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¡Qué distintos seríamos!


¡Qué distinto sería nuestro país si los políticos actuaran con amor de Patria y no de sus bolsillos, con sentido social y no con politiquería barata! ¡Qué distinto seria si usaran sus empeños, creatividad y solidaridad, sin distingo de banderías, para diseñar y aprobar obras de real beneficio común y no para perpetuar sus privilegios como lo han hecho con las retrogradas reformas electorales!
¡Qué distinto seria si fuésemos un electorado que, por nuestras acciones y comportamiento, infundiéramos temor y respeto! ¡Qué distinto seria si fuéramos más críticos y exigentes al seleccionar nuestros gobernantes y legisladores y vigilantes de sus actuaciones! ¡Qué distinto sería si tuviéramos la valentía necesaria para hacer respetar a toda costa nuestros derechos ciudadanos!
¡Qué distinto sería si no fuéramos una nación de ovejas que una y otra vez permite ser engañados con facilidad por los políticos! ¡Cuán distintos seriamos!, ¿verdad? Seriamos un país progresista con gobernantes, legisladores y jueces actuando como verdaderos servidores públicos, con alto temor a las consecuencias de su mal proceder, vigilados por un pueblo valiente, consciente de sus derechos ciudadanos. Tendríamos muchas más posibilidades de salir del sub-desarrollo y dejar de ser un país tercermundista. Sobretodo seriamos un pueblo orgulloso de nosotros mismos.
Sin embargo, como lo han demostrado los sucesos del año que termina, vivimos otra realidad. Durante el año que termina hemos visto cómo cada día y con mayor grado de desfachatez, la clase política continúa burlándose de nosotros.
No solo se burlan de nosotros, sus electores, sino que ni a sus propios partidos han respetado. Vimos cómo unos, bien conocidos, sin el menor reparo y vergüenza, han violado la disciplina de sus partidos, saltando vallas políticas en abierta búsqueda de beneficios personales.
Vimos cómo nuestros gobernantes continúan sin visión de Estado, recurriendo a paliativos para resolver los múltiples graves problemas sociales y económicos que sufrimos, respondiendo a intereses mezquinos de grupos de presión o a exigencias de organismos internacionales.
222 La realidad es que nuestra clase política no demuestra tener cariño de Patria, ni sentido de estadista. Anteponen sus apetitos personales a las necesidades del país.
Y todo esto sucede porque se lo permitimos. La llamada sociedad civil, en su letargo y ausencia de espíritu comunitario y todos los panameños, sin distinción, lo permitimos. Los políticos no nos temen, no nos respetan. Y esto sucede porque se lo permitimos.
Se burlan constantemente de nosotros. Insultan nuestro intelecto y lo permitimos. No solo soportamos estoicamente su desdén y desprecio, si no que los re-elegimos para que continúen engañándonos. ¡Háyase visto tanta indolencia ciudadana! ¿Qué derecho entonces tenemos de quejarnos? Nos merecemos los gobiernos que escogemos.
Solo el día que despertamos de nuestro letargo y complacencia, solo el día que logremos que los políticos nos respeten y nos teman, solo el día que les hagamos sentir el peso de nuestra fuerza y poder ciudadano, habrá posibilidades de cambiar el estado de cosas. Y esto se logra eligiendo mejores legisladores y gobernantes, borrando del mapa político a los políticos corruptos y acomodadizos. No es difícil identificarlos. Se acerca la oportunidad propicia.
Utilicemos nuestra fuerza electoral en el 2004 para pagarles con la misma moneda, mostrándoles nuestro desprecio con nuestro voto. No hay otra manera. No permitamos continuar siendo engañados. Si lo permitimos otra vez y desperdiciamos la ocasión, estaremos perdidos. No tendremos derecho ninguno a quejarnos.
Hagámonos la firme promesa personal de darles una dura lección de coraje cívico en las próximas elecciones expulsándolos del mundo político. Pueblo : Haz tu lista. Yo tengo ya la mía.

101 años de Panamá América

 
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