Punto de Vista El pueblo cubano no acepta imposiciones llegadas de otras latitudes
La evolución de la sociedad contemporánea en el planeta, sea el país que sea, pasa por el respeto a los principios de la soberanía y no injerencia en los asuntos internos.
Esto último va más allá de una confrontación abierta y se extiende a las acciones que, en no pocas ocasiones, buscan socavar las bases de determinados gobiernos desde el exterior.
Para ello, se activan diversos mecanismos sin tomar en cuenta que la decisión de un cambio corresponde en exclusiva, a quienes escogieron un determinado modelo para su país.
Tal es el caso de Cuba, con un sistema político con características propias y apoyado por una inmensa mayoría de la población que además no vacila en cuestionar las insuficiencias.
Desde las máximas autoridades hasta el ciudadano de a pie, las debilidades son señaladas con severidad y se proponen incluso soluciones, sin necesidad de que estas surjan más allá de las fronteras cubanas.
Para los críticos de la isla, los argumentos de falta de libertad de expresión, excesivo control gubernamental e irrespeto a los derechos humanos son utilizados una y otra vez a la hora de justificar un “presunto cambio” en el modelo de ese país.
Sin embargo, están las verdades ocultas que apenas se mencionan en los grandes medios y que por su magnitud resulta bastante difícil ignorar.
Basta señalar el reciente proceso electoral de carácter parcial que se efectuó en Cuba, con una participación del 95.8 por ciento de los votantes habilitados para ejercer el sufragio, todo de forma voluntaria.
A todo lo anterior se pueden añadir indicadores de educación y salud que colocan a la nación caribeña en la vanguardia de Latinoamérica y el mundo.
Un elemento particular: el 75 por ciento de quienes fueron nominados para delegados del poder popular estuvieron comprendidos en edades de 16 a 50 años, lo cual quiere decir que nacieron posterior a 1959.
Por supuesto, ningún sistema electoral es perfecto, precisamente los cambios sustentan la dialéctica del desarrollo, pero una vez más, corresponde en exclusiva a los cubanos decidir el camino y marcar el ritmo de avance.
Grupos de personas contrarias al gobierno –en una situación de minoría en la isla- son utilizados desde el exterior para crear de manera mediática una imagen interna que dista de la realidad.
De otra parte, si hay algo que caracteriza a los cubanos es su sentimiento de independencia y soberanía, además de ser intolerantes con la injerencia extranjera en los asuntos internos del país.
Para Cuba, el cambio es algo necesario en la aspiración de los ciudadanos con vistas a la transformación de la sociedad, pero solo con aquellas modificaciones que surjan del debate y sin imposiciones llegadas de otras latitudes.