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¡Prohibido olvidar!


A la hora en que salen los ladrones como alimañas, de sus madrigueras, salieron de las fauces del infierno a robarnos la paz y la bandera, ¡las hienas del imperio con sus bombas, sus cohetes, sus bazukas y tanquetas! Vinieron como lobos por los cielos, y los cielos rabiaron de impotencia. Vinieron con espadas luminosas, su artillería y aeronaves negras; con voraces helicópteros y luces que quemaban las trincheras; con naranjas incendiarias y rayos infrarrojos en viseras. Vinieron con sus odios drogadictos y las tecnologías más siniestras, ¡porque nunca la Historia conoció armas devastadoras como éstas! ¡Vinieron con 40 mil puñales a matar en Nochebuena!
Y todas estas naves, rayos y corazas, ¿para invadir, quizás, a otro planeta? ¿Para atacar, acaso, a extraterrestres?
Dormidas en capullos, las familias soñaban lo de siempre en Nochebuena, pero Satán no quiso que soñaran para quemar sus cuerpos en la hoguera, porque era el mismo Diablo quien venía a imponer su reinado aquí en la Tierra. ¡El Diablo que venía a reclamar al mundo, el monopolio de la guerra! ¡El Diablo y sus aviones invisibles a bombardear a todas las banderas! Relampagueaban sordos fucilazos. El Chorrillo moría entre las llamas. Estallaban misiles, y los láseres abrían el camino de las balas. Asustadas, las gentes no sabían qué ocurría, ¡y corrían alocadas! Tomaban a los niños en sus brazos pero, ¡tantos quedaron en sus camas! Y al salir aterradas por las calles, las hienas las mataron como a ratas en calles y edificios, aceras, hospitales y en sus casas; con las manos en alto, e implorando a las hienas, ¡piedad!, mas disparaban. Pero, no eran soldados sino bestias y sólo su mirar encandilaba. ¡Nunca vio tanto crimen una noche, ni una noche jamás vio tanta matanza! Con sus tanques aplastaron autos con gente dentro que escapaba. Machacaron los cuerpos, ¡aún con vida! Y con sus bayonetas remataban. A un guardia lo amarraron a un poste, jugando al tiro blanco; y aquéllos, maniatados con alambres, ¡los hallamos con tiros en sus caras!
Miles de heridos, rotos en las calles, sin ninguna piedad se desangraban, pues las hienas cobardes atacaron a la Cruz Roja y a las ambulancias. ¡Que no valían la pena los heridos! ¡Salía más barato darles balas! ¡Y cortaron los senos a mujeres! ¡Y violaron a múltiples muchachas! ¡Y cuántos estudiantes en Río Hato, ametrallados fueron en piyamas? ¡Y cuántos policías que dormían, acribillados fueron a mansalva? Con las manos en alto los mataron.
La patria agonizó por los potreros, en retenes, en buses y en las playas. Agonizó en los mares y en los ríos, en manglares, en montes y en quebradas. ¿Cuántos miles mataron esas hienas? ¿Cuántos miles, heridos por sus garras? Todo porque el Imperio no quería desmantelar sus bases y sus armas, y para que el Canal, en manos suyas, ¡siguiera envenenando nuestras aguas! ¡40 mil puñales asesinos para matar de un golpe a nuestra patria!
(Nota: Al cumplirse hoy, 20 de diciembre de 2004, 15 años de la innecesaria, injusta, cruel e ilegal invasión de EE.UU a Panamá, quiero compartir mi visión propia de la infamia cometida contra nuestro país en nombre de la "libertad", la "democracia" y la "lucha contra el narcotráfico". Esta percepción es el fruto del examen de los hechos acaecidos el 20 de diciembre de 1989; de mi experiencia directa con el acontecimiento y de mis contactos con cientos de víctimas, familiares y testigos de la matanza, quienes nos han relatado cómo se efectuó lo que sus beneficiarios calificaron de "liberación" y que nosotros llamamos "agresión". Expreso mi condena y repudio a los partidos y dirigentes políticos, personalidades nacionales, intelectuales, figuras "progresistas", gremios profesionales y empresariales, quienes han convertido su silencio y complicidad ante la invasión en un "modus vivendi" ventajoso con la superpotencia y en un acto de traición nacional. Repruebo, además, a quienes en éste y en anteriores gobiernos, en vergonzoso y abyecto entreguismo, han prohibido, castigado, perseguido y censurado todo acto de recordación o conmemoración de aquel acto bárbaro.)

101 años de Panamá América

 
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