobierno resulta imperativo. El 1 de septiembre de 2004, Martín Torrijos Espino asumió la Presidencia de la República luego de un incuestionable y amplio triunfo electoral. Su discurso de toma de posesión parecía marcar el rumbo de nuevos tiempos, de nuevas prácticas políticas, de una nueva generación, haciendo política diferente. De manera pública, en un programa de televisión lo analizamos y lo reconocimos como positivo, en términos generales. Faltaba entonces llevarlo a la realidad, precisamente, a través de una gestión de gobierno que así lo hiciera. Con el mayor de los respetos, trataré de referirme al tema, en breve espacio.
Durante la transición de gobierno mencioné, a propósito de las reformas constitucionales que impulsaron el gobierno saliente y el entrante, que el momento era propicio para replantear una revisión integral de la Carta Magna y evitar un nuevo parche. La Constituyente era-y creo que aún lo es- la vía. La razón fundamental, entre otras, era la de enfrentar, en un esfuerzo nacional, la realidad, es decir, entender que el sistema de la administración pública está colapsado y cada vez más condena al país al estancamiento desafortunado de su desarrollo económico e institucional. Dije y reconocí entonces que no dudaba de las buenas intenciones del Mandatario, cosa que reitero hoy, pero que el sistema le pasaría una factura muy grande y lo iba a convertir más en su esclavo que en su conductor.
Ser candidato y, además, favorito, debe ser toda una satisfacción. Pero ser Presidente y conducir al país con liderazgo, experiencia y sentido político es la otra etapa que se inicia luego del esperado triunfo. La estrategia debe cambiar porque de allí en adelante el reto es el país y la ejecución a favor del mismo del plan de gobierno que, en principio, fue su plataforma u oferta electoral, con coherencia y dentro de una agenda que contemple, cuando se requiera, la oportuna consulta en busca de consensos, aunque se tenga mayoría. A mi juicio, la experiencia vivida con la ley fiscal y la de la CSS, muestran y, en efecto evidenciaron, más improvisación que estrategia, a pesar de que cosméticamente "nos consultaron." El costo ha sido enorme por dos malas leyes.
Las tres promesas claves de campaña, "más empleo, más seguridad y cero corrupción", por el impacto que las mismas tuvieron, se han convertido en el patrón de medición del primer año. Cierto es que el gobierno ha realizado más cosas en otros campos, pero los que hemos sido gobierno sabemos que la percepción, en estos casos, define la realidad. Por ello he dicho que esas tres promesas claves se le han convertido al gobierno más en tumba que en pedestal.
El tema del combate a la corrupción y el compromiso de transparencia siguen siendo muy escrutados. Se percibe menos corrupción que en la administración anterior, pero estamos en el primer año. En cuanto a transparencia, ha habido avances y se percibe una disposición a dar más información sobre temas que antes simplemente eran secretos. No obstante, las declaraciones patrimoniales de bienes y el no acceso a las mismas, a pesar de constar en escritura pública, deja mucho que desear. El haber dicho una alta funcionaria que "hasta allá no llega la transparencia", respaldada por opiniones contrarias a derecho, no es cónsono con el real compromiso.
Todos los compromisos de justicia cuando estaban en campaña han quedado atrás. Recuerdan todo lo que se le achacó al gobierno anterior en este aspecto? Y dónde irían a parar los culpables? Con aquello de que "cada quien debe hacer su trabajo", se pretende desvincular al gobierno de este compromiso, que acaparó una buena parte del discurso inaugural, dando paso al tan renegado "borrón y cuenta nueva" que tanto se dijo que no iba a suceder, lo cual refuerza, en el fondo, la percepción de que sí hubo pactos. Además, no creo que ya se haga nada al respecto. El nombramiento de la Procuradora de la Nación, sin embargo, fue una buena decisión. Comienza a depurar un organismo que estaba sumido en el mayor de los cuestionamientos. Aunque no es parte del Ejecutivo, lo que está haciendo puede repercutirle positivamente, ya que al fin alguien hace algo y para los efectos de opinión pública, la Procuraduría también es gobierno. Ojalá llegue, y pronto, a dilucidar los grandes escándalos pendientes, como el CEMIS. El país requiere la verdad.
La seguridad sigue siendo un problema. Muchos factores inciden en la percepción de ineficiencia mientras la delincuencia se apodera de las calles. La ausencia de una estrategia clara, recursos apropiados, coordinación institucional, fuerte inmigración ilegal, aumento del tráfico y venta de drogas, entre otros, pueden ser causa de los problemas. El cambio de mando reciente puede apuntar hacia la corrección integral del problema. Mantener la posición de alejamiento del militarismo es positivo. Pero hay que seguir vigilantes para evitar que por la puerta de atrás se nos cuele otro ejército, bajo el patrocinio expreso o velado de fuerzas extranjeras.
El desempleo sigue siendo un gran problema, sino el mayor de todos ya que incide e impacta la vida nacional. La ley fiscal será un factor negativo a partir del próximo año. En su momento se advirtió y se sigue advirtiendo. El resultado final sobre la CSS será otro factor que tomar en cuenta ya que ambos seguirán siendo una carga más a la producción. Claras advertencias lo anticipan desde inicios de este año, pero poco caso se les hace. La alta recaudación de hoy puede ser pan para hoy, hambre para mañana. No vemos una política de Estado dirigida a la creación masiva de empleos por parte del sector privado, por lo que el "más empleo" de la campaña, es aún letra muerta en la realidad.
Fueron las tres promesas básicas. Por espacio no puedo adentrarme en mayores análisis. Este diario publicó un suplemento hace un año que denominó "Sígale la pista al Presidente" el cual sirve como mecanismo de evaluación, como boletín de calificación de su labor. En la portada aparece una frase que dice" No prometí nada que no pueda cumplir", dicha por el Mandatario Torrijos el 2 de mayo ante la Junta Nacional de Escrutinio. Regresen a él y verán todo lo dicho en campaña y podrán saber todo lo hecho en gobierno.
Restan cuatro largos años de gestión. El desgaste del primer año es enorme, pero la necesidad de conducción y de liderazgo comprobado es necesaria. ¿Entenderá el Sr. Presidente que debe enderezar el rumbo de su gestión? Veremos cómo viene el segundo año.

101 años de Panamá América

 
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