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Punto de vista Demos más oportunidades a las niñas


Las niñas, los niños y adolescentes son el futuro de cada país. Sin embargo, en pleno siglo XXI seguimos luchando por erradicar el trabajo infantil, que más que trabajo es esclavitud y explotación, pues ello constituye una amenaza para la supervivencia humana.

Así lo demuestra la magnitud global del problema, que según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hay en el mundo más de 352 millones de niños, niñas y adolescentes trabajando; 211 millones en edades entre 5 y 14 años. De esa cifra, más de 100 millones de niñas son víctimas de explotación, más de 53 millones de ellas expuestas al peligro de actividades de comercio sexual. Muchas de ellas explotadas en la agricultura (casi 70%), en pequeños talleres de producción, en las ventas callejeras, en los puestos de mercados y en actividades domésticas que implican extensas jornadas laborales entre 12 y 17 horas al cuidado de niños, niñas, personas mayores, cocinando, lavando, entre otros.

Las graves consecuencias sociales de la explotación laboral infantil se reflejan en la desigualdad, impiden su educación, afecta su autoestima; en el plano físico y psicológico les retrasa su crecimiento y desarrolla, lesiones, enfermedades e infecciones, agotamiento físico, abusos físicos, psíquicos y sexuales; en tanto que en el plano económico se reproduce el ciclo de la pobreza, retraso y subdesarrollo familiar, de la comunidad y de la sociedad en general. Todas esas actividades a las que se ven expuestas las niñas, lesionan severamente el goce y pleno ejercicio sus derechos humanos.

Frente a ese panorama, se realizan marchas globales de movilización. El 12 de junio se conmemoró el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, enfocado en el lema: “Demos una oportunidad a las niñas”. Cuando los Estados institucionalicen y pongan en práctica efectivas políticas públicas para eliminar la pobreza, que brinden oportunidades dignas y trabajo decente a padres y madres de familia para que sus hijos e hijas no tengan que trabajar, sólo hasta entonces no se necesitarán marchas globales ni días internacionales para luchar contra el trabajo infantil y adolescente.

La Madre Teresa de Calcuta sabiamente dijo que el peor mal es la indiferencia. No seamos indiferentes frente al futuro de la humanidad.

101 años de Panamá América

 
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