¿Qué es la Patria hoy?
Pero, ¿acaso reniegan hoy sus habitantes de esta patria acogedora solamente por verla pobre y atrapada por delincuentes, corruptos y sobornadores? Miles de extranjeros han hecho de la República de Panamá su patria definitiva. ¿Los desencanta hoy una borrasca que ha de ser transitoria? Patria no sólo se utiliza en los poemas. Corre riesgo de ser una de las muchas invocaciones de la humanidad: "libertad", "derecho", "justicia"...
El hoy, pese al desaliento motivado por el choque de intereses políticos o financieros que abarca todo los sectores del país, está lejos de eliminar los supremos valores de quienes forjaron esta patria. Hay demasiados responsables de un manejo desacertado o sucio de la cosa pública. Es imposible encontrar a quien reconozca su parte de dolo y de culpa en la gran trampa colectiva. Desde el peón hasta el banquero y el magistrado, todos suponen que las raíces del mal no nacen de ellos mismos. Los grandes representativos del poder fáctico no quieren admitir su responsabilidad en el agobio actual. Todos declaran: "yo no fui".
La conciencia de culpa y el arrepentimiento no son argucias verbales, sino profundas fuentes de tormento interior. Lo saben los psicólogos, los psicoanalistas, los confesores religiosos y morales.
En los últimos tiempos se ha proclamado el arrepentimiento, por parte de los conductores de religiones, por los errores y crímenes de sus predecesores. En cambio, no oímos confesarlos a los conductores políticos, económicos o financieros, agazapados en el anonimato. Los políticos partidistas de la historia actual documentan maldades técnicas y morales que han causado las desgracias de los pueblos. ¿Cuándo pedirán perdón? Deben hacerlo pronto porque son ellos los culpables de que miles de víctimas inocentes se despedacen en su propia angustia y desesperanza.
El hoy, pese al desaliento motivado por el choque de intereses políticos o financieros que abarca todo los sectores del país, está lejos de eliminar los supremos valores de quienes forjaron esta patria. Hay demasiados responsables de un manejo desacertado o sucio de la cosa pública. Es imposible encontrar a quien reconozca su parte de dolo y de culpa en la gran trampa colectiva. Desde el peón hasta el banquero y el magistrado, todos suponen que las raíces del mal no nacen de ellos mismos. Los grandes representativos del poder fáctico no quieren admitir su responsabilidad en el agobio actual. Todos declaran: "yo no fui".
La conciencia de culpa y el arrepentimiento no son argucias verbales, sino profundas fuentes de tormento interior. Lo saben los psicólogos, los psicoanalistas, los confesores religiosos y morales.
En los últimos tiempos se ha proclamado el arrepentimiento, por parte de los conductores de religiones, por los errores y crímenes de sus predecesores. En cambio, no oímos confesarlos a los conductores políticos, económicos o financieros, agazapados en el anonimato. Los políticos partidistas de la historia actual documentan maldades técnicas y morales que han causado las desgracias de los pueblos. ¿Cuándo pedirán perdón? Deben hacerlo pronto porque son ellos los culpables de que miles de víctimas inocentes se despedacen en su propia angustia y desesperanza.