Punto de Vista La mujer en el ojo de la tormenta social
Pese a los significativos y crecientes avances en el camino hacia la igualdad de género en el mundo contemporáneo, es imperativo reconocer que la equidad no es uno de los atributos que acompañan los reconocidos esfuerzos en esta temática, tan significativa para el pleno desarrollo de nuestras sociedades .
Treinta y cinco años como docente del Departamento de Sociología, en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, nos permiten atisbar ese universo cotidiano de la mujer universitaria, que empoderada de diferentes y a veces conflictivos roles, se ve obligada a desempeñarlos ”con la cruz acuesta”, en su afán de resolver aspiraciones y/ o mitigar las demandas de una sociedad no estructurada en función de la familia, mucho menos de la mujer trabajadora, madre y estudiante, sector al que principalmente queremos referirnos
Hasta la fecha seguimos siendo nosotras, la principales víctimas de violencia de género, física, verbal, psicológica, sexual ,laboral, social, estatal, criminal y hasta académica; pues con mayor frecuencia de lo imaginable, ocurren casos de “docentes” del sexo masculino (en diferentes niveles educativos) que acosan sexualmente a las alumnas, como consecuencia de sus deformaciones particulares y del poder que les confiere el cargo.
Pruebas palmarias de lo anterior podemos encontrarlas en diarios de la localidad, cuando los casos salen a la luz pública. Pero, ¿cuántos quedan en la niebla del olvido o sumergidos en la impunidad, por el temor y/o la vergüenza de la víctima; la complicidad de superiores influyentes o sencillamente la ineficiencia de un sistema judicial que no posee las condiciones básicas para ejercer una justicia accesible y oportuna?
Claro que el acoso sexual no es una particularidad de las instancias educativas, también ocurre en niveles laborales, en Instituciones de Salud y todas aquellas en que prive una relación comandada por el hombre, tal cual lo relataron algunas mujeres y estudiantes trabajadoras, que no obstante la orientación que se les brinda, se rehusan a ponerla en práctica, por lo dificultoso del proceso y claro está, la posible pérdida del empleo.
Recordemos que un alto porcentaje de mujeres, incluidas las estudiantes universitarias, integran familias monoparentales; pero según un machista anónimo,” eso les pasa por no cerrar ciertas parte del cuerpo”; denotando no sólo una falta de incapacidad afectiva, sino también el uso del sexo como mero artículo de placer, al cual le sustrae su responsabilidad procreadora (¡la mujer sola se embaraza!) He allí la semilla de tanta irresponsabilidad paterna en nuestro medio. He allí la actitud de supremacía masculina desenmascarada por Sor Juana Inés de la Cruz (S XVII): “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…pues para qué te espantáis de la culpa que tenéis. Queredla cuál las hacéis o hacedla cual la buscáis.