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A propósito de las negociaciones con EU


Economista
Dijo una vez San Agustín: "Por lo que digan de ti en ese amplio teatro de la plaza, no te turbes, tú, más bien, entra en el pequeño teatro de tu conciencia, pequeño, sí, pero ahí el espectador es Dios". Siempre hemos tratado de actuar con apego a nuestra conciencia, de buena fe, con profunda convicción en lo que creemos, siendo consecuentes con lo que pensamos, con sinceridad y sana pasión, honestamente.
Es por ello que jamás podremos arrepentirnos de haber sido portavoces de una posición nacionalista básica y de haber luchado por defender la Independencia Nacional y la Integridad Territorial del Estado; esos principios son inclaudicables. Y esto es así, porque no hay unidad nacional sin nación, y no hay Estado sin independencia. Ciertamente, los tiempos cambian, los programas cambian, los métodos cambian, pero los principios no.
Tenemos una conciencia histórica que no podemos ni queremos acallar, siendo esto así no cabría en nuestra persona y pensamiento, guardar silencio y aceptar, sin mayor explicación ni detalle, la presencia de tropas del ejército estadounidense en Panamá, más allá de lo estipulado en los Tratados TorrijosCarter.
Es un contra sentido que no exista el ejército nacional y que permitamos la presencia de otro ejército extranjero sobre nuestro territorio.
Para los torrijistas, herederos y guardianes de los postulados descolonizadores es de principio, que se cumpla con la letra de los Tratados, y que, bajo toda circunstancia, se preserve la jurisdicción de la República de Panamá sobre todo su territorio, después del mediodía brillante del 31 de diciembre de 1999.
Indiscutiblemente, el contexto histórico internacional ha cambiado, así como la tesis de la confrontación, ha sido superada por la de la coexistencia pacífica, sobre la base del mutuo respeto entre Estados soberanos, el mundo requiere de todos los hombres la promoción de una cultura de paz... paz que todos anhelamos... paz que pasa necesariamente por el respeto a la independencia y la autodeterminación de todas las naciones... paz que pasa necesariamente por el rechazo de toda forma de intervencionismo y presión... paz que ha de pasar por la salida del último soldado norteamericano de nuestro suelo patrio.
Es nuestra convicción más íntima, que lo que conviene más a los intereses nacionales, es el perfeccionamiento de nuestra independencia. Los tratados TorrijosCarter implican el hecho de la descolonización progresiva del país y el avance de la consolidación del Estado Nacional y de su identidad.
La existencia de bases militares extranjeras, en el corazón de nuestra patria, además de agredir nuestro orgullo soberano, significa una ruptura del sentido histórico de culminación de una lucha generacional.
Pero además, con visión de futuro, hay que decir que el cierre de bases militares ofrece la oportunidad única para revitalizar el sector manufacturero en Panamá, especialmente en un área que tiene ventaja comparativa, por sus estructuras y proximidad al canal y a los puertos, así como también para expandir los servicios industriales y comerciales.
Para los que equivocadamente piensan que la "soberanía no se come", les decimos que deben ver las bases y las tierras por revertir, como maquinarias económicas para la creación de empleos y su incorporación activa integrada al desarrollo nacional, redundará en mayores beneficios a mediano y largo plazo, para nuestra economía, de los que pudiéramos obtener con su permanencia.
Luego entonces, con mi conciencia libre, asumo que existen razones morales, históricas, patrióticas y también económicas, que nos hacen repetir alto y claro, como hablaron nuestros mártires: ¡Bases militares No!
En ese legado que nos dejaron generaciones y generaciones de panameños que lucharon por altrutistas ideales de independencia y dignidad, y que nos enseñan que el sano nacionalismo, es la fuerza subyacente que motiva en la Nación, todo sublime propósito, desarrollo y logro.

101 años de Panamá América

 
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