Punto de vista Soñé
Está de moda eso de los sueños. Y como a todos nos pasa, soñé, o eso creo, o tal vez fueron emociones reprimidas que no alcanzan a entender el comportamiento de algunos que se atreven a llamarse seres humanos. Personajes que vociferan filantropía y hasta creen ser los únicos que pueden solucionar los problemas de los menesterosos que necesitan de su magnánima disposición de sacrificio.
Soñé que un hombre se había vuelto loco y había sorprendido a todos sus amigos, allegados, socios, bufones, y cuanta garrapata suele encaramarse en los pantalones de los poderosos con la mentira de servirles cuando en realidad sólo buscan acumular en sus mejillas cuanta migaja puedan recoger.
Soñé que cuando el futuro gobernante tomaba posesión rompió el protocolo de los desalmados, sin importarle que dijeran los reyes y dignatarios de tierras lejanas que sólo acudirían para añadir otra noticia más en su glamorosa vida, para luego retornar criticando lo incivilizado del pueblo que visitaron.
Soñé que el futuro gobernante de lo que habría de llamarse “la patria loca”, tomó a sus leales y subió a las montañas con sendos fundas de víveres, mantas y alimentos. Fue de choza en choza, de un caserío a otro y repartió todo lo que aquel día tan importante para él se hubiese gastado sólo para complacer a los vientres abultados de los oportunistas y aduladores.
Los que fueron visitados nunca olvidarían aquel hombre seguido de sudorosos y estupefactos guardaespaldas, que les dejó tantas cosas al borde del llanto de tanto reír de la alegría de su locura, sin cobrarles nada, sin hacerles firmar en algún papel incomprensible o exigirle su firma en el libro del partido como hicieron tantos otros que por una bolsa de arroz querían el alma a cambio.
Creerían que fue un sueño cuando eso pasó justo en el momento que escuchaban insistentemente que el mundo estaba al borde de un colapso, que venía el hambre, que el trabajo desaparecería, que ni siquiera la yuca tendría oportunidad de crecer silvestre. Pero apareció un loco que los salvó por algunos días de no acurrucarse en la polvorienta hamaca escuchando los quejidos de sus estómagos vacíos.
Fue solo un sueño o, tal vez, sólo quise que fuera un sueño.