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Privatizar las cárceles


El director de la Policía Nacional, Rolando Mirones ha dicho que tiene 1,500 hombres de su pie de fuerza haciendo "de niñeras de los presos", cuando debería tenerlos cuidando las calles y los barrios. Tiene razón.
Una solución podría ser entrenar más custodios civiles. Esa parece ser la opción elegida por el Ministerio de Gobierno y Justicia; pero podría no ser la mejor. Ellos no pueden controlar a los presos y, a la postre terminan controlados por éstos. Es más, eso ocurre hasta con los policías, como lo demuestran las fugas y los negocios lícitos e ilícitos manejados por reclusos que proliferan en las cárceles a ciencia y paciencia de las autoridades.
Volvamos al principio. No tiene sentido seguir ocupando 1,500 policías para servir y custodiar reclusos. Y los custodios civiles no son la solución. Al margen de eso están los gastos en salarios, alimentación y mantenimiento de las cárceles que, pese a todo, siguen siendo un desastre. ¿Cuál es el remedio? Muy sencillo, privatizar las cárceles.
Bajo el nuevo esquema, se licitaría la administración de cada centro carcelario y la construcción de nuevos, para propiciar la competencia. Las concesionarias estarían obligadas a prestar servicios de custodia, alimentación, resocialización y mantenimiento de los recintos, debiendo dotarlos de condiciones óptimas, bajo estricta supervisión. Eso es lo que se hace en Estados Unidos y Puerto Rico, por mencionar dos países.
Las empresas concesionarias cobrarían por el servicio y tendrían la potestad de explotar el trabajo de los reclusos, como parte de su rehabilitación. Cada uno de ellos, saldría con algunos ahorros y con alguna profesión u oficio producto de sus labor remunerada y de los estudios y formación que reciban.

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