Que el Estado diga algo
No puede ser cierto que tan solamente se hable, en grado de críticas serias, de la instrucción que se dicta en los colegios o escuelas públicas y que nada se diga de aquella que se dicta en los llamados colegios o escuelas privados. Que de la primera tanto se cuestione la deficiente formación de los muchachos en materias como ciencia, matemáticas, física, química, etc., y que se dé a entender que solamente en los colegios privados es de donde los estudiantes salen bien preparados.
De las escuelas públicas también se ha criticado la incapacidad para sembrar y hacer germinar valores en los estudiantes que les permitan, en el futuro, ser hombres y mujeres rectos y verticales y que tan solo de las escuelas privadas se exalte el altruismo social, humanístico, la formación cristiana, etc. En fin se pueden decir muchas otras cosas en aras de comparar, pero no es el objetivo del presente artículo.
Siendo que las escuelas públicas están en manos del Estado y que es su Ministerio de Educación el ente Máximo y rector de la enseñanza pública, qué es lo que podríamos decir de los colegios privados? Pues, sencillamente, que la regulación y la fiscalización por parte del Estado, en dichos centros educativos, es bastante etérea por no decir que epidérmica.
Me comentaba, en días pasados, un padre de familia que al ir a retirar los libros de su acudido a una de estas escuelas “privadas”, le hicieron entrega de quince -15- libros y que el costo de todos esos libros –algunos ya usados- estaba en el orden de casi ochocientos dólares. Esto, desde luego, no es un asalto a mano armada, sino un claro aprovechamiento y perverso usufructo del tesón y esfuerzo que hacemos muchos padres para mandar a nuestros hijos e hijas a dichos centros escolares, precisamente en atención a algunas de las cosas que indico en líneas anteriores.
Ahora bien, entendemos que los colegios particulares no son subvencionados por el Estado, pero cabe advertir que el carácter privado de la enseñanza no puede, de ninguna manera, jamás, conducir a la expoliación o al atraco por parte de sus dueños o directivos frente a padres y madres que son vistos como cajitas de alcancía o como libretas de cuentas de ahorros a las cuales hay que sacarle hasta el último centavo. ¡No puede ser!
Algunos colegios cobran la matrícula en 60, 70, y hasta 300 o 400 dólares al mes - se me ha informado que algunos cuestan mucho más- , y pregunto, a qué se debe tanta diferencia?. Acaso se diría, entre otras cosas, que a las estructuras o la formación de los docentes, etcétera y más etcétera.
No, simple y sencillamente, no puede ser que esto se siga dando en este país y que haya una actitud de piratería, de filibusterismo, hacia cientos y cientos de padres y madres a lo largo y ancho de nuestra geografía y que sienten que son objetos y sujetos de expoliación sin límites. ¡Es hora de que el Estado diga algo, por favor!