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Primeras semanas


Rodando nos encontramos ya en el 2001, y como dice el zapatero ilustre y servicial sacristán de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes de la capital, con sus bien vividos 87 años, "¿"llegaremos al 2002?".
En una solemne rueda de prensa en el IRHE de hace años, el recordado (c.i.p.) Arq. Edwin Fábrega V., nos ilustraba los planes expansivos de la institución productora de electricidad de aquellos tiempos. Rodeado de sus ingenieros y técnicos nos iba detallando los pasos a seguir en cuanto a las hidroeléctricas y como Panamá se encontraba retrasada respecto del resto de Centroamérica en cuanto a su desarrollo hidroeléctrico y cómo lo que hacía caro el consumo de electricidad era que dependíamos de planta termoeléctricas. Me le acerqué y en privado le pregunté: "¿oye, y con este progreso hidroeléctrico, la electricidad va a ser más barata? Y sonriendo me repuso: "yo creo que no, sino que cada vez va ser más cara" y la razón es que para hacer todas estas obras el gobierno iba a necesitar hacer empréstitos enormes que habría que ir pagando y la única forma iba a ser cobrándoselo equitativamente a los beneficiados con el fluido eléctrico. Desde entonces, he ido comprobando que así ha sido y así será.
En esta semana se conmemoró el 9 de enero de 1964. Nos tocó vivirlo. Nos toca recordarlo, nos toca ver cómo a través de los años, unas veces, día de duelo, otros años, no, por fin., parece que por ley va a ser de duelo nacional. ¿En qué consiste el duelo nacional? Un suspender la actividad productiva y comercial del país para dedicarse a la reflexión. La reflexión que en un acto individual de volver sobre uno mismo con la mente, para sacar algún provecho espiritual, ¿Quién la hace? ¿Quién la guía? Supuestamente, se suprime la música jacarandosa y se sustituye por música instrumental, aún cuando siga siendo jacarandosa. Consideramos las grandes producciones de música clásica como música fúnebre, aún cuando sea la Novena de Beethoven. Pero estamos de duelo. Un día para el ocio doméstico sin alcohol. Dormir, roncar hasta tarde, porque estoy dolido por lo que pasó hace 37 años. Por lo que pasó, y francamente no sé qué pasó, ni me interesa mucho, porque creo que fue una pelea entre unos gringos con unos muchachos del Nido de Aguilas, a pesar que Ascanio era de la Profesional. Y el resto de los caídos tampoco. La materia de reflexión la ofrecen los periodistas con sus artículos casi repetitivos y ahora que ya no hay gringos hay que ver cómo se hace interesante la materia de reflexión algo nuevo que no se haya dicho. El día de duelo es un día vacío en ese sentido si no hemos según nuestras costumbres, hecho alguna oración o hemos participado en una Asamblea Litúrgica Fúnebre recordando con respeto y en actitud orante, pidiendo por el descanso eterno de quienes ofrendaron su existencia no tan voluntariamente para que otros disfrutaran los potenciales beneficios que se deriven de la lucha patriótica nacionalista panameña.
¿Cuántos lo hicieron? "Vix". Decían los latinos. Por supuesto que no quiero referirme a nuestra manera de hacer duelo en un día soleado y de playa. A eso se han reducido los días de duelo nacional. Día de playa. Cuando murió Monseñor Marcos Gregorio McGrath, R. C.S.C. Arzobispo Emérito de Panamá se declaró "Día de duelo con trabajo" y fue una medida acertada, en cuanto que no se impuso el duelo sino que se dejó a que, quien sentía esa pena por la desaparición de tan ilustre prelado lo expresara piadosa y reverentemente, como se entiende que es un duelo.
Es un hecho que algunos que por una razón u otra tuvieron algo que ver con ese trabajo nefando, ya van entrando en años, en enfermedades, en edad, y van sintiendo el escozor de sus conciencias y comienzan a soltar datos que han llevado a todo el país a reconstruir la historia de lo que vivimos, sospechamos, no nos dimos cuenta exacta y que olvidamos dada la habilidad de los que manejaron la información o la desinformación que o nos presentaron otra cosa o se callaron, porque sabían o porque no sabían bien. Ya no es el P. Gallego, ya son muchos seres queridos de sus familiares que nunca perdieron la esperanza de poderles dar cristiana sepultura a su gente desaparecida misteriosamente. Existe el dicho, "La justicia tarda, pero llega" y la Sagrada Escritura contundentemente lo afirma: "No hay nada oculto que no sea revelado". Así que vayan preparándose los que se mecían en la hamaca convencidos de que "en el cementerio están enterrados los mejores secretos de los médicos". Debe haber en Panamá más de uno que sepa mucho sobre este tema y que con los días va a tener que dar un paso adelante y declarar para evitar ese mundo de conjeturas en el que nos encanta vivir.
Varias personas piensan que ya dejen eso en paz. Los que eso dicen por supuesto no tienen ningún ser querido desaparecido. Lo triste es que esto se tome como lo hacemos con un sesgo político cuando debería trascender lo político. Y lo politiquero debería sacar las manos de allí. Los muertos meren nuestro respeto. No sé si todavía lo tenemos.
Respeto todas las opiniones sobre el debate que surgió a propósito de las caricaturas, pero creo que la famosa libertad de expresión tiene sus límites y sus responsabilidades, sino caeremos en el canibalismo. En una ocasión una caricatura involuntariamente con su vehículo acabó con la vida de un ciudadano. Un comentarista de radio descubrió el hecho y le hizo sus apostillas y parece que durante varios años. El caricaturista llamó al director de la emisora pidiendo que lo dejaran en paz, que había quedado traumatizado y le respondió el otro: "bueno y cuando tú hacías tus dibujos ridiculizando, tú sabías que te expondrías a esta situación". O sea, no echemos piedras en el tejado ajeno cuando el nuestro es de vidrio.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América