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Proceso eleccionario en EE.UU.


Tuve la oportunidad de presenciar las elecciones presidenciales en EE.UU; y estuve al tanto de los médicos de comunicación norteamericanos. Hay muchas cosas que debemos tener presente en nuestro acontecer político. El dinero es vital y sus gastos no tienen ningún control en EEUU. Se calculan que Barack Obama gastó entre las primarias de su partido y las elecciones generales un billón de dólares. A esto hay que agregar las sumas que destinaron los candidatos a senadores y representantes, los gobernadores y alcaldes.

Me llamó mucho la atención la campaña negativa, llevada a los extremos, por los distintos candidatos. No sólo se analizaron las posiciones de cada aspirante tenía en el pasado, también se escudriñó la vida privada de ellos y aún hasta de parientes más allegados. Siguen al pie de la letra la máxima: "El pasado es el mejor profeta sobre el futuro".

Los gastos principales de los distintos candidatos, incluyendo a los aspirantes a la Presidencia, por supuesto, se han destinado en sumas cuantiosas a hacer su propaganda con sus planes de gobierno y sus campañas negativas utilizando los distintos medios de comunicación. Por supuesto, hay otros gastos de la movilización de los simpatizantes con el candidato. No hubo papeletas o afiches que afectaran o afearan las ciudades. En esto los partidos y los candidatos cumplieron con las disposiciones. Hay una cosa en el sistema norteamericano que es admirable: Al pasar las elecciones los candidatos, principalmente, a la Presidencia se unen y tratan, por encima de las diferencias políticas, de encaminar sus acciones a mantener los principales intereses de la nación. Sean, estas acciones en sus políticas internas como en las del exterior. La cordial y productiva reunión de Bush y Obama es prueba de ello.

EE.UU. pone siempre como prioridad sus intereses y en esto no hay diferencia entre republicanos y demócratas. Aún con los errores y las limitaciones que el sistema democrático tiene hasta ahora, el mismo es el mejor de todos. Allí, como debía ser en todas las naciones, manda el voto del pueblo y no el capricho de un gobernante.

Unamuno dijo sobre la democracia: "No me entusiasman grandemente las democracias, pero hoy son ya inevitables. La democracia es acaso, como la guerra y tal vez la civilización misma -¡y quien sabe si la vida!-, un mal necesario. Hay que aceptarla o sucumbir. Y la democracia nos impone más obligaciones y deberes que nos confiere privilegios y derechos. Y el primer deber que la democracia nos impone es el de interesarnos en el manejo de la cosa pública".

101 años de Panamá América

 
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