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Punto de Vista Corredor al cielo...


Yo siempre me he jactado de que mi corazón es fuerte, valiente. De mi espíritu libre y mi alma rebelde casi rayando en la arrogancia, pero, cuando ocurren estos tipos de accidentes, sobre todo en mi Panamá, donde mueren tantas personas, inclusive niños, siento que algo también muere dentro de mi… Me siento triste, frustrado e impotente tanto como deben haberse sentido las personas que sobrevivieron en ese transporte. Viajando en la oscuridad de la noche, en carreteras iluminadas solo por las estrellas, en donde la mayoría de los pasajeros dormían y quizás algún padre con su hijo en sus brazos, soñaba esperanzado y le susurraba en el oído mientras lo besaba “mañana será un día mejor” y luego lo inesperado… niños desesperados buscando a sus padres en medio de los gritos y el dolor, esposas esperando en casa impacientes mirando el reloj, con esa usual angustia de pensar que “¿habrá pasado algo? ¿Por qué no llega?” Suena el teléfono y sabes que no regresará jamás…

24 humildes panameños fallecieron en este accidente, igual número de familias sufriendo por la pérdida de sus seres amados, es una tristeza indescriptible. En las noticias solo pude ver hierros retorcidos y familiares adoloridos respondiendo como autómatas preguntas insistentes y sin tacto de los periodistas que “están haciendo su trabajo.” Apagué el TV y me fui al cuarto de mis hijos, quienes aún dormían, le di un beso a mi hijo Danielito y luego besé y abracé con todas mis fuerzas a mi Johann de 6 años y con lágrimas en los ojos, le agradecí al Señor por regalarme otro día de vida para poder seguir cuidando a los míos. De verdad Señor, ¡Gracias!

Es muy difícil dar el pésame a una persona que ha perdido a un ser amado. Yo solo quiero decirles a los familiares de los pasajeros que fallecieron en ese bus, que siento mucho dolor por su perdida y se que mi Papa Dios los recibirá allá arriba con los brazos abiertos. Quiero que sepan que desde aquí en mi humilde morada, les envío un fuerte abrazo de amigo, de compatriota, de ser humano y que sepan que mi corazón está tan triste y golpeado con esta pérdida que la he sentido como si fuese mía. “The life goes on” y hay que seguir luchando por los que están, así que ¡fuerza panameño!

Paz a sus almas.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América