Puente Centenario y ecología
Entendemos que el Puente Centenario y sus accesos se construyeron, en parte, sobre zonas contaminadas de explosivos que eran parte de los polígonos de tiro usados por el ejército norteamericano durante su siglo de presencia en nuestro suelo. Recordamos que el gobierno panameño contrató empresas que hicieron parte del trabajo de limpieza.
Uno de los argumentos preferidos de los funcionarios de la embajada estadounidense para explicar la negativa de su país a sanear los polígonos, era que esos trabajos, además de costosos, eran difíciles, por tratarse de áreas selváticas y boscosas, que requerirían ser devastadas para ese propósito. A su juicio, lo mejor era conservar intocable su ambiente ecológico, cercándolas. De ese modo, asumimos, los bombas enterradas serían su mejor guardián. De hecho, lo han sido, cobrando una veintena de víctimas, entre quienes se atreven a incursionar dentro de su entorno.
Pero, tras inaugurarse hace pocos días el tránsito gratuito por el Puente Centenario, luego que el Gobierno de Torrijos construyera sus vías de acceso, se abrió a los ojos de los automovilistas panameños, conductores y pasajeros, un paisaje de belleza sin par, nunca visto, de imponente derroche de bosque y selva; tan cerca de las áreas densamente pobladas del área metropolitana.
Por eso, al abrirse al libre tránsito el nuevo puente, el riesgo de precarismo masivo es inminente, por no decir, inevitable. Y con el fenómeno, se repetirá lo mismo que en el corredor que une a Panamá con Arraiján a través del Puente de Las Américas: devastación de los bosques, erosión, ocupación desordenada de tierras, y construcción de vías y viviendas precarias. No nos queda duda que la Autoridad Nacional del Ambiente tendrá una tarea muy dura por delante para proteger aquel tesoro. Y nosotros, también.
Uno de los argumentos preferidos de los funcionarios de la embajada estadounidense para explicar la negativa de su país a sanear los polígonos, era que esos trabajos, además de costosos, eran difíciles, por tratarse de áreas selváticas y boscosas, que requerirían ser devastadas para ese propósito. A su juicio, lo mejor era conservar intocable su ambiente ecológico, cercándolas. De ese modo, asumimos, los bombas enterradas serían su mejor guardián. De hecho, lo han sido, cobrando una veintena de víctimas, entre quienes se atreven a incursionar dentro de su entorno.
Pero, tras inaugurarse hace pocos días el tránsito gratuito por el Puente Centenario, luego que el Gobierno de Torrijos construyera sus vías de acceso, se abrió a los ojos de los automovilistas panameños, conductores y pasajeros, un paisaje de belleza sin par, nunca visto, de imponente derroche de bosque y selva; tan cerca de las áreas densamente pobladas del área metropolitana.
Por eso, al abrirse al libre tránsito el nuevo puente, el riesgo de precarismo masivo es inminente, por no decir, inevitable. Y con el fenómeno, se repetirá lo mismo que en el corredor que une a Panamá con Arraiján a través del Puente de Las Américas: devastación de los bosques, erosión, ocupación desordenada de tierras, y construcción de vías y viviendas precarias. No nos queda duda que la Autoridad Nacional del Ambiente tendrá una tarea muy dura por delante para proteger aquel tesoro. Y nosotros, también.