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Que hablen, que hablen...


El pueblo panameño cansado de promesas incumplidas, desea votar por candidatos honestos, con credibilidad y deseos de trabajar, para y por el bien de la gente. Ahora, más que nunca, exige a los partidos de oposición que depongan sus intereses individuales y se unan en una gran alianza para lograr la vuelta al sentido común, a la buena utilización de los recursos del Estado, que proceden de los sacrificados bolsillos de todos los panameños.

Quien logre la recuperación de la cordura política y tenga clara la naturaleza de sus funciones, tendrá el aplauso de quienes aspiran que sus elegidos comprendan que hay que trabajar con gran disposición hacia la recuperación de la dignidad humana de nuestro pueblo.

Con oídos sordos a diatribas y peroratas, que intentan distraer la atención con el ánimo de evitar se resalte la pobre calidad de ejecución del gobierno saliente, el pueblo espera su momento de decidir quién dirigirá los destinos de esta nación.

Para los que vivimos las carencias producto de los años de dictadura, y que pudimos con grandes esfuerzos y pocos recursos rescatar al país en los primeros años de la vuelta a la democracia, supimos lo que es estirar la manta hasta donde nos alcanzaba.

¿Pueden imaginarse los logros adicionales de ese primer gobierno democrático, si se hubiese contado con la magnitud de recursos presupuestarios que el gobierno saliente alegremente despilfarra?

La historia está escrita y se logró un triunfo imbatible e indiscutible, porque todos fuimos capaces de dejar de lado los egos, pequeñeces y egoísmos para pensar como una sola mente, con un solo pensamiento: Salvar la Patria y recobrar la democracia que en este momento peligra.

La reacción de los adversarios, miopes, egoístas y cortos de visión social ante la primera alianza que se logra, muestra que se está en el camino correcto. Esta primera alianza no hace otra cosa que dar respuesta a la petición de los panameños, quienes no perdonarán a aquellos que traten de herir y combatir a quienes se supone son parte de la misma carne opositora.

La reacción ante la primera alianza ha sido inmediata, violenta, alineada para fomentar la división opositora, endulzando los oídos de quienes deben hacer un acto de conciencia y examinarse para conocer si hubo o no fallas en su gestión de gobierno. Hace falta humildad para reconocer lo que debe enmendarse y cuando se tiene cola de paja, para no perjudicar, hay que ceder ante quienes han sabido respetar el bien común.

El pueblo necesita líderes que comprendan cuándo es su momento, cuál es su destino, cuál su obligación si quieren ganarse el respeto de la población, y sobre todo, que conozcan lo que significa sacrificio y trabajo para dar la respuesta adecuada a los ciudadanos del país.

Que hablen los enemigos; los amigos, que reaccionen antes que sea tarde. Gústeles o no, la alianza de oposición ya se inició y quienes no formen parte de ella serán castigados sin misericordia por este cansado, pero sabio, pueblo.

101 años de Panamá América

 
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