Punto de Vista Identidad negra
El Martiniqués, Aimé Césaire, hombre político y poeta que nos dice: “La Negritud resulta de una actitud activa y combativa del espíritu”; “Ella es sobresalto, un sobresalto de dignidad”; “Ella es rechazo, quiero decir un rechazo a la opresión”; “Ella es combate, es decir combate contra la desigualdad y la inequidad”.
¿Qué es la identidad? La identidad define el conjunto de elementos que nos caracteriza como personas primero, y como comunidad, después.
¿Cómo se construye la identidad? A través de la mirada del otro. Primero de nuestros padres, de los compañeros de escuela, de colegio, y luego de la comunidad. Y por fin, se construye gracias a la consciencia de mi propio ser, y de la voluntad de construirme a mi mismo, y no dejar que otro defina lo que soy. La formación de la identidad es interactiva y continua, o sea, que evoluciona en permanencia.
Ahora bien, dos siglos de esclavitud, de colonización y de marginación, dejaron una huella profunda en la psiquis colectiva.
No olvidemos que en la esclavitud, el negro era considerado como un animal de carga, y fue cosificado, humillado, oprimido y violentado.
En la colonia, pasó a ser ciudadano de segunda categoría, marginado socialmente y excluido de la educación. Debido a todas estas circunstancias históricas, se fue formando una representación mental en el inconsciente colectivo, constituido de estereotipos negativos de lo que es el ser negro: agresivo o violento, porque se revela contra la opresión; tonto, porque es excluido de todo tipo de educación, etc. Todo esto va creando imágenes y creencias negativas, que son internalizadas a su vez por esos mismos que son discriminados.
El concepto de lo que es bello, también hace parte de estas creencias colectivas, o idiosincrasias y prejuicios sociales. Por mucho tiempo, se consideró que los estándares de la belleza eran los de la raza caucásica, lo que excluía evidentemente los rasgos negroides. Se consideraba feo: el pelo cuscús o rizado, tener labios gruesos, tener la nariz chata, etc.
Infelizmente, muchas personas afrodescendientes internalizan estos prejuicios y creencias limitantes, lo que los “aliena”, o hace que vivan en disociación, afectando profundamente de manera negativa su autoestima y seguridad en el mundo. La alienación o disociación hace referencia a la idea de sentir como algo ajeno y hostil lo que es propio. Es el resultado de la integración o asimilación de la exclusión por parte del excluido. Así, vemos como un afrodescendiente discute con otro quién es más “negro”, o le prohíbe a sus hijos e hijas de relacionarse con esos “negros”, refiriéndose a los “negros”, como …. los otros, esos allá. El resultado de esto es que algunos no acepten sus rasgos negroides y tratan por todos los medios de separarse o alejarse de su herencia negra y evidentemente, terminan por no aceptarse ellos mismos.
Para construir un “Yo” sano y equilibrado, es indispensable aceptar su identidad, ya que esto le permitirá tener una buena autoestima y seguridad personal, lo que le permite al ser humano desarrollar a plenitud su potencial, por eso en el Censo digamos “orgullosamente afrodescendiente”.