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Propinas


Se dice del famoso muy conocido y acaudalado señor inglés Rothschild que en una ocasión montó en un taxi y al final de la carrera, al pagar por ella añadió una propina un tanto exigua. El conductor no pudo reprimir su descontento y la dijo: -“Usted perdone, pero le digo que su hijo me hubiera dado una mejor propina”-. Y el señor le respondió: -“El puede hacerlo porque tiene un padre rico”.

Algo similar ocurrió también una vez en Barcelona, muchísimos años antes de que se inventara el automóvil. El transporte público se hacía entonces en coche. Un conocido y acaudalado señor, Manuel Girona, al bajarse de uno de ellos tras una carrera, al pagar le dio muy poca propina. Sorprendido, el cochero le dijo: -“Señor, su hijo me da mucha más propina que usted”. Y le respondió: “¡Oh, mi hijo! El es el hijo de don Manuel Girona; yo no”.

También se dice que al norteamericano John Davison Rockefeller, quien daba pocas propinas, en una ocasión le dijo el maître de un restaurante: -“Señor Rockefeller, si yo fuese millonario como usted, no ahorraría en propinas”. Y le replicó: -“Le agradezco la información; pero si yo no hubiera ahorrado en propinas y en otras muchas cosas, acaso no sería ahora millonario”.

En otra ocasión, al retirarse un cliente del restaurante donde había almorzado, un mesero se le acercó a otro y le dijo: -“Ese cliente que acaba de irse, no solamente es tacaño, y no da propina y es ofensivo”-. -“No puede ser. Yo vi cuando él te daba y tú recibías”. -“Sí, y me dijo: Toma para un café”. -“Bueno, pero te dio”. -“Sí. Me dio un cubito de azúcar”.

101 años de Panamá América

 
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