Proyecto de ley para reformas electorales
De más está decir la importancia de las reformas electorales que se han presentado a la Asamblea Legislativa. Demoró más de año y medio su discusión y la mayor parte del proyecto fue aprobado por consenso, aunque pocos por mayoría sin el visto bueno de los dos partidos grandes. No es la primera vez que expreso mi posición ante la existencia o no de los partidos pequeños o el bipartidismo tan dañino para el país y su democracia. Sería antidemocrático, aburrido y contraproducente. Habría una alternabilidad que no permitiría a ninguna persona, ajena a ambas agrupaciones, la posibilidad de aspirar a gobernar algún día. Sin embargo, no estamos exentos de la influencia de ambos partidos grandes y los arreglos que hagan detrás de cuerda para evitar la existencia de los pequeños. Nos vemos obligados a aceptar el querer de ellos para intercambiar figuritas y permitir algunos artículos que nos beneficien y una supervivencia en el ambiente político del país.
Recordemos los sucesos de Venezuela, país que fue testigo de un bipartidismo y alternabilidad que, sin embargo, protegió la democracia. Los militares respaldaban esa posición y todo iba sobre ruedas. Todo sucedió cuando Carlos Andrés Pérez decidió reelegirse y saltarse un período de alternancia. Esto, aunado a la corrupción de ese período de gobierno, llevó al país al desastre que desembocó en la aparición de una tercera figura, ajena a la política, a la comprensión de los problemas, pero que hizo saber hasta la convicción, que él era la salvación de los venezolanos.
¿Queremos los panameños que aparezca un Chávez a manejar nuestro destino? Prefiero malo conocido que bueno por conocer. Ya aquí hay figuras que se perfilan como salvadores de la patria. No les importa acabar con una institución importante con tal de lograr sus sueños. ¡Ojo, señores políticos y la llamada sociedad civil! Hemos visto ejemplos, no sólo en Venezuela sino en otros países del continente americano y los resultados no han sido halagadores. Pues, si nos miramos en espejos ajenos, seguro que podremos sacar iguales conclusiones que si lo hacemos en espejo propio. Por lo menos, creo estar lejos de este último; ¿hasta cuándo? No seamos tan optimistas ni durmamos de un sólo lado que puede tomarnos descuidados el derrumbe.
Si fortalecemos la democracia y permitimos no sólo la representación sino la participación (que es más importante y más moderna), podremos salvar a Panamá de un caos que traería pintado en la frente lo que solitos hemos buscado por ser tan cerrados en nuestras actuaciones. Con algunos artículos consensuados y en reforma, buscan fortalecer a los partidos grandes. Pero, cuidado con un resultado final en que el más poderoso se engulla al otro y volvamos a vivir un largo período de dictadura civil que, viniendo de quien viniera, sería fatal y nos enviaría hacia atrás muchos años luz.
Pero, pareciera predominar los intereses personales, la falta de estrategia política que nos hará caer en un desprestigio tal que la mayoría prefiera a alguien que no esté "contaminado con los políticos de antaño". Tengo la impresión que buscamos acabar con la democracia incipiente aún no afianzada lo suficiente y que todavía nos queda rescoldo de los 21 años de dictadura militar y civil. Si aún estamos a tiempo de variar las situaciones políticas, lograr que la sociedad completa confíe nuevamente en nosotros y se convenza de nuestras buenas intenciones, aprovechemos la eliminación de la casta militar y que predomina el espíritu civilista para conservar nuestra democracia. No arriesguemos lo que tenemos, como sucedió en 1968, por ceguera política. Formemos estrategias, vamos a crear líderes entre la gente responsable y preparemos un futuro prometedor para Panamá. Lo que hagamos hoy nos lo agradecerán los hijos y nietos mañana. ¡Actuemos!
Recordemos los sucesos de Venezuela, país que fue testigo de un bipartidismo y alternabilidad que, sin embargo, protegió la democracia. Los militares respaldaban esa posición y todo iba sobre ruedas. Todo sucedió cuando Carlos Andrés Pérez decidió reelegirse y saltarse un período de alternancia. Esto, aunado a la corrupción de ese período de gobierno, llevó al país al desastre que desembocó en la aparición de una tercera figura, ajena a la política, a la comprensión de los problemas, pero que hizo saber hasta la convicción, que él era la salvación de los venezolanos.
¿Queremos los panameños que aparezca un Chávez a manejar nuestro destino? Prefiero malo conocido que bueno por conocer. Ya aquí hay figuras que se perfilan como salvadores de la patria. No les importa acabar con una institución importante con tal de lograr sus sueños. ¡Ojo, señores políticos y la llamada sociedad civil! Hemos visto ejemplos, no sólo en Venezuela sino en otros países del continente americano y los resultados no han sido halagadores. Pues, si nos miramos en espejos ajenos, seguro que podremos sacar iguales conclusiones que si lo hacemos en espejo propio. Por lo menos, creo estar lejos de este último; ¿hasta cuándo? No seamos tan optimistas ni durmamos de un sólo lado que puede tomarnos descuidados el derrumbe.
Si fortalecemos la democracia y permitimos no sólo la representación sino la participación (que es más importante y más moderna), podremos salvar a Panamá de un caos que traería pintado en la frente lo que solitos hemos buscado por ser tan cerrados en nuestras actuaciones. Con algunos artículos consensuados y en reforma, buscan fortalecer a los partidos grandes. Pero, cuidado con un resultado final en que el más poderoso se engulla al otro y volvamos a vivir un largo período de dictadura civil que, viniendo de quien viniera, sería fatal y nos enviaría hacia atrás muchos años luz.
Pero, pareciera predominar los intereses personales, la falta de estrategia política que nos hará caer en un desprestigio tal que la mayoría prefiera a alguien que no esté "contaminado con los políticos de antaño". Tengo la impresión que buscamos acabar con la democracia incipiente aún no afianzada lo suficiente y que todavía nos queda rescoldo de los 21 años de dictadura militar y civil. Si aún estamos a tiempo de variar las situaciones políticas, lograr que la sociedad completa confíe nuevamente en nosotros y se convenza de nuestras buenas intenciones, aprovechemos la eliminación de la casta militar y que predomina el espíritu civilista para conservar nuestra democracia. No arriesguemos lo que tenemos, como sucedió en 1968, por ceguera política. Formemos estrategias, vamos a crear líderes entre la gente responsable y preparemos un futuro prometedor para Panamá. Lo que hagamos hoy nos lo agradecerán los hijos y nietos mañana. ¡Actuemos!