Primeros pasos necesarios
El título cuarto del programa electoral Patria Nueva se llamaba "La ruta hacia el Primer Mundo: Innovación, Ciencia y Tecnología". Allí se decía que "Panamá entra al siglo XXI sin una de las principales herramientas del desarrollo moderno: un sistema competitivo de ciencia y tecnología. Esta actitud miope sobrevive en nuestra República...". Afirmaba que: "...Uno de los objetivos fundamentales (del gobierno de Patria Nueva) será elevar la capacidad científica nacional, de acuerdo con la demanda de desarrollo y bienestar para el país...". Palabras mayores que implican compromisos aún mayores y mucho más trascendentales, no sólo hacia la disminuida y golpeada comunidad científica panameña, sino ante las expectativas de las nuevas generaciones de jóvenes connacionales, que tiene todo el derecho de aspirar a vivir en un país que participe realmente del progreso de ese mentado "Primer Mundo".
El 26 de octubre, la SENACYT retomó dos iniciativas fundamentales que tuvieron su inicio en la gestión del Dr. Ceferino Sánchez (y que fueron torpemente truncadas por la patética gestión del gobierno anterior): un Programa Nacional de Becas Doctorales y otro de Subsidios a Proyectos de Investigación y Desarrollo. Pasos necesarios y correctos, que deben ser resaltados y apoyados con entusiasmo, de ninguna forma son suficientes para restituir la deuda moral hacia el saber nacional. El gobierno de Patria Nueva tendrá que esforzarse mucho más (y pronto) para hacer buena su palabra y acometer la generación creativa y el uso eficiente y real del conocimiento en el país, integrándole a la solución de nuestros múltiples problemas cognoscitivos, sociales, productivos, culturales, ambientales, etc.
Examinando los casos en donde este esfuerzo de impulsar el desarrollo y la modernización del país han tenido éxito, es evidente que se deben sentar las bases institucionales para que estos y otros esfuerzos que acometa la Nación, tengan continuidad y solidez, sustrayéndolos del dominio de la politiquería cuatrienal. Si alguna conclusión útil se puede sacar de la SENACYT durante el quinquenio 1999-2004 es que nunca más se debe permitir que la improvisación ignorante, la arbitrariedad excéntrica o la chabacanería vuelvan a retrasar y a frustrar el desarrollo nacional. Para ello, la ciencia nacional tiene que comenzar a conducirse de manera democrática y transparente, a través del diálogo público y honesto entre científicos, políticos, empresarios y el ciudadano común.
Por otro lado, el compromiso del Ejecutivo no debe limitarse al apoyo administrativo o político, de naturaleza básicamente retórica. Sin sustentarle con suficiente dinero, todo lo demás queda en simples buenas intenciones. Y en esto, hay dos acciones que definirán si los enunciados del programa electoral que mencionamos, se podrán cumplir o no. Si podremos pasar al nivel de un real entendimiento sobre la importancia de la ciencia involucrando al liderazgo político actual en esta apuesta definitiva por el futuro de Panamá.
Uno de esos aspectos cardinales es el compromiso financiero hacia la SENACYT. Para ser serios con la ciencia y el desarrollo, esta administración tiene que dotar de fondos suficientes al Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (FONACITI), el cual hasta hoy ha sido mera letra muerta, un simple proyecto surrealista de papel. Este Fondo, creado para apoyar directamente al desarrollo científico y técnico, tiene que recibir un aporte multimillonario sustancial, ya sea bajo la figura de un fideicomiso administrado por instituciones sociales o bajo otra figura legal, que permita su dotación suficiente y su manejo eficiente, con carácter permanente. No sé de dónde saldría este dinero que hace falta proveer, pero eso es tarea de los que nos gobiernan y se puede hacer perfectamente, reajustando y reenfocando prioridades en los desembolsos gubernamentales. Porque si antes hubo abundante dinero para viajes, gastos de representación, boato y partidas circuitales y secretas, seguramente hay de adonde sacar dinero para dotar mejores laboratorios y bibliotecas, formar buenos científicos y tecnólogos jóvenes, incentivar la innovación empresarial y mejorar el desempeño académico, entre muchas otras cosas necesarias y urgentes.
El segundo aspecto crítico es el apoyo a la Ciudad del Saber. Muy poca gente entiende lo que puede significar este proyecto para el país, si se le enfoca correctamente y se le otorga el apoyo decisivo (financiero, fiscal, legal, etc) que demanda para arrancar y tener éxito. Casos como Singapur, Zhongguancun en Pekín o el Tokyo Academic Park, demuestran tajantemente que sólo cuando un país está dispuesto a meterse la mano en los bolsillos y a respaldar con incentivos concretos a sus parques de conocimiento, es cuando vienen las empresas de alta tecnología y las universidades de prestigio global a instalarse y a extender los beneficios económicos y científicos de su presencia en el país receptor. La Ciudad del Saber necesita un apoyo más firme del Estado y de la sociedad toda, para cuajar como el gran polo nacional de desarrollo que potencialmente representa.
Acciones como las mencionadas probablemente no sean del tipo de las que consiguen votos o muchos puntos porcentuales en encuestas. Pero sí representan pasos en la dirección correcta y son los que inscriben el nombre de un presidente en el libro de los estadistas que han hecho avanzar realmente a este país, apostando por sentar las bases para el futuro. Y si ello conlleva invertir millones en ciencia (a la vez que se atienden otras urgencias indiscutibles) sacándolos debajo de la tierra, como dicen los norteamericanos: "so be it", así sea. Pero ojo: hay que hacerlo ya. Como país, ya perdimos el quinquenio 1999-2004. Esto no puede volver a suceder.
(luis.wong@lycosmail.com)
El 26 de octubre, la SENACYT retomó dos iniciativas fundamentales que tuvieron su inicio en la gestión del Dr. Ceferino Sánchez (y que fueron torpemente truncadas por la patética gestión del gobierno anterior): un Programa Nacional de Becas Doctorales y otro de Subsidios a Proyectos de Investigación y Desarrollo. Pasos necesarios y correctos, que deben ser resaltados y apoyados con entusiasmo, de ninguna forma son suficientes para restituir la deuda moral hacia el saber nacional. El gobierno de Patria Nueva tendrá que esforzarse mucho más (y pronto) para hacer buena su palabra y acometer la generación creativa y el uso eficiente y real del conocimiento en el país, integrándole a la solución de nuestros múltiples problemas cognoscitivos, sociales, productivos, culturales, ambientales, etc.
Examinando los casos en donde este esfuerzo de impulsar el desarrollo y la modernización del país han tenido éxito, es evidente que se deben sentar las bases institucionales para que estos y otros esfuerzos que acometa la Nación, tengan continuidad y solidez, sustrayéndolos del dominio de la politiquería cuatrienal. Si alguna conclusión útil se puede sacar de la SENACYT durante el quinquenio 1999-2004 es que nunca más se debe permitir que la improvisación ignorante, la arbitrariedad excéntrica o la chabacanería vuelvan a retrasar y a frustrar el desarrollo nacional. Para ello, la ciencia nacional tiene que comenzar a conducirse de manera democrática y transparente, a través del diálogo público y honesto entre científicos, políticos, empresarios y el ciudadano común.
Por otro lado, el compromiso del Ejecutivo no debe limitarse al apoyo administrativo o político, de naturaleza básicamente retórica. Sin sustentarle con suficiente dinero, todo lo demás queda en simples buenas intenciones. Y en esto, hay dos acciones que definirán si los enunciados del programa electoral que mencionamos, se podrán cumplir o no. Si podremos pasar al nivel de un real entendimiento sobre la importancia de la ciencia involucrando al liderazgo político actual en esta apuesta definitiva por el futuro de Panamá.
Uno de esos aspectos cardinales es el compromiso financiero hacia la SENACYT. Para ser serios con la ciencia y el desarrollo, esta administración tiene que dotar de fondos suficientes al Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología (FONACITI), el cual hasta hoy ha sido mera letra muerta, un simple proyecto surrealista de papel. Este Fondo, creado para apoyar directamente al desarrollo científico y técnico, tiene que recibir un aporte multimillonario sustancial, ya sea bajo la figura de un fideicomiso administrado por instituciones sociales o bajo otra figura legal, que permita su dotación suficiente y su manejo eficiente, con carácter permanente. No sé de dónde saldría este dinero que hace falta proveer, pero eso es tarea de los que nos gobiernan y se puede hacer perfectamente, reajustando y reenfocando prioridades en los desembolsos gubernamentales. Porque si antes hubo abundante dinero para viajes, gastos de representación, boato y partidas circuitales y secretas, seguramente hay de adonde sacar dinero para dotar mejores laboratorios y bibliotecas, formar buenos científicos y tecnólogos jóvenes, incentivar la innovación empresarial y mejorar el desempeño académico, entre muchas otras cosas necesarias y urgentes.
El segundo aspecto crítico es el apoyo a la Ciudad del Saber. Muy poca gente entiende lo que puede significar este proyecto para el país, si se le enfoca correctamente y se le otorga el apoyo decisivo (financiero, fiscal, legal, etc) que demanda para arrancar y tener éxito. Casos como Singapur, Zhongguancun en Pekín o el Tokyo Academic Park, demuestran tajantemente que sólo cuando un país está dispuesto a meterse la mano en los bolsillos y a respaldar con incentivos concretos a sus parques de conocimiento, es cuando vienen las empresas de alta tecnología y las universidades de prestigio global a instalarse y a extender los beneficios económicos y científicos de su presencia en el país receptor. La Ciudad del Saber necesita un apoyo más firme del Estado y de la sociedad toda, para cuajar como el gran polo nacional de desarrollo que potencialmente representa.
Acciones como las mencionadas probablemente no sean del tipo de las que consiguen votos o muchos puntos porcentuales en encuestas. Pero sí representan pasos en la dirección correcta y son los que inscriben el nombre de un presidente en el libro de los estadistas que han hecho avanzar realmente a este país, apostando por sentar las bases para el futuro. Y si ello conlleva invertir millones en ciencia (a la vez que se atienden otras urgencias indiscutibles) sacándolos debajo de la tierra, como dicen los norteamericanos: "so be it", así sea. Pero ojo: hay que hacerlo ya. Como país, ya perdimos el quinquenio 1999-2004. Esto no puede volver a suceder.
(luis.wong@lycosmail.com)