Pues no se extrañe: organismos de seguridad investigan la existencia de células de mareros salvadoreños en territorio panameño, particularmente en la provincia de Chiriquí (muy cercana a Centroamérica) y en el Oeste de la provincia de Panamá, específ
Lo que se presume es que algunos integrantes de las maras que han cometido crímenes y robos en Centroamérica, se han refugiado en Panamá.
El ingreso de estos sujetos, según los investigadores, podría generar que pandillas locales aprendan y copien métodos criminales de estas sangrientas organizaciones.
Panamá es caldo de cultivo para que se desarrollen bandas similares a las maras, según las autoridades, ya que se han detectado a unas 70 pandillas que operan en diferentes puntos de la ciudad capital.
Dichas pandillas están integradas por 15,60 y hasta 80 miembros, y se sabe que algunas se dividen en células más pequeñas.
Estas maras toman como suyo cualquier terreno para sus fechorías, que van desde el cobro por "seguridad"" a los dueños de negocios, manejo de los teléfonos públicos, tráfico de drogas, asaltos a quienes osen pisar esos territorios, asesinatos de rivales pandilleros, y violaciones de civiles.
Las maras no tienen un padrino como la mafia, pero sí hay líderes que desde las cárceles controlan a células que cometen fechorías. También alquilan esquinas a vendedores de droga que no pertenecen a la pandilla.
El ingreso de estos sujetos, según los investigadores, podría generar que pandillas locales aprendan y copien métodos criminales de estas sangrientas organizaciones.
Panamá es caldo de cultivo para que se desarrollen bandas similares a las maras, según las autoridades, ya que se han detectado a unas 70 pandillas que operan en diferentes puntos de la ciudad capital.
Dichas pandillas están integradas por 15,60 y hasta 80 miembros, y se sabe que algunas se dividen en células más pequeñas.
Estas maras toman como suyo cualquier terreno para sus fechorías, que van desde el cobro por "seguridad"" a los dueños de negocios, manejo de los teléfonos públicos, tráfico de drogas, asaltos a quienes osen pisar esos territorios, asesinatos de rivales pandilleros, y violaciones de civiles.
Las maras no tienen un padrino como la mafia, pero sí hay líderes que desde las cárceles controlan a células que cometen fechorías. También alquilan esquinas a vendedores de droga que no pertenecen a la pandilla.