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¿Qué hacer con la casa de Punta Mala?


El Contralor General de la República, Alven Weeden, ha dicho que en tres meses podría licitarse la casa de descanso presidencial de Punta Mala. Proponemos algo mejor, no hagan nada. Dejen la decisión al nuevo gobierno que asuma el poder el año próximo. Para este último, tenemos algunas sugerencias.
Para empezar, coincidimos con el máximo fiscalizador de las finanzas oficiales en que no hay inconveniente en que quienquiera detente el cargo de Presidente de la República, cuente con una residencia de reposo. No es un lujo, es una necesidad.
¿Cuántos panameños, agotados tras intensas jornadas de trabajo, no salen virtualmente huyendo hacia el interior cada fin de semana, para reponer energías y librarse de las tensiones de la vida citadina? Y si ese privilegio o comodidad la tienen muchos, de todos los estratos sociales, ¿por qué no lo puede el primer mandatario de la Nación?
Por otra parte, el ocasional ir y venir presidencial de un extremo a otro de la geografía, desde Punta Mala a la capital, le da una visión obligada del país, así sea desde la comodidad de un helicóptero. Desde allí se observan los efectos de las quemas y las sequías, los pocos o muchos sembradíos, los estanques de cría de peces y camarones, el desarrollo hotelero de la costa, las nuevas construcciones, la parálisis económica, el estado de los caminos, las inundaciones, las áreas de potencial desarrollo, etc.
Otro aspecto a considerar es el positivo impacto de la presencia de una casa presidencial fuera de la ciudad capital, en un área apartada de la campiña. Cualquiera sea el sitio donde se encuentre, su sola presencia convierte el lugar en un polo de desarrollo, como en efecto lo es Punta Mala. Pedasí, antes de la rehabilitación del viejo y entonces abandonado caserón era un insignificante pueblo perdido y solitario, hoy es un hervidero de turistas, hoteles, casas de campo, restaurantes y negocios de todo tipo, que impacta positivamente en la economía agropecuaria y pesquera circundante.
Por último, el invitar al lugar a figuras distinguidas procedentes del extranjero, se ofrece una visión más realista de Panamá, que es más que un Canal y tiene dos caras, la del Canal y la del interior. Muchos ignoran que tenemos un agro robusto y palpitante, de inmenso potencial en otros rubros, en especial el turístico. En ese sentido, la mansión de Punta Mala es una cabeza de playa para el desarrollo del interior. Y debe conservarse.

101 años de Panamá América

 
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