Primer año de Mireya Moscoso
Al completar su primer año de mandato, en términos generales, diríamos que ha sido un gobierno malo, a tal punto que no se vislumbra que reaccione y se ponga a la altura de la crisis que en todos los órdenes afecta al país. Si se le compara con los dos gobiernos previos, la conclusión sería igual o peor. La situación como Guillermo Endara recibió al país tras la invasión, no tiene parangón. Tras un año de gestión, Panamá asumió un ritmo de crecimiento vertiginoso y el mundo admiró el milagro de su reconstrucción.
Ernesto Pérez Balladares recibió en herencia una nación ordenada y las arcas llenas. Lo primero que hizo fue abrir el crédito externo mediante una habilidosa negociación con los acreedores, para luego lanzarse a fondo a la privatización; todo lo cual le dotó de mucho dinero para emprender un vasto programa de obras y reformas, como el ensanche de la Interamericana.
La presidenta Moscoso en cambio, más diestra en la política que en la administración del Estado, tuvo la mala visión de rodearse de asesores mediocres y ministros peores. Todo anduvo mal desde el inicio. Nada trabaja y el país está postrado, pese haber "alcanzado por fin la victoria" con la recepción total del Canal y las áreas circundantes. En política exterior no ha logrado estructurar un nuevo tipo de relaciones con Estados Unidos. El resultado es de ausencia, silencio, vacío e indiferencia; y cuando no, de rechazo y lista negra. No hay alianzas estratégicas, ni cooperación estrecha y decidida - a lo Menem con Argentina -, no hay comercio preferencial, intercambio, nada, excepto un escritorio compartido en Washington con Centroamérica.
Con China, el más apetecido mercado del orbe, ha sido otro desastre. Lo primero que hizo la presidenta fue viajar a Taiwan, ofendiendo al gigante asiático. ¿El resultado? Unos treinta o cuarenta millones de dólares, nada comparables a si hubiéramos negociado con los chinos la compra de toda la producción nacional agrícola que está sin mercado a causa de los importadores, que para China es nada y que cabe entera en dos barcos de su naviera Cosco. Y ni siquiera nos habrían exigido romper con Taiwan.
La educación muestra un retroceso en todos los órdenes, desde los textos, los docentes, la administración, los nombramientos, los programas, todo. Las agresiones contra docentes y las reyertas entre escuelas son manifestaciones de la crisis. El abismo entre educación pública y privada se ha ampliado. En Obras Públicas, igual. Muchas palabras bonitas y pocas ejecuciones. El mantenimiento vial ha desmejorado y la prolongación de la Interamericana se ha detenido. En Salud lo mismo, salvo haber enfrentado con éxito el virus hanta. Los demás ministerios, ni siquiera merecen mención. La economía está desacelerada, cuando una Cuba bloqueada crece al 8% y Costa Rica igual.
Las excusas y justificaciones pueden ser muchas, pero en esta ocasión nos toca ver los resultados que, al cabo de un año, son extremadamente pobres. Que puede hacerse mejor, es cierto. Todavía hay tiempo. Pero para lograrlo hay que tomar consejos y escuchar el clamor del pueblo productivo. Olvídese de la política hasta el 2004 o su víspera. Ya habrá ocasión de sobra para eso.
Ernesto Pérez Balladares recibió en herencia una nación ordenada y las arcas llenas. Lo primero que hizo fue abrir el crédito externo mediante una habilidosa negociación con los acreedores, para luego lanzarse a fondo a la privatización; todo lo cual le dotó de mucho dinero para emprender un vasto programa de obras y reformas, como el ensanche de la Interamericana.
La presidenta Moscoso en cambio, más diestra en la política que en la administración del Estado, tuvo la mala visión de rodearse de asesores mediocres y ministros peores. Todo anduvo mal desde el inicio. Nada trabaja y el país está postrado, pese haber "alcanzado por fin la victoria" con la recepción total del Canal y las áreas circundantes. En política exterior no ha logrado estructurar un nuevo tipo de relaciones con Estados Unidos. El resultado es de ausencia, silencio, vacío e indiferencia; y cuando no, de rechazo y lista negra. No hay alianzas estratégicas, ni cooperación estrecha y decidida - a lo Menem con Argentina -, no hay comercio preferencial, intercambio, nada, excepto un escritorio compartido en Washington con Centroamérica.
Con China, el más apetecido mercado del orbe, ha sido otro desastre. Lo primero que hizo la presidenta fue viajar a Taiwan, ofendiendo al gigante asiático. ¿El resultado? Unos treinta o cuarenta millones de dólares, nada comparables a si hubiéramos negociado con los chinos la compra de toda la producción nacional agrícola que está sin mercado a causa de los importadores, que para China es nada y que cabe entera en dos barcos de su naviera Cosco. Y ni siquiera nos habrían exigido romper con Taiwan.
La educación muestra un retroceso en todos los órdenes, desde los textos, los docentes, la administración, los nombramientos, los programas, todo. Las agresiones contra docentes y las reyertas entre escuelas son manifestaciones de la crisis. El abismo entre educación pública y privada se ha ampliado. En Obras Públicas, igual. Muchas palabras bonitas y pocas ejecuciones. El mantenimiento vial ha desmejorado y la prolongación de la Interamericana se ha detenido. En Salud lo mismo, salvo haber enfrentado con éxito el virus hanta. Los demás ministerios, ni siquiera merecen mención. La economía está desacelerada, cuando una Cuba bloqueada crece al 8% y Costa Rica igual.
Las excusas y justificaciones pueden ser muchas, pero en esta ocasión nos toca ver los resultados que, al cabo de un año, son extremadamente pobres. Que puede hacerse mejor, es cierto. Todavía hay tiempo. Pero para lograrlo hay que tomar consejos y escuchar el clamor del pueblo productivo. Olvídese de la política hasta el 2004 o su víspera. Ya habrá ocasión de sobra para eso.