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¡Qué diferentes seríamos!


Cuando vemos a la sociedad conducirse por el camino que precisamente la conducirá a su aniquilamiento, no comprendemos hasta dónde puede llegar nuestro grado de inconciencia para permitirlo. Saber que el presente nos está conduciendo a la aniquilación y persistimos en nuestra forma de ser, creo que es una clara forma de manifiesta irracionalidad.
Todos los panameños tenemos la tarea, el reto vital, de intentar hacernos, día a día, cada vez más merecedores de nuestra dignidad humana. Y ello apunta fundamentalmente a los siguientes rasgos:
Debemos aspirar a ser protagonistas de la propia vida, no esperar a que venga el líder de turno, el partido de turno, el Estado de turno a resolver nuestras dificultades. La libertad hay que hacerla fuerza de liberación y todo ciudadano debe a la sociedad una participación activa en la solución de los problemas. Resulta incomprensible escuchar a conciudadanos expresar que no están interesados en la política y se niegan no sólo a hablar de ello sino a conocer lo que acontece en el medio donde cohabitan, con la pueril excusa de que es "un mundo sucio". Si acaso lo es, cada vez lo será más gracias a la no participación de los ciudadanos en las actividades de la política. Ella constituye el oxígeno con el que se nutren
los pulmones de la sociedad. Es parte esencial de la condición del ciudadano. Quien no se interesa por la política, quien
no le atañe las cosas del resto de sus conciudadanos, entonces estamos frente a personas de muy poca estima y total carencia
de dignidad.
Cuando hablamos de liberación no nos estamos refiriendo a la liberación sólo para uno mismo y para los nuestros sino para todos los hombres de nuestra sociedad, y porqué no decirlo, del planeta. La dignidad es universal, no corporativa.
Este sentido de dignidad nos exige igualmente anteponer el ideal de justicia por encima de los intereses particulares. Sabemos que ello es difícil, pero sólo así podemos obtener el equilibrio general necesario para que la sociedad pueda subsistir. Si todos interponemos nuestros intereses a la justicia entonces no tendríamos por guía la verdad y tampoco le estaríamos dando a cada uno lo que le pertenece.
Hacer propio el sufrimiento de los otros, el desconsuelo de las víctimas creadas por el sistema que hemos creado y en que vivimos. Debemos tomar conciencia de que lo que tenemos, un poco corresponde a otros que han sido privados por el régimen en que vivimos. Debemos situarnos ante la injusticia en forma distinta, debemos dejar la forma de vida plácida, sin urgencia alguna para que esto cambie.
Debemos tener un espíritu de lucha y encausar nuestros esfuerzos hacia la consecución del bien general. Debemos pensar en sociedad, en comunidad y dejar de ser tan individualistas.
Debemos dar la cara y defender nuestro pensar capaz de encajar y aceptar el error y el fracaso como parte del camino a andar, pero siempre con la disposición de empezar de nuevo.
Descubrir la necesidad del quehacer compartido, organizado con otros, en solidaridad con otros, aunque no sean perfectos.
En último término pasar del "homo sapiens" al "homo amans", ya que donde hay capacidad para amar o para ser amado allí hay una persona. Un amor que no es paternalismo, un amor que se hace comunión.
Puedo ampliar estas notas pero creo que con lo expuesto hemos sido lo suficientemente claros. Ojalá sirvan de algo.

101 años de Panamá América

 
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