Punto de Vista Árbol que crece torcido
La historia política panameña esta recargada de múltiples episodios que, sin la vigencia de un sector privado productivo, no hubiese sido fácil llegar donde estamos. Falta un camino por recorrer, el cual para que sea corto o largo, dependerá del la labor del gobierno de turno y la conciencia de panameños y panameñas que observen y, con detenimiento, analicen que él principio fundamental del militarismo fue la corrupción y así, comprender el viejo adagio: “de tal palo, tal astilla”.
El tiempo pasado nunca fue mejor y en el presente debemos obligarnos a acudir a la memoria y recordar todos los escándalos y vejámenes de un partido que, en el ejercicio del poder, siempre puso sus intereses de enriquecimiento ilícito, por encima de los de la ciudadanía. ¡Que Omar nos recuperó el Canal! Claro que sí, unido a un complejo tratado de la defensa de la Neutralidad del mismo, poco conocido, que desdibuja la interesante definición de la izquierda pancista, en cuanto a lo que debe representar la soberanía de un país.
Hoy ese mismo y trasnochado colegiado, critica el apoyo que nos brindará, a petición nuestra y en pleno ejercicio de nuestra soberanía, los EE.UU. asistiéndonos con niveles de tecnología y amplia experiencia, en el mejoramiento del control de nuestras porosas costas.
Muchos piensan que existe un partido político mejor organizado y quizá el más grande. ¿Mejor organizado para qué? Podría ser para mantener los elevados beneficios de una impunidad flagrante que, siempre que, cuando en lo delictivo, asoma su colorada cabeza, ataca sin la menor pena, a quienes pretenden instaurar una investigación que, con malos manejos por nuestro sistema de justicia, nunca produce concreta inocencia aún que si deja, en el ambiente, un sabor a culpabilidad no resuelta.
Mientras las figuritas de siempre, empleen la defensa del contra ataque, con la verdad o sin ella; el gobierno de turno, además del desarrollo de sus programas, aún con la piedrita permanente que aparenta ser el Alcalde capitalino, busque y defina, una alianza que incluya al panameñismo. Soberbia a un lado, por los mejores intereses de una patria atizada, golpeada, utilizada y empobrecida por la atroz corrupción y la consiguiente impunidad.
Presidente Martinelli, no deje que el tercermundismo aflore en el uso, potencial, absurdo de la Cinta Costera, más allá de la utilidad que ofrece a toda la ciudadanía que a diario la disfruta. Si se desea presentar eventos para el disfrute sin riesgos ni destrucción, excelente; para ello están los estadios, campos de juego y algunos parques tal como aquel que utilizará, con gran iniciativa, la gobernadora de la ciudad. Control ante aspavientos.
¡Hacia la alianza de partidos, no más impunidad!