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Propuesta judicial


En días pasados estuve leyendo un artículo muy interesante presentado por los licenciados Ricardo Villarreal y Manuel Castillo, en el cual se hacen ciertos comentarios y sugerencias, proyectando un análisis comparativo entre el Organo Judicial panameño y el francés. El documento, entre muchas otras cosas positivas, hace referencia a la forma de elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia franceses y las deficiencias que tiene nuestro sistema jurídico político de designar y ratificar a los mismos. Sin embargo, quisiera presentar mi propuesta para la elección de estos profesionales.
Nuestra Constitución Nacional, en su artículo 200 expresa taxativamente que los magistrados son escogidos por el Organo Ejecutivo y ratificados por la Asamblea Legislativa. Cabe señalar que nuestra Carta Magna no hace referencia en cómo el Ejecutivo escogerá dichos magistrados, sólo los requisitos meramente formales como el ser panameño, abogado titulado y haber ejercido la profesión o la docencia por más de 10 años; pero, a efectos de sus méritos profesionales, la selección se hace de a dedo.
La Constitución de la República no priva, de ninguna manera, que el Organo Ejecutivo presente a lo interno una forma de elección diferente a la que se utiliza en la actualidad, como sería que los magistrados fuesen escogidos por carrera judicial. Entiéndase hacer una lista de las personas que quisieran aspirar a ser magistrados de la Corte Suprema de Justicia, y que en dicha lista, el Ejecutivo escoja el más apto a este cargo, para que éste, luego, sea ratificado por el Legislativo.
Para mi concepto, el magistrado a ser elegido, aparte de ser el más estudioso, también tiene que ser el que presenta la más vasta experiencia en los tribunales de justicia. Lo satisfactorio de mi propuesta, aparte de escoger una persona apta y merecedora para tan alto puesto, es que no hay necesidad de reformar, en ninguna de sus partes, la Constitución panameña, que por razones obvias tendría un largo procedimiento.
Más adelante, en otros artículos, daré otras sugerencias sobre temas relacionados a los magistrados vitalicios, la creación de una sala independiente de Casación Laboral y de un Tribunal Constitucional y entre otros. Con el apoyo de estudiosos como lo son los licenciados Ricardo Villareal y Manuel Castillo, ayudaremos a hacer mejores propuestas con el propósito de dar por terminados los problemas en la Administración de Justicia que afecta a Panamá. Y que quede claro, que nada tiene que ver con los hombres y/o mujeres que ocupan o han ocupado los cargos; sino que se trata de un problema institucional que nos afecta a todos, incluyendo a los honorables magistrados.
Todo lo relacionado a los pactos políticos es una verdadera pena, porque el verdadero hombre que teme a Dios y sigue sus enseñanzas con sabiduría, no necesita de pactos éticos entre otros hombres de su mismo género, y está claro que estos pactos sólo se dan cuando las emociones rebasan el entendimiento y la razón, que no se someten a la voluntad de Dios.
Nosotros, los hombres, fuimos creados con poder y autoridad para guiar nuestras generaciones en el conocimiento pleno de la palabra basada en el amor de Dios, para con nosotros. Este legado implica una responsabilidad muy grande que desconocemos; es por eso que no la practicamos.
Un pacto verdadero, si se quiere para un político en este caso, sería el que pudieran establecer con Dios, comprometiéndose a respetarle, amarle, a ser fiel seguidor, y forjador de sus enseñanzas, a mantener su estatus como hombre que le ha otorgado, a someterse a su voluntad, a respetar, comprender y tener misericordia de su prójimo y sobre todo, comprometerse en oración, que la sabiduría que emane de su Santo Espíritu será utilizada como un gran siervo a su servicio y en bienestar del pueblo. En fin, estamos hablando de hombres “líderes”, que sean capaces de:
  • No ser sólo varón o simplemente individuo del sexo masculino.

  • Hacer las cosas, no buscar razones para demostrar que no se pueden hacer.

  • Levantarse cada vez que se cae o se fracase, en vez de explicar por qué se fracasó.

  • Ser digno, consciente y responsable de sus actos.

  • Trazarse un plan y seguirlo, pese a todas las circunstancias exteriores.

  • Levantar los ojos de la tierra, elevar el espíritu, soñar con algo grande.

  • Ser forjador de algo: un hogar, un negocio, un puesto, un sistema de vida.

  • Entender el trabajo no como una necesidad, ni como un medio de enriquecerse, sino como un privilegio de servir a la Nación.

  • Sentir vergüenza de burlarse de quienes creyeron en ellos.

  • Decir me equivoqué, y proponerse no repetir la misma equivocación.

  • Comprender la necesidad de adoptar una disciplina basada en principios sanos, y sujetarse por su propia y deliberada voluntad a esa disciplina.

  • Comprender que la vida no es algo que se nos da hecho, sino que es la oportunidad para hacer algo bien hecho.


Hombres de esta talla son los que necesita nuestro país y el mundo.

101 años de Panamá América

 
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