Que el ministro Colamarco maneje
Como quiera que la dependencia a su cargo insiste en que las vías públicas están en muy buen estado o, al menos, no tan mal como lo percibe la ciudadanía, proponemos que el ministro de Obras Públicas, Benjamín Colamarco, conduzca su propio carro, por distintas calles y avenidas de la ciudad capital. Eso sí, que lo haga en un vehículo de su propiedad, preferiblemente en un sedán; el más caro posible; y mejor si todavía lo debe al banco. Y por favor, no lo haga en un auto oficial, porque a más de lujoso y ser 4 X 4, no le va a importar, y hasta le parecerá que navega sobre un colchón de aire.
Queremos que caiga en seco y con todos los hierros, como cualquier ciudadano, en uno de los inmensos huecos esparcidos por todas las vías, como paisaje lunar. Y nos gustaría que fuera él y no su chofer, quien tenga que esquivar las numerosas trampas de muerte y los demás disparates que construye su ministerio por toda la ciudad. ¿Cómo demonios insisten en ubicar entradas y salidas contiguas para que los vehículos, inevitablemente, se encuentren? ¿Por qué no colocan avisos iluminados antes que sus retroexcavadoras abran inmensos hoyos, que los conductores no advierten sino cuando han caído en ellos?
En fin, queremos que comparta con sus propios sentidos los mismos padecimientos que el resto de sus compatriotas que no comprenden cómo, con tanto dinero, como nunca antes en la historia, las calles estén peores.