A propósito de una cena con Martín
Era un domingo en la tarde; de un sol resplandeciente, de esos que no permiten poner en duda que el verano se ha instalado en propiedad. Habíamos sido convocados, Martín Torrijos y yo, por un amigo común que estaba de visita en el país, para compartir con él una cena e intercambiar opiniones en torno a la candidatura que, como es sabido, impulsa Martín.
La cita fue concertada para que atendiéramos un simpático restaurante de la localidad, cuya especialidad son los paltos típicos de las islas del Caribe. El lugar seleccionado no pudo ser mejor puesto que, tanto el anfitrión, como quien les relata, tenemos profundas raíces en el Caribe. Y Martín, por haber convivido durante algún tiempo con nuestro amigo común, no le resultaban desconocidas las viandas afroantillanas. De modo que era un entorno amigable para una cena dominical, al decir de mi abuela, "ah Sunday dinna".
Como quiera que la invitación tenía como propósito el tema de la candidatura, sin más preámbulos, tan pronto nos sentamos a la mesa, iniciamos el diálogo con candidez. Deseo confesar, que desde el momento que recibí la invitación me pareció que no debía desaprovechar la oportunidad para exteriorizarse al candidato el contenido de algunas reflexiones que había venido haciendo, en torno al sentido que podría tener su aspiración presidencial para los afropanameños. Así procedí, total, estaba claro que la cena era un pretexto de nuestro anfitrión para abordar esa particularidad, puesto que él mismo era un afropanameño que había tenido un papel relevante en la organización que dirigió el Reverendo Martin Luther King, durante los aciagos años de lucha por los Derechos Civiles en los Estados Unidos de América, y también había sido instrumental en el proceso de impulso y ratificación de los Tratados Torrijos-Carter, en la década de 1970.
De entrada, le señalé al candidato que me resultaba sumamente cómodo abordarlo con el tema de la necesidad de establecer en su plataforma de gobierno, un conjunto de políticas públicas destinadas a garantizar igualdad de oportunidades para los afropanameños en el país y una amplia participación de éstos en la conducción de los asuntos de Estado, puesto que confiaba en que él, como hijo del General Torrijos, tendría presente lo que fue la actuación de su padre en este ámbito.
En la conversación me tomé la libertad de señalarle que recordaba, al igual, estoy seguro, que muchos otros afropanameños, que durante el gobierno que dirigió su padre, como nunca en nuestra historia republicana, los sectores subalternos de la sociedad panameña, entre ellos, las denominadas minorías étnicas, experimentaron una revalorización de su participación en la vida nacional. No sólo fueron recuperados y colocados en mejor sitial las importantes contribuciones materiales y espirituales de estos sectores a la construcción del Estado e identidad nacional panameños, sino que se generaron condiciones en el país, que permitieron avances significativos en cuanto al desarrollo de esos contingentes humanos, como especificidad en una sociedad multiétnica y plurirracial como la nuestra. En síntesis, le dije que "en tiempos de Torrijos a los indios, cholos y negros nos fue mejor que en cualquier otra época", y que él, Martín, debía tener eso muy presente.
Me pareció importante atraer su atención al pervertido proceso de exclusión social por el cual atraviesa buena parte de la población, y que en el caso particular de los afropanameños, viene agravado por un sinnúmero de prejuicios y acciones discriminatorias que se ejercen frente a éstos, y que se expresan en las formas más variadas, pero con la contundencia y el efecto degradante de todo acto injusto.
Luego de hacerle una relación de hechos y situaciones que ocurren en el país, que dan cuenta de la exclusión fundada en, además de otras razones, el color de la piel, Martín convino en que, ciertamente, la sociedad panameña adolecía de problemas en este orden y que era su propósito contribuir a desterrarlos, a través de políticas públicas que se pondrían en efecto, una vez alcanzado el solio presidencial. Señaló que sus convicciones éticas y políticas lo colocaban por encima de cualquier consideración al color de la tez de los seres humanos, y que los panameños y las panameñas podíamos tener la absoluta certeza de que en su gobierno habría cabida para todos(as) sin consideración a esa particularidad.
Por supuesto, nuestro anfitrión exteriorizó sus puntos de vista sobre el tema que estaba, en este caso, literalmente en el tapete, haciendo mayor énfasis en la personalidad de su amigo Martín Torrijos, a quien conocía desde que era pequeño, y la confianza que le merecía como aspirante a la Presidencia de la República.
Descubrí en esa cena algunas intimidades de la relación que unía al candidato con nuestro anfitrión, entre ellas, que éste último había sido su tutor durante los años que cursó estudios en los Estados Unidos. Ello me resultó realmente interesante y de allí derivaron un conjunto de reflexiones. ¿Un afropanameño acudiente del hijo del General Omar Torrijos? ¿Cómo ha influido esa circunstancia en los criterios de Martín sobre los prejuicios raciales?, etc., etc.
Aún como interrogante, ese "elemento" me ayudó a entener el ambiente familiar y ameno en que se desarrolló la cena, esa tarde, y la facilidad y franqueza con el que discurrió nuestra plática.
No he tenido la oportunidad, como la que se me ofreció con el candidato Martín Torrijos, de dialogar con el ingeniero Alberto Vallarino, ni con doña Mireya Moscoso, con quien he cruzado apenas un saludo cordial, a propósito de una visita de trabajo que realicé a su oficina en días pasados. No sé cuáles son los puntos de vista de ambos, sobre el tema de la falta de igualdad de oportunidades, en Panamá, en virtud de las veladas y no pocas veces abiertas actitudes y acciones sesgadas por los prejuicios y el discriminación racial del que es objeto parte significativa de la población afropanameña. Sin embargo, estimo, y seguramente otros compatriotas también, que es imperativo que aborden el tema, públicamente. Al final de cuentas, me parece que contribuye al proceso de democratización de la sociedad panameña, el que los dos candidatos y la candidata a la presidencia de la república, incorporen a sus respectivas propuestas de gobierno, políticas encaminadas a crear mejores condiciones para la participación igualitaria de todos los ciudadanos y las ciudadanas en la vida nacional y que, sobre todo, cumplan con la implementación de las mismas, de ser elegidos.
Nos pareció importante, por el contenido del diálogo que allí se desarrolló, compartir con ustedes una velada de la cual fuimos partícipes y que, a no dudarlo, se asomará en nuestra mente el día 2 de mayo, próximo. Por otro lado, quizás habría sido mezquino privarlos a ustedes de una experiencia a la cual asistieron tantas personas, puesto que a esa misma cena, y esto no se los había dicho antes, nuestro anfitrión, Cirilo Mc Sween, también invitó a más de 350 comensales, todos de la comunidad afropanameña, quienes al unísono, le hicimos llegar, al candidato Martín Torrijos, los señalamientos que aquí se sintetizaron. Todo el diálogo se desarrolló con micrófono abierto.
La cita fue concertada para que atendiéramos un simpático restaurante de la localidad, cuya especialidad son los paltos típicos de las islas del Caribe. El lugar seleccionado no pudo ser mejor puesto que, tanto el anfitrión, como quien les relata, tenemos profundas raíces en el Caribe. Y Martín, por haber convivido durante algún tiempo con nuestro amigo común, no le resultaban desconocidas las viandas afroantillanas. De modo que era un entorno amigable para una cena dominical, al decir de mi abuela, "ah Sunday dinna".
Como quiera que la invitación tenía como propósito el tema de la candidatura, sin más preámbulos, tan pronto nos sentamos a la mesa, iniciamos el diálogo con candidez. Deseo confesar, que desde el momento que recibí la invitación me pareció que no debía desaprovechar la oportunidad para exteriorizarse al candidato el contenido de algunas reflexiones que había venido haciendo, en torno al sentido que podría tener su aspiración presidencial para los afropanameños. Así procedí, total, estaba claro que la cena era un pretexto de nuestro anfitrión para abordar esa particularidad, puesto que él mismo era un afropanameño que había tenido un papel relevante en la organización que dirigió el Reverendo Martin Luther King, durante los aciagos años de lucha por los Derechos Civiles en los Estados Unidos de América, y también había sido instrumental en el proceso de impulso y ratificación de los Tratados Torrijos-Carter, en la década de 1970.
De entrada, le señalé al candidato que me resultaba sumamente cómodo abordarlo con el tema de la necesidad de establecer en su plataforma de gobierno, un conjunto de políticas públicas destinadas a garantizar igualdad de oportunidades para los afropanameños en el país y una amplia participación de éstos en la conducción de los asuntos de Estado, puesto que confiaba en que él, como hijo del General Torrijos, tendría presente lo que fue la actuación de su padre en este ámbito.
En la conversación me tomé la libertad de señalarle que recordaba, al igual, estoy seguro, que muchos otros afropanameños, que durante el gobierno que dirigió su padre, como nunca en nuestra historia republicana, los sectores subalternos de la sociedad panameña, entre ellos, las denominadas minorías étnicas, experimentaron una revalorización de su participación en la vida nacional. No sólo fueron recuperados y colocados en mejor sitial las importantes contribuciones materiales y espirituales de estos sectores a la construcción del Estado e identidad nacional panameños, sino que se generaron condiciones en el país, que permitieron avances significativos en cuanto al desarrollo de esos contingentes humanos, como especificidad en una sociedad multiétnica y plurirracial como la nuestra. En síntesis, le dije que "en tiempos de Torrijos a los indios, cholos y negros nos fue mejor que en cualquier otra época", y que él, Martín, debía tener eso muy presente.
Me pareció importante atraer su atención al pervertido proceso de exclusión social por el cual atraviesa buena parte de la población, y que en el caso particular de los afropanameños, viene agravado por un sinnúmero de prejuicios y acciones discriminatorias que se ejercen frente a éstos, y que se expresan en las formas más variadas, pero con la contundencia y el efecto degradante de todo acto injusto.
Luego de hacerle una relación de hechos y situaciones que ocurren en el país, que dan cuenta de la exclusión fundada en, además de otras razones, el color de la piel, Martín convino en que, ciertamente, la sociedad panameña adolecía de problemas en este orden y que era su propósito contribuir a desterrarlos, a través de políticas públicas que se pondrían en efecto, una vez alcanzado el solio presidencial. Señaló que sus convicciones éticas y políticas lo colocaban por encima de cualquier consideración al color de la tez de los seres humanos, y que los panameños y las panameñas podíamos tener la absoluta certeza de que en su gobierno habría cabida para todos(as) sin consideración a esa particularidad.
Por supuesto, nuestro anfitrión exteriorizó sus puntos de vista sobre el tema que estaba, en este caso, literalmente en el tapete, haciendo mayor énfasis en la personalidad de su amigo Martín Torrijos, a quien conocía desde que era pequeño, y la confianza que le merecía como aspirante a la Presidencia de la República.
Descubrí en esa cena algunas intimidades de la relación que unía al candidato con nuestro anfitrión, entre ellas, que éste último había sido su tutor durante los años que cursó estudios en los Estados Unidos. Ello me resultó realmente interesante y de allí derivaron un conjunto de reflexiones. ¿Un afropanameño acudiente del hijo del General Omar Torrijos? ¿Cómo ha influido esa circunstancia en los criterios de Martín sobre los prejuicios raciales?, etc., etc.
Aún como interrogante, ese "elemento" me ayudó a entener el ambiente familiar y ameno en que se desarrolló la cena, esa tarde, y la facilidad y franqueza con el que discurrió nuestra plática.
No he tenido la oportunidad, como la que se me ofreció con el candidato Martín Torrijos, de dialogar con el ingeniero Alberto Vallarino, ni con doña Mireya Moscoso, con quien he cruzado apenas un saludo cordial, a propósito de una visita de trabajo que realicé a su oficina en días pasados. No sé cuáles son los puntos de vista de ambos, sobre el tema de la falta de igualdad de oportunidades, en Panamá, en virtud de las veladas y no pocas veces abiertas actitudes y acciones sesgadas por los prejuicios y el discriminación racial del que es objeto parte significativa de la población afropanameña. Sin embargo, estimo, y seguramente otros compatriotas también, que es imperativo que aborden el tema, públicamente. Al final de cuentas, me parece que contribuye al proceso de democratización de la sociedad panameña, el que los dos candidatos y la candidata a la presidencia de la república, incorporen a sus respectivas propuestas de gobierno, políticas encaminadas a crear mejores condiciones para la participación igualitaria de todos los ciudadanos y las ciudadanas en la vida nacional y que, sobre todo, cumplan con la implementación de las mismas, de ser elegidos.
Nos pareció importante, por el contenido del diálogo que allí se desarrolló, compartir con ustedes una velada de la cual fuimos partícipes y que, a no dudarlo, se asomará en nuestra mente el día 2 de mayo, próximo. Por otro lado, quizás habría sido mezquino privarlos a ustedes de una experiencia a la cual asistieron tantas personas, puesto que a esa misma cena, y esto no se los había dicho antes, nuestro anfitrión, Cirilo Mc Sween, también invitó a más de 350 comensales, todos de la comunidad afropanameña, quienes al unísono, le hicimos llegar, al candidato Martín Torrijos, los señalamientos que aquí se sintetizaron. Todo el diálogo se desarrolló con micrófono abierto.