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¿Qué clase de hambre padece usted? (II)


De haber caído de rodillas ante Dios, Carlo Magno, Aníbal, Nerón, Calígula, Atila, Napoleón, Hitler, Stalin, y otros hubieran sido héroes valerosos como Cristóbal Colón, Simón Bolívar, Gandhi, Martin Luther King, De Gaulle o santos como Pedro y Pablo, Juana de Arco, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, Teresa de Calcuta o el Padre Pío.

Tocar la trascendencia transforma la persona en un Miguel ángel, en un Leonardo da Vinci, Beethoven, Mozart, Pablo Neruda, Gabriela Mistral o Pavarotti, porque el arte es manifestación de lo Eterno Bello, y sabiéndolo o no, los artistas, científicos o profesionales de cualquier rama, al igual que los buenos esposos, los disciplinados obreros, han sido invadidos por el Espíritu y por eso producen el bien. De hecho su inspiración ha ayudado a la marcha ascendente de la humanidad. Hay muchos "cristianos anónimos" en todas las culturas y religiones. Los grandes investigadores como Edison, Fleming, Ford y Einstein, vivieron inspirados por el Espíritu y por eso produjeron obras positivas para la humanidad.

Estamos hechos para Él, tenemos ansias de eternidad, nacimos para lo eterno, lo puro, lo inocentemente bello y sublime, lo que trasciende la materia, y no estaremos tranquilos hasta saciarnos de eso. Mientras no logremos estar con Él, estaremos posando como maniquís en las vitrinas del mundo nuestro cuerpo, ropa, carros, títulos y cuentas de banco, intentando con la vanidad atraer la mirada de otros y sentirnos bien adorando nuestro ego. Pero nada de esto llena. No satisface el tener cosas porque no pueden hablarnos, querernos ni amarnos. No llena todo el poder que podamos adquirir, porque mientras no nos sintamos amados por el que es el Infinito Amor, todo lo que aparenta darnos felicidad se gasta, envejece, se pierde, se muere. Todo lo que buscamos afanosamente confundiéndolo con Dios, nos deja al final vacíos.

Y como nada llena el corazón del ser humano, sólo Dios, la tragedia nuestra consiste en andar buscando cómo saciar nuestra hambre de divinidad, dando tumbos durante toda nuestra vida, buscando allí y allá lo que jamás podrá llenarnos. Por eso las idolatrías y los crímenes subsiguientes, las grandes torpezas que cometemos, dejan tantas víctimas inocentes en el camino. Lo ideal sería tomar conciencia de la Presencia de Dios, llegar a tener un contacto permanente con ese Ser. Eso nos haría invencibles a las idolatrías.

101 años de Panamá América

 
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