Pueblo triste vs Pueblo alegre
Una madrugada de insomnio, sintonicé la transmisión radial del programa colombiano “Las Voces del Secuestro”; de inmediato sentí el choque emocional causado por inocentes familias que sufren la muerte en vida de un familiar apresado por las FARC, pagando las penas del dolor generado en 50 años de guerra fratricida, librada en nombre de la justicia marxista, muletilla política que ha degenerado en el tráfico de estupefacientes, secuestro y asesinato.
Pensé en mi país, Panamá, que somos fenotipo humano especial porque los panameños nos hemos fundido en el crisol de todas las etnias del planeta. Por nuestra cintura estrecha, al cabo de 500 años, hemos visto cruzar a millones de extranjeros, hecho que nos ha cincelado con personalidad diferente a otros pueblos, un modo de ser pacífico, alegre, optimista, buenos comerciantes y trabajadores, pero ¡ojo!, este positivismo vital se pierde a manos llenas. Los líos que antes se resolvían a puñetazos, ahora van ¡a balazo! El pandillerismo, el tumbe, los ajustes de cuentas, delitos importados son asunto frecuente y en el ambiente se corta con espátula un espeso “icing” de intolerancia y pesimismo.
El bombardeo constante de la contra-cultura resuena peor que el tableteo de ametralladoras. El lenguaje usado en la política es descalificador, el adversario siempre es un ladrón a la sombra del poder. Hasta en los novelones de sexo los medios de comunicación se solazan en las andanzas de asesinos, violadores y demás lacras sociales para exaltar a los Satanás, los Viteri y los Murcia. El diálogo generalizado de las personas que acuden a los programas de opinión es de agrias acusaciones, gritos e insultos y si estos no ocurren, nosotros, la audiencia, sentimos que faltó “salsa”. Si continuamos por esta senda, terminaremos contribuyendo a la destrucción total del carácter, el optimismo y la esperanza del pueblo.
Entre tanto, los primeros actores de este desconcierto nacional nos hacen creer que los genocidios de El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Colombia, etc., son lejanos y extraños. Semi-agazapados los cazadores al acecho de la Patria herida, enquistados en movimientos “reivindicativos” y gremiales, nos presentan -cubierta de mermelada- la Constituyente Primaria que en Ciencias Políticas se traduce en la alternativa del golpe de Estado o de la violencia armada (¿de las masas?) que solamente ocurre en el teatro de la guerra civil, o lo que es igual, en un movimiento estilo PANAFARC.