Problemas en Argentina
Paralelamente a la crisis política interna se agudizaron los indicadores económicos de la recesión que se arrastraban de la etapa final del gobierno de Menem. La virtual ruptura de la coalición precipitó la fuga de capitales al extranjero, retardó inversiones a punto de concretarse y creó un clima poco propicio para atender problemas que demandan cabeza fría como el desentendimiento con Brasil en el Mercosur y la inflación de costos energéticos.
La subida del desempleo, la fatiga psicológica de la clase media, la disminución del esfuerzo productivo se aceleraron en medio de una crisis que llevó a muchos argentinos a recordar los días críticos del gobierno de Raúl Alfonsín y consiguientemente llegar a la certeza general de que los radicales argentinos no son buenos para el manejo económico. El ministro de Economía José Luis Machinea pasó de una postura triunfalista a la aceptación de no que hay otra salida a la crisis económica que el tratamiento de shock del Fondo Monetario Internacional.
Bajo estas circunstancias, terapéuticas como el recorte del gasto público y la reducción de los salarios de los trabajadores estatales llevan más leña a la hoguera política. De la Rúa prometió atender los viejos reclamos de los desempleados y los jubilados impagos durante la campaña electoral, pero reconoce que no tiene otra alterativa que llevar a cabo medidas de ajuste para obtener un crédito contingente de diez mil millones de dólares del FMI y el BID. Los gobiernos radicales de Arturo Illia, Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín navegaron en el pasado en mares agitados por una combinación de factores políticos y económicos que De la Rúa se comprometió a resolver, asegurándose una plataforma política conjunta con grupos de centro izquierda opuestos a los rejuegos peronistas. Pero como dijo Martín Fierro, una cosa es con guitarra y otra cosa con cajón.
La subida del desempleo, la fatiga psicológica de la clase media, la disminución del esfuerzo productivo se aceleraron en medio de una crisis que llevó a muchos argentinos a recordar los días críticos del gobierno de Raúl Alfonsín y consiguientemente llegar a la certeza general de que los radicales argentinos no son buenos para el manejo económico. El ministro de Economía José Luis Machinea pasó de una postura triunfalista a la aceptación de no que hay otra salida a la crisis económica que el tratamiento de shock del Fondo Monetario Internacional.
Bajo estas circunstancias, terapéuticas como el recorte del gasto público y la reducción de los salarios de los trabajadores estatales llevan más leña a la hoguera política. De la Rúa prometió atender los viejos reclamos de los desempleados y los jubilados impagos durante la campaña electoral, pero reconoce que no tiene otra alterativa que llevar a cabo medidas de ajuste para obtener un crédito contingente de diez mil millones de dólares del FMI y el BID. Los gobiernos radicales de Arturo Illia, Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín navegaron en el pasado en mares agitados por una combinación de factores políticos y económicos que De la Rúa se comprometió a resolver, asegurándose una plataforma política conjunta con grupos de centro izquierda opuestos a los rejuegos peronistas. Pero como dijo Martín Fierro, una cosa es con guitarra y otra cosa con cajón.