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A propósito del Estado


GRACIAS A la labor que despliega la Fundación Libertad para dar a conocer su ideología libertaria, más que liberal, el 27 de enero tuve la oportunidad de escuchar a dos conferenciantes, Richard Rahn y Dan Mitchell, sobre temas de política económica, a raíz de la reforma fiscal que el Gobierno Nacional propuso. La Fundación "Heritage" y el Instituto "American Enterprise", a los que pertenecen respectivamente, son variantes de la derecha norteamericana.
No se puede en pocas líneas hacer justicia a exposiciones serias que contienen criterios de sentido común, que haríamos bien en aceptar, como también preferencias ideológicas que son cuestionables y deben ser debatidas. Rahn expuso su pensamiento sobre cómo un país puede lograr el éxito económico. Junto con recomendaciones fundamentales, como el imperio de la ley, incluye otras que merecen discusión, como la completa libertad de comercio, que hasta ahora ningún país grande y próspero ha practicado. Por su parte, Mitchell disertó sobre qué requiere una buena política tributaria. Además de formular diversas sugerencias sensatas, recomendó algo discutible, a saber un impuesto fijo, de preferencia sobre el consumo, igual para todos los ciudadanos, lo más bajo posible, neutral y sin preocupación por una política de equidad social.
Lo que más me llamó la atención del contenido de las conferencias fue que tenía pocas referencias constructivas al Estado. Las que había implicaban casi siempre críticas. Expresé mi sorpresa ante este hecho y les solicité un resumen de su visión de lo positivo del Estado. Ninguno de los dos aprovechó la oportunidad para hacerlo.
No me sorprendió, pues sus organizaciones están comprometidas con la reducción radical del Estado. Algunos de sus miembros hablan como si para ellos la desaparición o, al menos, la drástica minimización del Estado sería muy conveniente para el desarrollo del país. En realidad, esta posición implica una cierta contradicción. Aunque favorecen un menor papel del Estado, la transformación que preconizan no se puede realizar ni mantener a no ser por la iniciativa y vigilancia de un Estado fuerte y capaz de introducir los correctivos necesarios.
La evidencia que, según los conferenciantes, apoya a "la buena política" económica son los casos de Estonia, Irlanda, Rusia, Eslovaquia, Estados Unidos y Hong Kong. La simple diversidad de situaciones entre dichos Estados es suficiente para suscitar desconfianza de esta presunta demostración.
"La Prensa" publicó el pasado 30 de enero un artículo del "New York Times" por Jeff Madrick. Dice: "Para muchos hoy en día, es obvio que menos Gobierno es invariablemente mejor para la economía y la nación. Es difícil, sin embargo, conciliar esta idea que el Gobierno siempre es una amenaza económica con la larga historia de desarrollo capitalista. Toda economía capitalista exitosa del mundo ha tenido una mancuerna activa entre el Gobierno y las empresas. Incluso cuando el Gobierno de Estados Unidos era pequeño en el Siglo 19, construyó canales y subsidió los ferrocarriles... Pero compare los 10 países mejor clasificados en el índice [anual de libertad económica de la Fundación "Heritage" y del "Wall Street Journal"] con los diez países más competitivos en una lista compilada por un grupo internacional de negocios, el Foro Económico Mundial". Sólo tres de las 10 naciones más competitivas están en el índice de la Fundación "Heritage" de las 10 naciones más libres [económicamente] en el mundo: Singapur, Dinamarca e Islandia. Algunos países como Finlandia, Suecia y Noruega, todos con impuestos altos y generosos sistemas de bienestar social, son considerados por los ejecutivos de negocios entre las 10 naciones más competitivas. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, usan el gasto del Gobierno para mejorar la educación".
Los comentarios del "New York Times" a las tesis de la Fundación "Heritage" constituyen una advertencia a los países que todavía buscamos nuestro camino hacia el desarrollo humano de nuestra población. Debemos rehuir los prejuicios, tanto los favorables al socialismo estatista, que sólo ve las soluciones socioeconómicas a través del Estado, como los favorables a un capitalismo radical, que reduce drásticamente el papel del Estado. Evitando ambos extremos, debemos buscar un camino centrista que responda a nuestras circunstancias e idiosincrasias específicas.
En el tema de la reforma fiscal, de la seguridad social y de otros parecidos , lo que está en juego es la manera de concebir el Estado. Sobre este particular ha cambiado la perspectiva . En un pasado relativamente reciente, el socialismo y, sobre todo, el marxismo leninismo con todo su peso de entonces propugnaban por un Estado predominante que hasta englobara la vida socioeconómica de la sociedad. Pero Margaret Thatcher (1979-1990) en Inglaterra y Ronald Reagan (1980-1988) en Estados Unidos lograron que prevaleciera un conservatismo político acoplado a un liberalismo económico, indirectamente estimulando a grupos más radicales de pensamiento libertario.
Favorecieron que se tuviera por necesaria una reducción drástica del Estado a favor del predominio de una economía de mercado. A esta segunda perspectiva se le atribuyó el desmantelamiento de casi todos los socialismos reales. Ello condujo a que muchos adoptaran un neoliberalismo fundamentalista, acompañado de un anti-estatismo que veía en la privatización de múltiples funciones de la sociedad la fórmula para resolver toda suerte de problemas. Pero mientras que el neoliberalismo ha sido eficaz en la crítica de los Estados que de alguna manera restringen inadecuadamente la libertad económica, no lo ha sido tanto en la tarea de construir Estados que satisfagan profundamente a nuestros pueblos.
Sin embargo, con el nuevo siglo comenzó una tendencia hacia una opción centrista. Francis Fukuyama nos proporciona la medida de esta evolución . Después de haber presentado la economía de mercado y la democracia representativa como instituciones definitivas en su libro "El fin de la historia y el último hombre" (1992), en su obra "La Construcción del Estado, hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI", (2004) afirma la convicción de que "lo que más urge con respecto a los países en desarrollo es incrementar la fuerza básica de sus instituciones estatales para que proporcionen las funciones esenciales que sólo los gobiernos pueden desempeñar".
En artículos subsiguientes consideraremos la visión que Fukuyama tiene del Estado y su aplicabilidad a Panamá.
(ariyan@sinfo.net)

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