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Privatizaciones y otros problemas


Si miramos atrás los resultados obtenidos con las privatizaciones en el mundo, tenemos que llegar a las conclusiones que fueren el eje económico en muchos países en el orbe. Por experiencia se sostenía que los gobiernos son malos administradores de los servicios públicos, lo cual fue constatado por nosotros en nuestro terruño y muchos sosteníamos que en manos particulares marchaban mejor. Aparentemente esto era una realidad, pero nos convencimos de lo contrario.
El IRHE y el INTEL, con todos sus defectos, producían a la economía nacional una suma considerable que engrosaba anualmente los recursos del Estado. El gran error era la burocracia que se creó para su manejo. Los empleados de esas dos entidades eran los mejor pagados en la planilla estatal. Se politizó todo lo concerniente a ellos y los sindicatos que allí existían, manejaban a presión todo lo que respecta a su administración. Había que ponerle freno al abuso administrativo y la mejor forma que se encontró fue la privatización, dando participación mezquina a los trabajadores, con el consiguiente perjuicio económico nacional.
Se habla ahora de privatizar el IDAAN. La experiencia del pueblo no es la mejor relacionada con los costos de los servicios públicos en la actualidad. A partir del próximo año subirá el valor de la corriente eléctrica y las comunicaciones, por los contratos que se firmaron y la larga cadena de golpes al bolsillo de los menos pudientes se hace insoportable. Si bien es cierto que los servicios han mejorado, es el pueblo que indirectamente paga estas mejoras, que hubiesen tenido que asumirlas las empresas nacionales de servicios. Imprevisión de los que hicieron los arreglos. Tenían una papa caliente entre manos, además que atender las exigencias de los acreedores internacionales, llámese IFIs, Banco Mundial, etc. La gran falacia es que nadie gobierna pensando en mejorar las condiciones del conglomerado. Primero son los intereses de los que toman las decisiones, no importa a quienes afecten.
Hoy la incertidumbre que se cierne sobre la población no tiene límites. Cada día los costos de subsistencia son mayores y como si fuera poco, el alza del petróleo, que es mundial, incide en todos los rubros de producción y venta. El clamor general de los sectores productivos es inmenso. Como si fuera poco, la baja en el precio del café sigue golpeando el agro.
Yo no creo en milagros. Lo que hay que hacer es economizar al máximo para ajustar los costos que se incrementan cada día. Los panameños somos poco dados a ahorrar, vivimos adelantados, gastando lo que nos entrará sin los debidos controles.
La explotación de los más humildes sigue siendo moneda corriente. Muchos extranjeros que vienen en busca del dólar, ligero logran acumular grandes capitales en negociados leoninos que salen del control de lo que podría ser un trabajo de la Oficina de Protección al Consumidor.
Estamos llegando a un punto comparable al que existía en 1989, que se solucionó con el gobierno de Endara, que con todas las críticas que se le hizo, niveló en corto tiempo la economía nacional. Al Contralor General de la República de entonces se le debe, en gran parte, el auge que se logró.
Hemos esperado el despegue económico que se suponía que podía producirse a mediados del presente año y nada se ha realizado.
El gobierno debe hacer una revisión de salarios y hacer los ajustes a todos los niveles. Se debe descontinuar la práctica de nombrar personal subalterno sin conocimientos, con ingresos mayores que sus jefes, que por largos años han venido laborando y tienen que entrenar a los que llegan. Esto es insólito y contraproducente. Hay que poner coto a estos abusos producto de ayuda a los copartidarios del gobernante de turno, con el consiguiente perjuicio de los que tienen que acudir a oficinas públicas, donde la burocracia va en aumento. Esperemos mejores días.

101 años de Panamá América

 
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