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A propósito de la invasión


Hace poco estudiaba con mi hijo un material que le facilito el profesor de historia para presentar el respectivo examen final de la materia. El interesante compendio, presentaba el recuento histórico desde 1968 hasta nuestros días.

Como de hace años, poco a poco, estoy inmerso en un trabajo a costo propio de revisar nuestra historia patria, no me sorprendió encontrar una sarta de mentiras, contrariedades y la presentación de hechos desdibujados a favor de la misma “tendencia” que reescribió nuestra historia a partir de la dictadura militar.

A propósito de la invasión, usted encuentra veleidades como: “el movimiento de la señora Corro congregaba hasta diez mil personas en cada manifestación pública…”, “los muertos de la invasión suman cerca de cien mil…” No trato de disminuir el impacto negativo que este hecho sin precedentes tuvo en muchas familias panameñas, pero ¿Por qué mentir? ¿Por qué desdibujar la historia?

Obviamente ese tipo de escritos no resisten al menor análisis, pero responden a una línea ideológica definida. No obstante, se ignora irresponsablemente que esa no es la razón por las cuales los padres enviamos a nuestros hijos a la escuela.

¿Ustedes se imaginan el impacto político para nuestra sociedad en los últimos 20 años si las manifestaciones de los familiares de las victimas llegaran a esa cifra? ¿Puede pensar en la notoria ausencia de 100 mil personas en un país de escasos 3 millones?

Es vergonzoso que en una escuela privada, con un pasquín como este se pretenda educar a nuestros adolescentes. ¿Qué no sucederá en nuestras escuelas públicas con respecto a este tema? Ya he hecho énfasis en esto con frecuencia y elevo la voz a nuestras autoridades de educación para que pongan atención a este problema fundamental.

En 40 años, todavía viven muchos de los protagonistas, todavía se conservan los periódicos de la época en las hemerotecas, existen los relatos balanceados de observadores extranjeros en diferentes formatos, no es tan difícil pero requiere trabajo.

La labor de investigación y una real docencia es preferible a que nuestros educadores estén enseñando, invenciones estúpidas, flagrantes mentiras, exageraciones e inexactitudes, resabios de la dictadura militar que aún sin charretelas, se apoderó hasta de la educación de nuestras hijos.

Ser objetivo es reconocer por ejemplo, que no todos los que pelearon aquel 20 de diciembre, lo hicieron por estar del lado de Noriega o de las FDP.

Hay que escoger una Comisión de Notables. Por supuesto que al final se trata de conservar los relatos históricos de una manera desapasionada, sin responder a una ideología en particular.

Anhelamos el día que la educación sea suficientemente objetiva, para que le ofrezcan a nuestros hijos la verdad histórica inalterable.

101 años de Panamá América

 
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