default

¿Qué dijo Alejandra Matus?


CUANDO Alejandra Matus escribió "El Libro Negro de la Justicia Chilena" (Planeta 1999) pensó que había culminado con un largo proyecto de investigación periodística sobre los tribunales chilenos que comenzó a principios de los años 90 cuando era reportera novata del -hoy desaparecido- diario La Época. No sospechaba que el recorrido por los fríos y obscuros pasillos de la Corte Suprema sería seguido por una terrible odisea que la llevaría al exilio y le causaría muchas horas de angustia y frustración. Uno de los magistrados se había querellado porque consideraba injuriosas las informaciones que se daban a conocer en el mencionado libro y las autoridades habían ordenado la incautación y el retiro de la circulación del "peligroso material".
El entonces recién entrante gobierno de Ricardo Lagos propuso la derogatoria de las normas que servían para perseguir a la periodista y a sus libros, pues era de la convicción de que el incidente que colocaba a Matus al borde de la prisión era una vergüenza para la recién conquistada democracia chilena. Luego de la acostrumbrada -y nunca inocente- lentitud judicial, que se tomó su tiempo para cerrar el expediente y archivar la causa, Alejandra pudo retornar a su país, tras una ausencia forzada de casi dos años.
Invitada por el Centro Latinoamericano de Periodismo (CELAP), la semana pasada Alejandra Matus volvió a visitar Panamá, pues son varias las veces que lo ha hecho en estos últimos azarosos años de su vida, antes y después de concluido su refugio en Estados Unidos. Ante una concurrencia relativamente pequeña, Matus abordó el espinoso tema de la relación entre el Poder Judicial y la prensa. Sin vociferar, sin insultar, sin recurrir al timbre chillón de la protesta airada, o adoptar la pose de mártir o heroína, Matus le habló a su audiencia, en un tono tan directo como sencillo, sobre la reiterada insatisfacción de la sociedad chilena con respecto a sus altos tribunales de justicia, no sin alumbrar las posibles avenidas por las que se podría mejorar la institución.
Con un discurso muy ponderado, Matus trató de darle respuesta a la pregunta de por qué el Poder Judicial chileno sigue teniendo una imagen tan negativa, según lo acreditan las encuestas de opinión, pese a que se han operado cambios significativos en su gestión, particularmente en el proceso penal, y se ha operado un reemplazo casi total respecto de aquella Corte que Pinochet aseguró para emprender el largo proceso de transición hacia la democracia.
La periodista chilena se apoyó en conocidos autores de su país para explicar el sentido de esta interminable crisis del Poder Judicial en la era democrática, y que en un determinado momento tocó su propia vida de una forma muy directa. No voy a intentar reproducir aquí el argumento, pues la conferencia se puede leer completa en la página web de CELAP (www.celap.net) y prefiero recomendar su lectura.
Lo dicho por Matus en el evento organizado por CELAP reitera las tesis del "Libro Negro" y elabora un poco más sobre lo ofrecido en su siguiente libro, irónicamente denominado "El Libro Blanco de "El Libro Negro de la Justicia Chilena" (Planeta 2002), el cual tiene una forma autobiográfica y narra de manera elocuente las peripecias a las que se vio forzada su autora y las que sufrieron otros autores de otros libros con suerte similar, es decir tras desafiarlos tabúes de las instituciones judiciales.
En el "Libro Negro", Matus había sostenido que lejos de ser un Poder del Estado igual a los otros dos, la justicia chilena era un "servicio", "no más moderno, ético ni independiente que cualquier otro". Los jueces y magistrados "administraban" el servicio de justicia en beneficio de los políticos y las personas con poder, sin la independencia que supuestamente les era consustancial. Su falta de independencia no provenía del hecho de que se les presionara o se buscara someterlos, sino de su propia vocación por la servidumbre que garantiza el status quo. El cobro de coimas, el intercambio de favores, subyacen a una institución en donde el derecho no es lo que está en la ley sino que es lo que los jueces dicen que es.
No habrá reforma judicial que rinda buenos frutos a la democracia sin jueces independientes, es la conclusión de fondo de Alejandra Matus. El problema está en que los jueces independientes son desagradables para el orden político, por lo que es muy difícil que sean precisamente los actores políticos los que seleccionen a ciudadanos independientes para llevarlos a encabezar ese poder del Estado.
Ante esta debilidad estructural de los regímenes democráticos, la percepción ciudadana en Chile es que la justicia es selectiva y que sin dinero ni poder, el acceso a un fallo justo es francamente improbable.
Alejandra Matus deja una tensión irresuelta, formulada en las palabras del juez Carlos Cerda que cita al final del "Libro Negro": "El juez es un calibrador del sentido jurídico de su época", y como tal debe estar expuesto a la crítica de la opinión pública y al refrendo de la comunidad, y no debe perder por ello su independencia. Expuesto a la opinión pública no quiere decir sometido a ella, ni mucho menos complaciente con los intereses que a menudo vociferan a través de los medios de comunicación. "Una cierta apostura, cultura y carácter se hacen necesarios en el magistrado moderno, pues debe enfrentar el juicio de la sociedad y el propio."
El enfrentamiento entre el Poder Judicial y la prensa, es entonces, por una parte, una dimensión de la lucha contra la corrupción en la democracia, pero también un choque de fuerzas entre el individuo y su sociedad, pues cuando en una sociedad predomina la corrupción, el individuo-juez no es distinto del periodista mensajero que termina pagando los platos rotos.
Lo extraordinario de la conferencia de Matus fue precisamente que nos habló de ambos temas y construyó un modelo de cooperación y solidaridad entre jueces y periodistas.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América