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¿Qué es la "gobernabilidad" o estamos conspirando contra el régimen?


El concepto "gobernabilidad" está siendo mal utilizado para conveniencia del gobierno arnulfista. A pesar de todas las aclaraciones que se han formulado para evitar confusiones, algunos de sus personeros insisten en que sólo hay gobernabilidad cuando coinciden los criterios del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Este punto de vista tan erróneo puede ser el resultado de la falta de conocimientos - lo cual no debe sorprender al lector - o una "viveza" que desean transmitir los arnulfistas al pueblo panameño.
El asunto, sin embargo, está claro. Tal como lo explica Rodrigo Borja en su reciente Enciclopedia, la gobernabilidad es un concepto propuesto por el Profesor Samuel P. Hungtinton, de la Universidad de Harvard, con motivo de los trabajos de la famosa Comisión Trilateral, formada por empresarios, diplomáticos, intelectuales y políticos de Estados Unidos, Europa y Japón en 1973. Se refiere a la viabilidad de la gestión pública, es decir, a la estabilidad de las instituciones que forman un Estado y al funcionamiento normal de sus órganos de gobierno.
A raíz de los graves problemas de centroamérica, región en la cual la insurgencia de las guerrillas y el control de los ejércitos generaban una gran confrontación social, se dijo que la gobernabilidad prácticamente no existía, porque no había garantía de funcionamiento de las instituciones. Las reglas del juego de la vida pública no eran estables y, al fin, con el surgimiento de la paz negociada, se logró la gobernabilidad. Igualmente ocurrió en América del Sur. Los regímenes dictatoriales y sus instrumentos principales, se atrincheraron en sus respectivas posiciones. No había camino posible hacía la democracia si no se respetaban las estructuras de los sectores militares, que habían ejercido el poder durante la época anterior. Se sostenía entonces, que para poder garantizar la gobernabilidad, era necesario reconocer que el sector militar existía y, aunque estuviese fuera del poder, no podía aplicárseles disposiciones como el juzgamiento de sus oficiales o la cautelación o confiscación de sus bienes. Se produjo entonces, una especie de convivencia para que nadie se metiera contra nadie, permitir elecciones libres y asegurar la existencia y el trabajo diario del gobierno civil, producto de la voluntad popular. A esta nueva situación se le llamó "gobernabilidad".
Lo anterior significa que para que haya gobernabilidad no se requiere que el Organo Ejecutivo, es decir, el partido que lo controla, tenga mayoría en el Organo Legislativo. En un país puede perfectamente existir la gobernabilidad, a pesar de que el Ejecutivo lo dirija un partido y el Legislativo lo dirija otro. Esto es exactamente lo que va a ocurrir en Argentina, donde el partido Justicialista del expresidente Menen tendrá mayoría en el Congreso, aunque las elecciones para Presidente las haya ganado de la Rúa, su contrario histórico. Lo mismo debe ocurrir en Uruguay y es lo que ha ocurrido en los Estados Unidos. A pesar de la mayoría republicana en el Senado y en la Cámara de Representantes, a nadie en los Estados Unidos, que es donde se inventó la palabrita, se le ha ocurrido decir que durante el mandato de Clinton no ha habido "gobernabilidad".
Recientemente, a los arnulfistas se les ha ocurrido acusar al PRD de estar conspirando contra el gobierno y la gobernabilidad del país por la ola creciente - y preocupante - de delincuencia que se ha desarrollado, misteriosamente, en las últimas semanas. Y, contradictoriamente, mientras nos acusan de promover actos de desestabilización, llama la atención el creciente y bochornoso sentimiento de colaboracionismo con el gobierno que pulula en algunas esferas del PRD y de la bancada legislativa. Ultima prueba de ello fue, a mi juicio, la ligereza como se pactó con los arnulfistas la derogación de la Ley de los días puentes, para no mencionar otros casos, como el de tratar de apoyar alegremente la propuesta de los arnulfistas para la Contraloría.
Ya el "Halloween" y el tiempo de perseguir brujas quedó atrás. Es hora que las autoridades policivas pasen a ser más efectivas en combatir el crimen y el gobierno arnulfista a resolver el problema de la pobreza y el desempleo, tal como lo establecieron en su campaña electoral, y dejar de derogar leyes que a todas luces han sido positivas para el país y promover verdaderas leyes, si es que en algún momento las han tenido, para solucionar los males que todavía nos aquejan.
En Panamá las cosas han llegado a un nivel de exageración y cinismo sin límites. Hay partidos políticos que han entrado en alianza con el gobierno con la excusa de garantizar la "gobernabilidad", identificando el término con "mayoría parlamentaria", que es otra cosa y no se escribe igual. En el fondo sus cabecillas, gamonales de empresas importantes, han logrado "en aras de la gobernabilidad", incrementar significativamente sus utilidades, con el incremento de los aranceles promulgados por el Gabinete del "gobierno de los pobres", pobres que, a consecuencia de estas medidas, pagarán precios más caros por la leche, la carne, el jamón, el azúcar, el tomate y la cebolla y los derivados del tomate, entre otros productos.
En Panamá, la gobernabilidad está dada porque el gobierno es resultado de un torneo electoral libre, las autoridades civiles mandan sobre las que están sobre las armas y el régimen es reconocido como legítimo. Al gobierno le toca gobernar y a la oposición, si se precia de serla, le toca no ser colaboracionista, sino un contra balance que denuncie y luche contra los exabruptos de quienes gobiernan; en otros términos, ser realmente una verdadera oposición.
Controlarlo todo puede ser más cómodo para el partido gobernante, como pretenden los arnulfistas, pero no se justifica a la luz de la llamada gobernabilidad. ¡A los bobos con ese cuento!

101 años de Panamá América

 
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