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Prosperidad o pobreza


San Juan de Puerto Rico (AIPE)- ¿Por qué algunos países son prósperos y otros no? ¿Qué factores hacen la diferencia? Se han presentado numerosas explicaciones a lo largo de los años. Muchas de ellas envuelven, de alguna manera, echarle la culpa a algo o alguien. Muy pocas, si alguna, incluyen dentro de los factores la responsabilidad propia de los miembros de la sociedad.
La antigüedad del país no parece ser un factor determinante. Kenya es la cuna de dónde evolucionó la Humanidad hace millones de años, pero su ingreso per cápita es similar al de Haití. De India, China y el Medio Oriente brotaron avanzadas civilizaciones antiguas, pero hoy en día la mayoría de sus residentes son pobres. En cambio, Australia tiene 150 años y Estados Unidos poco más de 200, y son dos de los países más prósperos del mundo.
Los recursos naturales y el territorio tampoco parecen ser la clave. Rusia y Brasil, por ejemplo, están sentados sobre inmensas cantidades de recursos, pero siguen siendo pobres. En cambio, Japón, que tiene poco territorio, en su mayoría montañoso y superpoblado, es la segunda potencia económica del planeta. Suiza, en un pequeño y montañoso territorio, sin salida al mar, y sin las ínfulas de grandeza de muchos de sus vecinos, ha creado una de las economías más prósperas del mundo, imagen y ejemplo de seguridad, calidad, orden y trabajo. Hong Kong creó un imperio económico prácticamente sobre una peña en la bahía.
El colonialismo, una de las excusas más usadas en América Latina, tampoco explica la diferencia. ¿Cuál es más próspera: Suiza que nunca tuvo colonias, o España y Portugal, que tuvieron durante siglos enormes imperios coloniales? De la misma manera, muchos de los países más ricos del mundo fueron colonias, tales como Canadá, Hong Kong, Estados Unidos, Corea del Sur, Singapur, Australia, Nueva Zelanda e Irlanda. O sea que haber sido colonia no predispone a la pobreza ni haberlas tenido predispone a la prosperidad.
La inteligencia y el talento de las personas hacen la diferencia en el ámbito individual, pero no necesariamente a nivel nacional. En Rusia, nación pionera en la investigación espacial y donde el ajedrez es un deporte masificado, la población sufre los estragos de la pobreza. Las universidades de los países desarrollados están repletas de estudiantes extranjeros que día a día demuestran que son tan inteligentes y talentosos como los de cualquier país próspero. De la misma forma, el trasfondo étnico tampoco es la clave. Sólo basta mirar cómo las comunidades de inmigrantes de países pobres se abren camino y prosperan en sus patrias adoptivas.
Pero si comparamos a fondo las actitudes de la mayoría de las personas en los países prósperos, descubrimos algo interesante: éstas sociedades poseen una infraestructura ética engranada en sus culturas, que fomentan las libertades y responsabilidades individuales, lo cual es un paso necesario para el buen funcionamiento de una economía de mercado próspera y pujante. Dicha estructura podría resumirse bajo las siguientes reglas:
Trabajo duro
Educación
Responsabilidad personal
Derechos de la propiedad garantizados
Imperio de la Ley
Libertades democráticas
Podrá sonar simplista, pero en realidad es más complejo de lo que parece. En la mayoría de los casos, es necesario un profundo cambio en los paradigmas sociales de los pueblos para internalizar tales preceptos y hacerlos parte de la vivencia diaria. Pero en la medida en que una sociedad logra adoptar éstas reglas como parte de su cultura, tenderá a prosperar. La más grande y primordial diferencia entre las regiones prósperas y las pobres está en la manera en que éstos principios éticos sean parte de la vivencia diaria de la sociedad.
Analista político puertorriqueño.

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