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Productividad, la clave


Apartir de la divulgación del déficit fiscal de $720 millones por el nuevo Gobierno, expertos y no expertos han recomendado varias medidas para solucionar dicha brecha financiera. Un grupo propone el aumento de los impuestos; otro plantea la reducción del gasto público, mientras que un tercero, la combinación de ambos. La experiencia nos señala que la primera no es una opción viable políticamente, a menos que el contribuyente perciba que su carga tributaria disminuirá; la segunda, usualmente recae en gastos de inversión física, cuya reducción afecta las perspectivas de crecimiento económico a largo plazo al disminuir el acervo de capital fijo. La tercera, es viable si se cumple con los criterios de eficiencia y equidad.
El aumento de la productividad de los planes del sector público permitirá liberar los recursos financieros para reducir el déficit fiscal o bien expandir otros programas esenciales. Si los responsables de la política económica se comportaran como el homo economicus, ser de racionalidad ilimitada, seguirían dos principios: la provisión de bienes públicos (e.g. estabilización económica, protección de los pobres, seguridad interna) al más bajo costo posible; y la combinación óptima de los programas públicos, o sea, no producir o financiar mucho o poco de un determinado servicio gubernamental. La reducción del gasto público no sería efectiva si no va acompañada del mejoramiento en la productividad, ya que esto significaría una caída en el valor agregado del gobierno y, por lo tanto, en el crecimiento de la producción a corto plazo.
¿Cómo identificar si un gasto específico o programa es eficiente? Simplemente observando la otra cara de la moneda: la ineficiencia. Como evidencias de ésta, puedo mencionar la situación de la CSS, con un exceso de 5,000 funcionarios, quienes algunos tienen que compartir la silla y el escritorio; donde es difícil conseguir los medicamentos prescritos por el médico o se tiene que madrugar para una cita; el deterioro de la autopista Arraiján-La Chorrera, un potencial peligro para los usuarios, no obstante el pago de peaje; el incremento de la pobreza a pesar de que Panamá registra el más alto gasto social per cápita de Centroamérica y el ejercicio de una posición cuando no se cuenta con el perfil apropiado (abogados ejerciendo funciones de economistas en algunas instituciones del Estado, violando la ley que rige la profesión). ¿Puede imaginar un economista (que no sea abogado) como magistrado de algún tribunal de justicia?
No basta mirar el lado de los impuestos ni el nivel agregado del gasto público, también es necesario ver la productividad y composición de los programas públicos para un ajuste fiscal sostenible. Así habría mayor disponibilidad de recursos financieros sin incrementar tributos.
¨Ñatore"...y sus vestidos son sucios, harapientos; su hogar húmeda choza; su lecho un pajonal... "Ñatore"...y nunca supo de mimos ni de besos... descanso jamás tuvo su cuerpo de animal..!
"Y la llaman "hermana" los que siguen a Cristo y "camarada" dicen los que en vanguardia van, pero no comprende ni aquél ni el otro idioma, ella tan sólo sabe decir "Ñatore may". (Fragmentos, "Ñatore may", María Olimpia de Obaldía, la Alondra Chiricana).
Para la raza incauta, resignada y vencida, el tiempo y las fechas no significan nada.

101 años de Panamá América

 
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