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Punto de Vista Reinterpretando a Bunau Varilla


Cuando se trata de analizar lo que sucedió el 3 de noviembre de 1903, los panameños nos encontramos divididos entre si escogemos a la verdadera figura de la gesta separatista o permanecemos pasivos y seguimos asumiendo que fue un hecho catalizado por los próceres. Mi opinión es que si Bunau Varilla no hubiera tenido un plan de entregar a perpetuidad la franja canalera, el desenlace con Colombia hubiera sido otro. No se puede negar que lo que determinó la consecución del apoyo norteamericano y la separación de Colombia fue el irrestricto compromiso de Bunau Varilla de firmar un tratado a perpetuidad y entregar el proyecto canalero al Cuerpo de Ingenieros de la Armada Estadounidense.

¿Qué sería de nuestra memoria nacional si no reconocemos esta realidad? Recordar no es trasladarse simple y llanamente a un momento del pasado y revivirlo, como se estuviéramos buscando un fósil petrificado en piedra. ¡No!, la memoria es una facultad por medio del cual los seres humanos activamente interpretamos nuestra propia experiencia. Recordar es reinterpretar, y hacerlo es consecuente con la realidad. No sustraería absolutamente nada de la autenticidad y de la inolvidable experiencia de los próceres, si sugiero que la decisión de Bunau Varilla, de firmar un tratado a perpetuidad, fue mucho más compleja y moralmente correcta que lo que hasta ahora sus contemporáneos han pensado sobre ese hecho. El tratado a perpetuidad era necesario para lograr la separación de Colombia, y los historiadores concluyen, con cierto grado de consenso, que la diplomacia y la junta de próceres jamás hubieran logrado eso.

Existen buenas razones para concluir que Bunau Varilla estaba consciente que si no firmaba ese tratado, no solamente ponía en peligro el proceso de separación sino que también las posibilidades de un canal por Panamá. La responsabilidad de recomponer la moral histórica de la patria no es un tema acerca del pasado, sino del presente y el futuro. Pensar que Panamá y el mundo entero – sin mencionar a los Estados Unidos – hubieran estado mejor sin Bunau Varilla sería como negar nuestra propia existencia. Igualmente, no reconocerle a Bunau Varilla su verdadero mérito y rechazarlo alegremente, a la luz de nuestra larga lucha por nuestra soberanía, sería renunciar absolutamente a la celebración del 3 de noviembre. Aceptar que se utilizó una ruta ortodoxa para el propósito correcto, es una forma de redimirse con la historia. Los próceres serán siempre bien vistos y recordados por su enorme desprendimiento, pero el mérito por el alcance histórico de aquel día le corresponde a Bunau Varilla. Y eso es lo significativo del 3 de noviembre.

101 años de Panamá América

 
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